06
Feb
2016
M.J. Tabar

Se conocieron en el grupo de música popular Acatife y una tarde de 1998 decidieron formar una batucada “para matar el estrés”. Desde entonces han tocado en carnavales, desfiles, bodas, bautizos y concursos; en Canarias, Murcia, Italia, Hong Kong y Macao. Los Villa Pipol cumplen 18 años de vida dedicada a la percusión y a la catarsis del baile libre.

Último miércoles de enero y aún quedan tocados que ultimar en esta nave del polígono industrial de Naos, que desde hace años utilizan como local de reunión. Unos manejan la pistola para soldar con plástico caliente, otros pintan pequeñas máscaras tribales hechas con moldes de resina y el resto se reúne fuera para hablar un rato. Las pelucas de su disfraz (decidido desde marzo del año pasado) están fabricadas con soga naranja comprada en una ferretería. No hay nada mejor para el pelo fosco de un indígena africano.

La batucada Villa Pipol fue una de las primeras en desfilar en un coso de carnaval sin comparsa de baile. “Queríamos tocar a nuestro aire y cambiar al ritmo que queríamos a cada momento, jugar con la música sin estar pendientes del cuerpo de baile”, explica Jose Lora, presidente de la asociación cultural.

En sus inicios se fijaron en Terra Brasil y con esa referencia fueron incorporando otros ritmos. Hoy tienen un repertorio que bebe de la samba, el reggae, el funky, la música negra y el folklore canario (no es raro escucharles toques de tajaraste). El resultado es un sonido contundente y explosivo, que quiere cumplir con el más sagrado de los objetivos carnavaleros: revolver las calles con la locura del baile colectivo.

Iván Carmona es el director de la batucada, el que guía y señala el compás. Lleva 16 años en la formación y mantiene muy vivo el recuerdo del primer día que la escuchó: “Te envolvía, te atraía, tenías que ir a escucharles porque sonaban muy bien”. Por aquel entonces, hace casi dos décadas, era un chiquillo que no se perdía ni un ensayo de la comparsa Mojo con morena, explica. Cada vez que sonaban sus tambores en el teleclub de Argana, ahí estaba él, con su bocadillo de aceite y azúcar. Quiso tocar con ellos, pero era demasiado pequeño para incorporarse. Tuvo que esperar un tiempo a que llegase su oportunidad en Villa Pipol.

En varios estantes se guardan los tamborines, las cajas, los surdines (redoblantes), los surdos medios y grandes (14 kilos a la espalda), las campanas, los cencerros, las chapas, los zambines, las güiras y el resto de los instrumentos de la formación. En un rato comenzará el ensayo y el sonido se extenderá por el puerto con un mensaje inequívocamente sandunguero.

“Uno toca, otro contesta, otro se acopla…”, explican. Hablan con toques de tambor, interactúan, bailan, suben y disminuyen la intensidad según exija el ambiente. La clave es sencilla pero se sigue a rajatabla: “Hay que pasarlo bien”.

Hoy tienen un repertorio que bebe de la samba, el reggae, el funky, la música negra y el folklore canario (no es raro escucharles toques de tajaraste)

La gran mayoría de los 30 tocadores no tienen conocimientos musicales profesionales. Trabajan como fontaneros, enfermeros, electricistas o profesionales autónomos de varios sectores. Son, en general, parranderos con algunas nociones de música. La función del director es “estar arriba d´ellos”, resume Carmona entre risas. “Estamos como en casa, aquí no se viene a cara de perro”, insiste. No buscan solistas, ni músicos excepcionales que quieran lucirse. Si no hay armonía en el grupo, es difícil conseguirla en la batucada.

En estos 18 años, han compartido espectáculo con Javier Gurruchaga (en los antiguos Screenings de Cine Español), han representado a España en el XII Festival Internacional de Bandas de Giulianova (Italia) y se han sentido como el mismísimo Carlinhos Brown en el ‘latin parade’ de Hong Kong. Hoy trabajan con representante y tienen actuaciones todo el año. El próximo 11 de febrero viajarán a la Costa Azul para actuar en la Fiesta del Limón de Menton, en un desfile liderado por esculturas hechas con limones y naranjas.

Con el paso de los años, los Villa Pipol han conseguido formar una “gran familia” de graves, bajos, altos, metales, rubios y morenos que se reúnen siempre que tienen ocasión. Dieron la nota festiva en el pregón del Carnaval de Arrecife y protagonizarán sus habituales espectáculos callejeros en la mañana, tarde, noche y madrugada de este fin de semana. Su mensaje de despedida es una advertencia, de esas que se susurran al oído o se gritan a pleno pulmón: “Prepárate para gozar”.

