Aureliano Negrín, el Capitán: una vida embarcado

Aureliano Negrín Armas (Arrecife, 1935) aporta con su nombre las cinco vocales y con su memoria todas las consonantes. A Aureliano le llaman el Capitán porque ha pasado más de media vida embarcado y es el decano de los capitanes de la marina mercante. “Desde el momento que me hice marino mercante, nunca más me quedé en mi casa” dice. Aureliano ya no sale a la mar ni a pescar pero ahora vive en Las Caletas, asomado de forma permanente al océano. Tiene un torrente de palabras que salen de una memoria inagotable llena de anécdotas que cuenta con la precisión de un cronista.
Nació en la calle Canalejas, en la única casa antigua que queda en esa calle enfrente de la farmacia, la de Domingo Armas Martinón, su abuelo, el primer presidente del Cabildo de Lanzarote. Antes de contar su vida cuenta todo su árbol genealógico, plagado de cargos públicos, de médicos y abogados en el pasado y en el presente. Se crió en la orilla del mar en Arrecife cuando la orilla era otra. Dibuja lo que era la antigua muralla, ahora que las obras en la Avenida han desenterrado uno de sus tramos y dice que no le parece bien que se deje una parte a la vista “porque tanto derecho tiene esa parte como cualquier otra”.
La muralla iba desde las inmediaciones del kiosko de la música hasta donde está la Sociedad Democracia, que se asienta en lo que era una playa, “la de la estila”, un terreno que llegó a pertenecer a su familia. “Parece que se han sorprendido de encontrar la muralla” pero “no hay sorpresa, está todo robado al mar”. “De chico, salía con mi primo y echábamos las nasas en los charcos, cogíamos salemas, seifíos y sargos, los limpiábamos, poníamos sal y los tendíamos al sol en ese muro”, cuenta. Después esperaban a las señoras del campo que iban al mercado de la capital con tomates, cebollas y papas y volvían en burro a San Bartolomé, les vendían el pescado “y con las cuatro pesetas nos íbamos mi primo Gregorio y yo al cine Díaz Pérez de la calle José Antonio”.
Nació en la calle Canalejas, en la única casa antigua que queda en esa calle enfrente de la farmacia, la de Domingo Armas Martinón
La primera anécdota que cuenta es de la infancia: “Estaba sentado en el muelle de la pescadería, y por encima del castillo se ve una humasera”. ¿Qué es? Un avión que ha caído. Así que sale la falúa de Casto Martínez a buscar ese avión, “pero vuelven y nos dicen esos señores que allí no hay rastro de nada. ¿Y qué fue entonces? Pues una bandada de patos moros, que son negros y nos engañó a todos. Eso fue lo que se comentó y esto no lo sabe nadie en Arrecife”. A los diez años, su padre lo mandó a estudiar a Lasalle, en Arucas, junto a su hermano Domingo y a otros lanzaroteños, y después al Colegio San Ildefonso en Tenerife. Allí terminó el Bachillerato y aprobó el ingreso en la Escuela náutica de Santa Cruz. Después se metió a navegar en petroleros, de allí sale como piloto, “y allí empieza mi vida”, dice.
Con el primero de los petroleros iba desde Tenerife al Líbano a por crudo, “y cuando estábamos fondeados allí, se oyó un estruendo y nos ordenaron: ¡larguen cabo y márchense!”. Había habido un atentado en el que participó, dice Aureliano, “el padre del que ahora manda en Siria”, Hafed el Asad. De ese barco recaló en el Bailén, otro petrolero de Cepsa, de 200 metros de eslora y 16.000 toneladas. En un viaje, a la altura de cabo Mazagán, por debajo de Casablanca “nos viene un temporal de mil pares de demonios” con vientos de 200 kilómetros por hora. Tuvieron que cambiar de rumbo y poner proa a la mar. Estaba prohibido telegrafiar por el riesgo de los rayos. “A los seis días dimos vuelta pa'l Estrecho, nos llama por radio un barco, el María Luisa, y nos dice que si estamos ahogados”. En el periódico ya había salido la noticia de que el barco estaba hundido “porque no habíamos telegrafiado en siete días”. “El padre de Nicolás de Páiz había leído la noticia y fue a ver a mi padre que tenía una hemiplejia, pero no le dijo nada, no tuvo valor de decírselo”, cuenta Aureliano, al que se le ocurrió comenzar a enviar telegramas a las familias felicitando las navidades para dar fe de vida.
Aureliano Negrín pasó más de media vida embarcado recorriendo el mundo y es el decano de los capitanes de la marina mercante
Después de dos años en el Bailén se fue al Columbretes de primer oficial, un mercante en el que estuvo un año y medio. Lo dejó después de un altercado en el que participó su primo Eduardo Martinón, que hacía las prácticas, y en el turno que le tocaba se equivocó de rumbo, y al darse cuenta dio la vuelta al barco “y lo mandó a poner bien” pero no dijo nada. “El capitán, después, desconfió de mí y yo le dije que no podía seguir”.
También estuvo otra temporada en sardinales. Le llamó Jorge Toledo porque tenía problemas, sólo estaban cogiendo 4.000 cajas. “Me pagaba 3.000 pesetas mensuales y yo ganaba 12.000 con Armas”, dice. Aureliano llevó como capitán prácticamente todos los barcos de esta naviera, primero el Medina Tanya, con cebollas y tomates hasta Barcelona, y después todos los demás. “Yo solucionaba todos los problemas”, asegura. Con la pesca podía ganar mucho más dinero si se aumentaban las capturas. “Mi pensamiento fue: toda la vida navegando, mi familia ni la conozco, navego dos días y estoy uno en tierra, así que acepté”, dice. Se había casado en 1962 en Las Palmas con una lanzaroteña y tiene tres hijas.
Cuando navegaba en el petrolero Bailén les dieron por desaparecidos debido a un temporal en el Estrecho
El primer día con el sardinal se salía a las dos de la madrugada, pero cuando se presentó en el muelle los marineros se habían puesto de acuerdo para ir a las cinco. El segundo día pasó lo mismo y, ya en la mar, reunió a todos en cubierta y les dijo que la próxima vez habría consecuencias. “El tercer día faltaban dos y llamé a la comandancia, y cuando vuelvo me dicen que hay dos mujeres que están pidiendo que saque a sus maridos de la cárcel...” “Llegamos a coger hasta 19.000 cajas”, concluye.
Viajó con regularidad a El Aaiún y fue “el capitán más joven al norte de Europa en un carguero. “Una vez vi a The Beatles en Liverpool cuando empezaban”. Un día le pidieron que se quedara en tierra porque había problemas en Los Mármoles, se examinó y se hizo inspector de puertos. Con ese cargo estuvo 24 años, pero también navegaba los fines de semana “hasta que vino la orden de que no podíamos trabajar”. Negrín se jubiló en 1998, y a pesar de que pertenece a la Junta local de puertos y que se conoce Los Mármoles de memoria, no le han vuelto a llamar nunca para consultarle nada sobre el puerto.
Comentarios
1 Yo Mar, 05/01/2016 - 09:44
2 Yo Mar, 05/01/2016 - 14:12
3 caletero Mar, 05/01/2016 - 17:31
4 Gurfín Jue, 07/01/2016 - 07:41
5 Yo Jue, 07/01/2016 - 09:14
6 Yo Jue, 07/01/2016 - 09:21
7 NGC Dom, 10/01/2016 - 19:08
8 Nns Sáb, 17/10/2020 - 08:05
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