“Sé que estoy en el planeta, pero es como si el planeta no fuera conmigo”
María del Carmen Suárez Alemán, maestra jubilada y feminista
Tiene 81 años como 81 soles, la energía de una muchacha y el mismo espíritu combativo que la llevó a militar en el Partido Comunista de Gran Canaria en la clandestinidad, en los últimos años de la Dictadura; en el PSOE de Lanzarote después, y en la asociación Mararía durante más de 25 años. Se indigna con la injusticia social, con esas chicas de ahora, que cantan el Cara al sol sin sospechar siquiera la situación de las mujeres durante el franquismo, y con una ciudad de Arrecife que, en algunas zonas, no ha cambiado desde su llegada a la Isla, en el año 1972. Carmen Suárez hilvana las escenas de una juventud que pintaron para su generación en blanco y negro, pero que ella conserva en su memoria a todo color.
“Nací en Las Palmas el 8 de mayo de 1943, y justo dos años después, el día que acabó la II Guerra Mundial, mi madre me llevó al fotógrafo. El retrato es un recuerdo de mi segundo cumpleaños, pero para mí simboliza también el fin de aquella terrible contienda”. En la imagen, una niña sonriente con un lazo en el pelo posa desparpajada, con una pierna cruzada sobre la otra y gesto desafiante, como dando la pista de la mujer reivindicativa y comprometida que llegaría a ser.
De su niñez rememora a una madre muy conservadora “por el qué dirán, y todo eso” y a un padre librepensador, “lo que llamaríamos hoy un progre”. “En la casa no se hablaba ni de Franco ni de nada, a pesar de tener a dos fusilados en la familia. Solo una vez al año, en Navidades, mi padre se tomaba una copita, hablaba de sus primos y lloraba. Uno tiene una plaza en Las Palmas, por Las Canteras, Eduardo Suárez Morales, diputado comunista del Frente Popular que tuvo la mala idea de venir a Canarias, aunque Dolores Ibárruri le advirtió que no lo hiciera. Lo fusilaron el 6 de agosto de 1936 junto a su compañero Fernando Egea. Fue durísimo. Y el otro, el inspector de la Guardia Municipal de Las Palmas de Gran Canaria, Alberto Hernández Suárez, fue asesinado por los golpistas el 3 de octubre de ese mismo año por defender el Gobierno legítimo de la República”.
Los silencios espesos, las alusiones veladas y las palabras a media voz embadurnaban la atmósfera de aquellos tiempos, se filtraban por debajo de las puertas y llegaban a los oídos infantiles de aquella niña despierta y hambrienta de curiosidad. “Nunca olvidaré a mi padre contarle en bajito a mi madre la muerte a tiros de un hombre en plena calle, puesto de rodillas, suplicando por su vida. Aquello se me quedó grabado y me hizo ser consciente de que no vivía en un país normal”.
“En casa no se hablaba de Franco ni de nada, a pesar de tener a dos fusilados”
Tras acabar el bachillerato superior, Carmen Suárez decidió continuar los estudios y hacer Magisterio, guiada por una vocación por la enseñanza que la ha acompañado siempre en su quehacer, salvo durante el periodo de crianza de sus tres hijos. De aquellos años relata las manifestaciones, el miedo y la rebeldía de su generación ante la estrechez y las limitaciones impuestas por el régimen, en los años de su apogeo. “En una ocasión, unos chicos del instituto Tomás Morales nos animaron a salir a la calle contra las pruebas nucleares de Francia en el Sahara, pero nuestra directora, que era una chica estupenda, nos pidió que no lo hiciéramos, que pensáramos en la familia. Y yo caí entonces en la cuenta de las repercusiones que hubiera podido tener para mi padre, si me detienen”, explica. Al día siguiente, el centro femenino amaneció rodeado de policía.
Lanzarote
Aunque su mudanza a Lanzarote fue consecuencia de algo tan prosaico como un traslado laboral de su marido, el poeta Manuel González Barrera, con el que contrajo matrimonio a los 20 años y con quien compartía ya dos de los tres hijos que tendrían, Carmen Suárez guardaba en su imaginación la imagen de un lugar idílico: “Yo tenía unas primas que venían todos los años a pasar el verano con unos tíos, y me hablaban maravillas de sus vacaciones; a mí me daba mucha envidia. Me hice una idea de Lanzarote como si fuera una isla maravillosa, justo lo que es”, sonríe.
Recuerda como si fuera ayer aquel 17 de julio de 1971 en el que liaron el petate familiar y se trasladaron a vivir a Arrecife, una decisión que sería definitiva. “Me encontré con la fantasía soñada, el cielo interminable, la calma, aunque en aquel tiempo ese término tuviera otro sentido. Lo pasábamos bomba, Manolo, César, Pablo y yo, todo el día de aquí para allá; me encantó porque podías ir a todos sitios caminando; en aquel tiempo más todavía, pero hoy también”.
Está bien que algunas cosas no cambien, aunque aclara con tono de humor que otras sí deberían hacerlo: “El Puerto, ahora sí, lo veo un poco abandonadito. Hay calles en Valterra sin acera, que están igual que cuando las conocí, hace más de cincuenta años. ¿Cómo es posible?”, se pregunta.