31
Dic
2015
M.J. Tabar

¿No les pasa que a veces sus amigos guiris son más canarios que ustedes?”. Así introducía Christophe Gaziello su primer minivídeo en Vine, sin más intención que echarse unas risas. Al cabo de un mes, su hermano pequeño le llamó: “¿Te has enterado? / No. ¿De qué?”. El vídeo se había hecho viral. En cinco meses, 25.000 personas decidieron seguir las andanzas de Gazz en Facebook. Esta es la historia de un ‘social media influencer’ que reivindica la inteligente sencillez del estilo de vida canario.

Nació en Niza en 1984, pero a los tres años su familia se mudó a Lanzarote. “Vivir aquí te educa, te da una filosofía de vida muy distinta a la de otros sitios”, explica Gazz. Siempre fue un niño inquieto: practicó el dibujo, la música y el vídeo, no paraba quieto. Un amigo de la familia, Luis Gobantes, le aconsejó estudiar Comunicación Audiovisual. “Se lo agradeceré toda la vida”, dice el comunicador lanzaroteño, que hoy es cámara, editor y montador freelance, y trabaja como director de comunicación en una empresa que desarrolla aplicaciones infantiles.

Lleva tres días en casa y ya nota el efecto balsámico de Lanzarote. “Hay gente que crece en un mundo totalmente distinto a este”, que está preocupada porque pasan 45 minutos de la hora pactada de entrega de un informe y se agobia porque el vagón del metro va lleno. Son situaciones que llaman la atención al recién llegado a una capital dominada por la productividad y el capitalismo.

Los contenidos que desarrolla Gazz persiguen la risa y quieren ser cachetones a mano abierta contra el estrés. A sus 31 años hace suya la inteligencia ancestral de la gente sencilla, que sabe diferenciar muy bien el grano de la cuestión de la paja más absurda: “A ver, ¿pero dónde vas? Relájate”. La vida no tiene por qué ser para tanto. Ver una romería en un cuadro renacentista; acuñar términos como “el síndrome de hidratación canina”, catar a un tipiquillo cualquiera, definir fobias, estados de ánimo, situaciones…

El caso es reírse y, a ser posible, todos los días. “El humor es una forma de mandar mensajes y para mí lo más importante es encontrarlo en cualquier cosa”. Es su manera de ser y hace un par de años empezó a compartirla en la Red. Aunque “de momento” es ‘sólo’ un entretenimiento, un canal donde contar sus historias, Gazz avanza en línea recta hacia la profesionalización. Ha hecho varios trabajos patrocinados y está muy ilusionado con su último encargo: un vídeo para ‘Agüita con el plástico’, la campaña lanzada por Lanzarote Reserva de la Biosfera.

Tiene cerca de 80.000 seguidores en las redes sociales y su público tiene entre 13 y 25 años. Son gente que vacila, se busca y se encuentra en los micro relatos audiovisuales de Gazz. Entre los 60.000 y los 100.000 seguidores, las marcas empiezan a interesarse por los creadores de contenidos porque los consideran influyentes. Varios amigos de Gazz, también ‘viners’, ya ganan un sueldo por lo que publican en Vine o YouTube. “Yo hago un humor muy de aquí, muy canario y es más difícil llegar a grandes cifras”, pero estar muy conectado a Canarias también le ha granjeado colaboraciones y muchos contactos.

Tiene cerca de 80.000 seguidores en las redes sociales y avanza en línea recta hacia la profesionalización

En julio dio una charla en la TLP de Tenerife sobre las posibilidades comunicativas de Vine: “Son vídeos tan cortos que no puedes perder el tiempo en cosas que no importan. En las limitaciones nace la creatividad. A mí me encanta el montaje y Vine me ha ayudado a afinar; te enseña a economizar muchísimo”. ¿Más ventajas? Que sólo necesitas un teléfono móvil y una idea. “Lo peor de la gente creativa es que nos ponemos barreras nosotros mismos”, cree Gazz, y con Vine no hay excusas. Algunas de sus referencias cinematográficas son Wes Anderson, Michael Mann, Michel Gondry, Quentin Tarantino, Luc Besson y Alex Garland.

Se define como un “canario trilingüe apasionado del sentido común y de la carcajada fácil” y su objetivo es trabajar cada vez más sus historias. “Me interesa hacer llegar el mensaje de que se puede vivir de otra manera, simplificando un poco; me gusta mucho transmitir lo que he vivido en Canarias, la vida puede ser muy sencilla y muy feliz”.

La diferencia entre una sonrisa o una carcajada está en los detalles (una palabra, una forma de terminar la frase, un punto). “Cuando eres creador de contenidos y descubres a tu público, tienes dos opciones: ser fiel a ti mismo o hacer lo que le gusta a la gente. Yo hago lo que me sale de dentro. El secreto de un buen contenido es ese. No parecer algo que no eres”, reflexiona. Un ejemplo de “voz propia”: las ‘youtuber’ Andrea Compton o Bolli, también lanzaroteña y que ha alcanzado ya nivel de gurú.

05
Jun
2015
M.J. Tabar

Cuando Pepe Mediavilla (Barcelona, 1942) pide agua, suenan timbales de aventura y puede ocurrir algo extraordinario. Podría llegar un hobbit, quitarse la capa y pedir una habitación en el Hotel Lancelot. Podría un soldado imperial disparar ráfagas láser contra el edificio del Cabildo en nombre de Palpatine. Quién sabe. Son el tipo de excursiones mentales que despierta la voz de este veterano actor de doblaje, reconocido por ser la voz española de Gandalf (Ian McKellen) y el doblador habitual del actor Morgan Freeman.

Ha sido malo, malo malísimo, villano megalómano, camorrista, bandido, concejal bromista y criminalista. Desde el Boss de Mazinger Z al emperador Zurg de Toy Story pasando por Los doce del Patíbulo o El señor de los anillos. Ha entonado a Caius Bonus, a Nelson Mandela, al presidente de los Estados Unidos y a Baloo. La gravedad de su voz ha decidido los personajes que le han adjudicado en las cerca de 2.800 obras. “He doblado a todos los negros habidos y por haber”, ríe Mediavilla.

Galopaban los años sesenta cuando empezó a trabajar en un serial para una radio barcelonesa. Un día, un empresario de la industria del doblaje reparó en su voz y le convocó a una prueba. Cuando Pepe se presentó en el estudio de grabación le indicaron que tomase asiento. “Usted va después de ese señor, fíjese bien cómo lo hace”, le indicaron. El señor era Rogelio Hernández, doblador de Paul Newman y Marlon Brando. Pepe quedó impresionado y tuvo el segundo flechazo de su vida. De vuelta en casa ya había tomado la decisión: “Dejo el teatro. Voy a trabajar en doblaje”. “La voz transmite. Si logras emocionar, transportar... lo has conseguido”, dice Pepe. Su formación en el Institute del Teatre le valió para afrontar su nueva carrera, una profesión que le ha permitido dar voz a personajes muy diversos en situaciones muy diferentes. “Cada día podía aprender algo nuevo en el acto, esa fue una de las cosas que más me llamó la atención del doblaje”, explica.

“En esta profesión tienen que pasar años y años para llegar a algo, al menos para que la gente te recuerde”, advierte. Él lo consiguió con Morgan Freeman y, desde hace trece años, con las dos trilogías de Peter Jackson. No hay foro donde no le pidan que declame uno de los momentos claves de la obra de J.R.R. Tolkien, una batalla entre el bien y el mal: “El fuego oscuro no te servirá de nada, llama de Udûn. ¡Vuelve a la Sombra! ¡No puedes pasar!”. El grito, y el posterior estallido de aplausos, se pudo escuchar el pasado mes de mayo en la Casa de la Juventud de Arrecife donde Mediavilla ofreció dos lecturas de poesía.

“El momento de doblar a un actor para mi es el mejor”, asegura Mediavilla, que sigue trabajando como la vieja escuela: repitiendo el texto hasta hacerlo suyo. “Antes trabajábamos con material fotográfico y como era carísimo no se podía fallar”. La secuencia se reproducía en bucle, el doblador repetía, repetía y repetía hasta que el director daba su visto bueno encendiendo la luz verde (preparación) y finalmente la roja (grabación).

“No conoces el guión de la película hasta que te lo ponen sobre el atril”

La revolución digital ha simplificado mucho el encaje, pero otros asuntos no han cambiado tanto. “No conoces el guión hasta que te lo ponen sobre el atril. Si el director es gentil, igual te explica algo sobre tu personaje, siempre que sea algo largo, porque si es corto ni te enteras. Si es un pirata, te dicen ‘usted a chillar’ y asunto concluido”, explica. En el año 2000 dobló a Michael Clarke Duncan en La milla verde prácticamente en una mañana, “sin conocer la historia”. Fue una de las películas que más le han emocionado de su carrera. El ánimo importa y aquel día estaba de su lado. “Uno se encuentra como se encuentra” y la voz es chivata, dice mucho.