“Me encanta ver en televisión cómo los hombres se abrazan y se besan”
A Lanzarote, la pareja mudó también su militancia en el Partido Comunista en la clandestinidad, iniciada años atrás en Las Palmas de Gran Canaria, “el eurocomunista -puntualiza Carmen de inmediato-, el de Santiago Carrillo, que era una especie de socialdemocracia más avanzada”. Y aunque en Lanzarote “se conocían todos”, rememora alguna reunión secreta en su casa, “muertos de miedo por la posibilidad de que se enteraran los vecinos, con tanta gente por las escaleras” o el haber sabido, tiempo después, que su marido llegó a estar en una “lista negra” del régimen en la Isla.
“Después de unos años en stand by, interesados como siempre por la política pero sin participar en lo orgánico, en 1987 decidimos afiliarnos al Partido Socialista, de la mano de un amigo médico”. Y hasta hoy, cuando Carmen Suárez exhibe su compromiso como militante histórica, acude a las asambleas de su agrupación y participa en la medida de sus posibilidades.
A los dos años de edad, durante sus estudios de Magisterio y en uno de sus viajes. Fotos: Cedidas.
Actualidad
Su mirada sobre este siglo está teñida de extrañeza. “Siento que estoy en el planeta, pero es como si el planeta no fuera conmigo”, confiesa. Y dice no entender la expansión de la ultraderecha, el rechazo a las personas migrantes “que necesitamos en un país con una natalidad en caída libre y una población envejecida”, las resistencias a los avances feministas, la política internacional “marcada por dos personajes como Putin y Trump” o que se cobre 375 euros a una familia por una habitación sin baño en el edificio en el que vive. “Está claro que el siglo XXI no ha empezado bien. Se inició con una crisis mundial en 2008, y después una pandemia global. Y los valores humanitarios están en franco retroceso”.
“Hay calles en Valterra que están igual que cuando las conocí, hace cincuenta años”
“Me preocupa también que los chicos y los hombres nos vean a las mujeres como enemigas, como si quisiéramos agredirlos. Y es todo lo contrario; mi opinión es que el machismo les perjudica también a ellos, y lo sé porque tengo tres hijos varones”. Para confirmarlo, narra el dolor de su chico mayor, un día de Reyes, cuando después de recibir sus ansiados patines, bajó a la calle a estrenarlos y volvió demudado, a los pocos minutos: “Un amigo le había dicho que los patines eran de niña y lo hundió en la miseria. Y con el más pequeño, viendo E.T. en el cine, le tuve que explicar que eso de que los chicos no lloran es una mentira gordísima”.
La maestra jubilada reconoce que, en algunos aspectos, el cambio ha sido fantástico: “Me encanta ver en televisión cómo los hombres, por fin, se abrazan y se besan. Sí, sí. Se abrazan y se besan y se dicen: qué guapo estás, qué bien te queda eso. Y entonces me digo: Ay, por fin. Este país camina. Aunque todavía falta mucho, ¿eh?”, se encoge de hombros.
Retorna al Lanzarote de los años 70 para asegurar que, si esas muchachas que cantan el cara al sol tuvieran curiosidad por el pasado, sabrían de las condiciones en las que se relegaba a la mujer. “Me acuerdo de ir tan contenta a un banco pequeño que había en la Calle Real, porque tenía un amigo allí, y va y me dice que para abrir una cuenta necesitaba el permiso de mi marido, por si pretendía robarle. Así eran las cosas, tampoco podía sacar el pasaporte sin la firma de Manolo, y él no podía sacarlo, porque era rojo. Y recuerdo alguna ley que prohibía intervenir en juicios a personas con discapacidad, a quienes hubieran sido condenados a prisión y a las mujeres casadas, literalmente”.
Carmen Suárez se integró en la asociación social y cultural para las mujeres Mararía a los cuatro años de su fundación, en 1999. “Antes me resultó imposible, era maestra de San Bartolomé y estaba muy liada con las notas, las evaluaciones y todo eso. Pero un día asistí a un acto que organizaban y sobre la marcha solicité entrar”.
La ambición de la igualdad ya estaba trenzada en su ánimo desde los tiempos universitarios en Las Palmas, en su reivindicación militante de izquierdas y en cada gesto y cada palabra desde que tiene uso de razón. “Recuerdo la manifestación por los asesinatos de los pescadores del Cruz del Mar, a la que acudí con una amiga. Cuando nos vimos solas entre tantos hombres, preguntamos a los que llevaban la pancarta en cabecera que dónde estaban sus esposas, y uno nos contestó, de manera desabrida, que donde tenían que estar, en casa. Así que mi amiga y yo nos marchamos de allí, indignadas”. Reconoce sentirse orgullosa por todo el progreso del feminismo en la Isla gracias a Mararía, por la concesión del título de utilidad pública y por la resistencia desplegada, sobre todo, en los tiempos malos. “Las crisis han sido terribles, nos hemos visto abocadas a valorar el cierre de la entidad, por la imposibilidad de sacar adelante los proyectos, pero nuestra conciencia del papel social fundamental que nos corresponde nos ha hecho aguantar bajo mínimos, con el trabajo voluntario y poco más”, asegura.
De los avances alcanzados, que atribuye a la lucha de las mujeres, cree que están en riesgo permanente. “Hemos ido ganando terreno, pero no tenemos garantías ante el crecimiento de la extrema derecha. Y me molesta especialmente cuando nos dicen que todos somos iguales: ni hay igualdad entre hombres y mujeres ni todos los partidos son lo mismo”.
Comentarios
1 P.ico Lun, 31/03/2025 - 07:14
2 Pilar Lun, 31/03/2025 - 16:15
3 Mariano Mar, 01/04/2025 - 08:36
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