No duda cuando le preguntan por su trabajo más difícil: el cruel, traicionero y venenoso Rasputín de Anastasia. “Es muy difícil dar vida a un personaje de dibujos animados [...] y a aquel hombre lo tuve que desgarrar por todos los sitios. Fue terrible. Me dejé la voz”. Sus nietas  no querían ir a ver la película de Disney al cine porque les causaba pánico la voz del maquiavélico hechicero, en la que reconocían lejanamente a su abuelo. Él mismo cantó En la noche fatal, algo que no hizo Christopher Lee, el actor que dobló la versión original.

Con Morgan Freeman (o “tío Freeman” como Mediavilla le llama) ha llegado “a tal simbiosis” que relaciona tics y entonaciones. Sabe “por dónde va a salir” el actor de Memphis cuando enarca una ceja. Ha estudiado su cara, sus tonos, su forma de enfadarse o de amenazar.

Su otro éxito, el doblaje de Ian McKellen como Gandalf, le ha valido el respeto y el cariño de los fans de la Tierra Media y el descubrimiento personal de la obra de Tolkien. “Me declaro friki total y absoluto de Gandalf”, dice mientras se lleva la mano al pecho y enseña “el anillo original” con grabaciones élficas. “Es una persona buena, siempre dispuesto a luchar contra el mal... Me siento muy a gusto con él”, dice.

“Me dejé la voz doblando al Rasputín de Anastasia”

Su hija Nuria es la dobladora habitual de Cameron Díaz y Uma Thurman, y su hijo José Luis dobla a los actores Chris Rock y Sean William Scott. Empezaron doblando a Shirley Temple (La pequeña coronela) y a Elliot, el niño de E.T. Además de largometrajes y series de televisión, el padre de esta saga de dobladores ha puesto voz a multitud de anuncios y ha sido narrador de varios videojuegos.

Desde hace unos años, ha contraído un compromiso con todos sus seguidores de Facebook a los que prometió regalar una narración semanal en su canal de YouTube. Hoy es viernes y toca un relato de Edgar Allan Poe. Otras semanas, la voz de Mediavilla es el vehículo de transporte ligero hacia los territorios emocionales de Federico García Lorca, Miguel Hernández o Dylan Thomas.

01
Abr
2015
M.J. Tabar

El antes más reciente y más menudo se escribe en Facebook. Agustín Cabrera Perdomo (Las Palmas, 1945) publica en las redes sociales crónicas sobre conocidos personajes que habitaron lugares comunes de la historia contemporánea de Lanzarote. De la tienda de Los Pérez, al “peluquero rojo” que ejercía de barbero en la calle Artillero Luis Tresguerras. De los helados de Acuña, al celo con el que Aureíta –la bibliotecaria- vigilaba el silencio.

Su anecdotario es tan preciso y divertido como su conversación. “Se ha pegado toda la vida leyendo y ahora le dio por escribir”, dice su compañera de vida, que avitualla la mañana de sábado con una bandeja de café, galletas y azúcar morena. Agustín publicaba sus Crónicas tardías en Lancelot: “Escribía sobre temas populares, anécdotas, cosas de las que la gente ya no se acuerda”, dice este tinajero, nacido “accidentalmente” en Gran Canaria.

Su infancia transcurrió en La Plazuela, en un Arrecife del que apenas queda rastro “por razones económicas y falta de visión, respeto y consideración a lo nuestro”. El ilustrado Viera y Clavijo llegó a decir que la capital de Lanzarote podría ser la Venecia del Atlántico. Hasta los años cincuenta del pasado siglo, el mar entraba por la calle Cienfuegos y continuaba su dominio azul a través de la calle Triana, hasta la playa del Reducto. Luego llegaron los rellenos, el nuevo Parador y un crecimiento urbanístico poco empático con las generaciones venideras y la identidad histórica de la ciudad.

Suyo es el dibujo a plumilla que ilustra la portada de la edición de 1978 de Crónicas isleñas

Las historias recopiladas por Agustín están llenas de situaciones rocambolescas, nombretes y una realidad que invariablemente supera a la ficción. Todas describen el vuelco que ha dado la vida insular en los últimos sesenta años. En ese antaño tan cercano que fue 1950, “apenas había comercio” en un Arrecife con menos de nueve mil habitantes. Había cuatro tiendas, “la de Ginés Díaz, la de Paco Mota, la de Los Pérez y la de Irenita”, enumera. Allá se despachaban latas de ‘chatka’, mantequilla de Argentina u hojillas de afeitar.

“Las necesidades eran las mismas que hoy, pero el hombre se ha convertido en un productor de desechos”, aprecia Agustín, que siempre ha tenido una suerte de vena artística. Es sobrino del escritor lanzaroteño Leandro Perdomo (suyo es el dibujo a plumilla que ilustra la portada de la edición de 1978 de Crónicas isleñas) y sobrino nieto de las hermanas Manuela y Esperanza Spínola.

A los 17 años, su padre estaba tan cansado de que no estudiara que le “sugirió” marchar como voluntario a la Armada. Estuvo en Cartagena, Cádiz, Francia, Italia y cuando regresó a Lanzarote, trajo “una profesión que no servía para nada”: sonarista. Los años siguientes se dedicó al dibujo, trabajó con los arquitectos Enrique Spínola y Torres Rojas. Más tarde, y hasta que una enfermedad le retirase de la vida laboral en 1984, trabajó como delineante en la oficina técnica del aeropuerto.

En su casa siempre ha sonado el piano. “Recuerdo a mi madre tocando la Danza húngara”, dice. Rusia invadió Hungría en 1953 y la noticia cayó con el peso del contexto y la educación. “Aquello fue un trauma. Estábamos tan imbuidos con lo que nos decían, aquellos tanques, aquella gente…”. Hasta que Aurelio Alaya, aquel señor que cambiaba de trayecto sólo por no pasar delante del cuartel de la Guardia Civil, le hizo ver el contrapunto histórico y que en España, durante la Guerra Civil “también se habían hecho barbaridades”.

De aquel Arrecife apenas queda rastro “por razones económicas y falta de visión, respeto y consideración a lo nuestro”

Su escritorio está lleno de gramáticas, manuales de ortografía, Julios Vernes, Nerudas y su favorito, Gabriel García Márquez. “No sé por qué razón, se siente uno en algún personaje de aquellos” dice de su volumen favorito, Cien años de soledad. Desde que pasa mucho tiempo en casa, ejercitando más el cerebro que el cuerpo, Internet se ha convertido en un escenario y una herramienta imprescindible en su vida diaria. “Con esto puedes leer, escribir, tienes la real academia al lado, las dudas se te quitan”.

Cuando lee en voz alta uno de sus textos, uno sobre una noche de “indómita parranda” y llantina generalizada por culpa del vino y de El manisero, se interrumpe a sí mismo y se recrimina con serenidad (“soy más barroco que…”). Escribe -en un iPad desde hace tiempo- porque le gusta recordar y compartir. Ha investigado la genealogía de cinco mil apellidos lanzaroteños y también es amigo de participar en tradicionales tertulias de salón, en una casa en el Morro del Viento (Tinajo).

“Las cosas se escriben para que las lean. Escribir para mí no tendría mucho sentido”. Lo corroboran sus amigos virtuales -y reales- que aportan comentarios a las historias de Agustín, protagonizadas casi siempre por personajes populares (La increíble transformación de don Beltrancito Figueroa) y pequeñas grandes cosas.

11
Mar
2015
M.J. Tabar

Calles con rebaje que, varios metros después, terminan en bordillo y obligan a dar media vuelta. Vías estrechas que invitan a circular por la carretera, entre los coches. Contenedores que ocupan aparcamientos reservados para vehículos adaptados. Palmeras, farolas y papeleras que impiden la maniobra de descenso del coche. Lanzarote es un lugar poco accesible para las personas con movilidad reducida. Según un estudio del Centro de Datos del Cabildo de Lanzarote, en la isla residen más de 5.100 personas con algún tipo de discapacidad. La isla se cierra y se les niega.

En 1997 Sergio Miguel Martín Cedrés (Arrecife, 1974) sufrió un accidente que le convirtió en un ciudadano dependiente de una silla de ruedas. En el Hospital de Parapléjicos de Toledo le ensenaron a vivir con esa nueva realidad. “Allí te ensenan el cambio: de correr, nadar, hacer surf… a moverte en silla, aprender a subirte a la cama, a comer, a todo -dice- Es otra vida, en un 90% es una vida nueva”.

Vive en el Charco del Palo y ha conseguido que su ayuntamiento se comprometa a reconstruir la rampa de acceso a la piscina natural del pueblo, un hermoso bañadero que ha sido devorado por el oleaje, la sal y el viento. En Lanzarote, el listado de puntos inaccesibles para una persona con movilidad reducida empieza por las playas y no termina. “Está todo muy mal”, dice.

Sergio es un cinéfilo y siempre que puede va a las salas del centro comercial Deiland, con entrada adaptada, pero donde ha tenido que acostumbrarse a ver las películas en primera o última fila. A veces, la cartelera le lleva hasta los céntricos Multicines Atlántida, con unas escalinatas insalvables y sin otro acceso. Siempre le brindan ayuda, pero él explica con mucho humor que no, que así no. “¿Cargando conmigo, que no peso poco, como si fuera la Virgen del Carmen?”.

En otras ocasiones es una farmacia, la oficina arrecifeña de Correos (con una rampa “que resbala”), una tienda o un banco, que presenta barreras o las salva mal. Un ejemplo es la oficina del BBVA de la calle León y Castillo, que recibe con un escalón que obliga a alzar sillas y carros en peso. Muy cerca, Bankia dispone de un elevador, pero se olvidó de dejar espacio suficiente entre la puerta y el cajero para la maniobra de cambio de silla o para hacer un simple giro. La única forma de utilizarlo era cuando no había gente. La oficina ya ha cerrado al público. “Hay gente que se esfuerza y hace cosas por nosotros”, pero son pequeñas excepciones.

“Yo esto no lo quise para mí. No me quejo. Me veo normal, lo único es que estamos en el siglo XXI y no tienen nada preparado”, se queja Sergio, que cita Valladolid o Pamplona como modelos de ciudades accesibles: aceras anchas, flota de guaguas adaptada en su totalidad, semáforos con senal acústica de cruce, etc. “Somos personas, se trata de que podamos ser independientes”, explica.

Argelia Pérez cuida de su marido desde hace cuatro años. Viven en Altavista y se desplazan en un furgón adaptado que conducen sus hijos. Sólo algunos tramos del centro de la ciudad han eliminado algunas barreras arquitectónicas. Otros muchos son insalvables. “No me quejo por mí, más bien pienso en otros”, dice esta vecina de Arrecife. Se refiera a personas que dejan de salir de casa o reducen sus salidas porque no tienen acompañantes o reniegan de un espacio público que les trata con hostilidad.

Argelia recibe ayuda de los Servicios Sociales para el baño de su marido tres veces a la semana. Hace cuatro años, le concedieron una ayuda a la dependencia que no ha cobrado nunca. Cuando llama para informarse y solicitar el dinero que le corresponde, recibe invariablemente la misma respuesta: “Me dicen que están a la espera de que haya dinero y que hay otras solicitudes antes que la mía”.

La playa del Reducto se anuncia adaptada, pero varios blogs lo desmienten. Es “practicable”, pero no está adaptada. Lo explican en Lanzarote Accesible, un blog que añade otro dato: “Algunas playas disponen de sillas anfibias sin uso, ya que no existe personal que preste el servicio o simplemente están almacenadas desde que se adquirieron”. En Travelinawheelchair se narra la experiencia de una viajera -Laura Díaz, una chica con artrogriposis múltiple congénita- en Lanzarote. Es imprescindible viajar con acompañante para poder acceder a la mayoría de los sitios.

El próximo 24 de mayo se celebran elecciones locales y autonómicas. Sergio votará en el colegio de Mala y recorrerá tres kilómetros por una carretera con curvas. Irá solo, dando un paseo y anima a todo el mundo a ejercer su derecho. “Que salga todo el mundo a votar”, insiste. Dice que los motivos son tan numerosos como la lista de barreras arquitectónicas de la isla: guerras políticas que retrasan el quórum en asuntos importantes, una Marina “desaprovechada”, parques “destrozados”, presupuestos de obras que se triplican, un 90% de ocupación hotelera y un 30% de paro, carreteras con baches, el abandono del sector primario, etcétera, etcétera, etcétera.

Sergio es un enamorado de su tierra, pero dice ser testigo de cómo la mediocridad y la falta de profesionalización la está “destrozando”. Lo ha dicho en varias ocasiones: “Me ofrezco a asesorar voluntariamente a la Administración en materia de accesibilidad”. Sólo hace falta pensar, “hacer las cosas bien” y ejercitar la empatía.

“En Las Palmas”, explica, "me muevo en guagua en todos los lados. Me gustaría que un gestor político se sentase en una silla de ruedas, que prueben y cuenten a cuántos sitios pueden ir”.