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El otro ‘Panta’ que revolucionó la industria pesquera y la vela en Lanzarote

Jesús Quevedo Vernetta repasa sus memorias como gerente de las fábricas Atunera Gran Canaria y Harinas del Mar, mientras impulsaba la clase Snipe en la Isla

María José Lahora 0 COMENTARIOS 03/11/2026 - 06:54

A sus 87 años de edad, Jesús Quevedo Vernetta se enorgullece de su buena condición física, fruto de décadas dedicado al deporte, y su espléndida memoria, que le permite recordar la fecha exacta en la que aterrizó en Lanzarote. “Fue el 20 de mayo de 1968 a las tres de la tarde, en un avión Convair Metropolitan de Iberia”. Procedía de Gran Canaria donde había trabajado desde los 18 años para la empresa Lloret y Llinares. No en vano, a los 17 años ya estaba titulado como perito mercantil.

Asegura que aun así empezó desde abajo, desempeñando diversos puestos entre 1953 y 1963, año en que le encargan la gerencia de un barco factoría japonés tras el acuerdo con la Hoko Fishing, en sustitución de Miguel Llinares que debía encargarse de la nueva fábrica de Lanzarote. Tenía 23 años cuando se enroló en el buque que faenaba en el banco pesquero sahariano y con capacidad para 8.000 toneladas de pescado en bodega. Congelaban 200 toneladas diarias.

Estuvo en el cargo solo cinco años. Deseaba asentarse y formar una familia. Fue entonces, con 28 años de edad, cuando se le confía la gerencia en Lanzarote de la empresa Atunera Gran Canaria SA que se encargaría de la fabricación de hielo y congelación de pescado, y otra nueva factoría para la producción de harina de pescado, Harinas del Mar SA. Recuerda que fue en las fiestas de San Ginés de ese 1968 cuando llegó la maquinaria de la nueva fábrica y que fue la firma Transportes Gallardo quien se encargó de ese traslado desde Las Palmas de Gran Canaria. “A las 10 de la noche del día de San Ginés llegaba la maquinaria al puerto de Arrecife cargada en el buque Holland”.

En ese momento, según recuerda, existían cuatro grandes conserveras en Arrecife: Lloret, Ojeda, Rocar y Garavilla que contaban con unas instalaciones para la producción de hielo a pequeña escala hasta que esta última creó su propia fábrica para hielo y congelación de pescado. Fue ahí cuando el resto de empresas se asociaron para sacar adelante la fábrica de hielo y congelación de pescado y una factoría de harina de pescado de cuya gerencia se encargaría Jesús Quevedo.

“Comenzamos con 60 toneladas al día”, recuerda Jesus de su época al frente de la gerencia de estas dos nuevas empresas. Más tarde, con la ampliación de la flota lanzaroteña se incrementaría también la producción de harina de pescado, al comprobar que se trataba de un “buen negocio” que permitía aprovechar los restos que antes se desechaban. “Y entonces montaron otra fábrica nueva de 120 toneladas más, y alcanzamos las 180 toneladas diarias. Cifra que más tarde pasó a 320 toneladas procesadas hasta alcanzar las 500 toneladas diarias de pescado y residuos”, rememora.

Tal era el volumen de pescado que se procesaba en las fábricas lanzaroteñas que las conserveras apostaron por asociarse para sumar nuevos barcos marroquíes. Cada empresa aportaba el 25 por ciento, formaron una sociedad denominada Invercasa, Inversiones Canarias en África, SA. “Ahí estuvo de gerente don Juan Betancort Borges. Y a mí me nombraron apoderado”, señala.

Tras el fin de los acuerdos pesqueros para faenar en el banco canario sahariano y la posterior reconversión de la flota lanzaroteña, las conserveras se vieron abocadas a su desaparición en la Isla. Corría el año 1992 cuando Jesús Quevedo abandonó la industria pesquera para dedicarse a una nueva industria en la Isla, las energías renovables, como administrador del Parque Eólico Los Valles, cargo que desempeñó hasta su jubilación en 2002. Al principio, contaba con 48 molinos para la generación de cinco megavatios. Ahora produce el doble de electricidad con tan solo 10 molinos.

Pasión por la vela

El nombre de Jesús Quevedo Vernetta Panta está ligado también a la historia de la vela canaria. Fue impulsor de la clase Snipe en Lanzarote a finales de los años sesenta como regatista. Una clase que ha convertido a través del tiempo al Real Club Náutico de Arrecife en el segundo club de España con más títulos de campeones de España.

En la época más álgida se procesaron hasta 500 toneladas de pescado

La llegada a Lanzarote en 1968 de Jesús Quevedo Vernetta, por entonces regatista del Real Club Náutico de Gran Canaria, motivó a jóvenes como Alfredo Morales, Tito Rosa, Gerardo Armas, José Molina, Domingo y Rafael Lasso, Antonio y Segundo Manchado... a reactivar la flota. Lo hicieron adquiriendo 15 nuevas embarcaciones (Taylor) con lo que se logró un interesante grupo de Snipe con el Pantaleón, Isla de Lanzarote, Macruz, Yiyiyo, Pidopi, Isla de La Graciosa...

Más tarde invitaría a estos regatistas a que compartieran su pasión por la vela con los más jóvenes e introdujeron la clase Optimist con otras 15 embarcaciones más para formar a las nuevas generaciones.

Jesús Quevedo fue directivo del RCNA durante 25 años. Estuvo en activo en el mundo de la vela durante 40 años, desde 1954 al 1994, después de que una lesión de espalda le obligara a abandonar las regatas. Comenzó como tripulante de Joaquín Blanco Torrén, del que dice que fue “una institución” en la vela del Real Club Náutico de Gran Canaria, con quien compartió cinco años de competición y participó en un campeonato de España en Bilbao, hasta que en 1960 adquirió su primer barco.

Tras su retirada de la competición llegaron los primeros homenajes del Real Club Náutico de Arrecife que le nombró socio emérito y le hizo entrega de la insignia de oro. Orgulloso, recuerda que el RCNA es hoy día el segundo en número de tripulantes que han alcanzado un Campeonato de España. Destaca a figuras de la vela como Álvaro González que ha ganado además un Campeonato del Mundo, Nano Negrín, que también ha logrado alzarse con un Campeonato de Europa, Rayco Tabares, con cuatro campeonatos nacionales, o Pedro Ferrer.

Jesús Quevedo destaca también el trabajo de empresarios como José Calero, “artífice de que vinieran a la Isla las más grandes figuras de la vela, situando a Lanzarote en el panorama internacional de las competiciones náuticas”. Por la Isla ha pasado la élite mundial para disputar circuitos profesionales como la 52 Super Series o la RC-44. Al respecto, propone la posibilidad de convertir el Islote de la Fermina en un centro de alto rendimiento para los regatistas, gracias a las excelentes condiciones náuticas que ofrece Arrecife. A su juicio, la iniciativa supondría un revulsivo para la capital lanzaroteña que atraería un turismo de alto poder adquisitivo. “Conferiría una nueva vida a la ciudad. No solo vendrían deportistas, sino también sus familiares. Permitiría recuperar la actividad comercial de la zona”.

Apodo familiar

El apodo Panta le viene de dos famosos futbolistas de la UD Las Palmas, su hermano mayor Pantaleón Quevedo Vernetta, que vistió también la camiseta del Atlético de Madrid, y de su otro hermano Manuel, histórico jugador que militó en las filas madridistas, conocido también como Pantaleón. Precisamente este fue el nombre con el que bautizó la primera embarcación con la que compitió en la clase Snipe en el RCNA. Curiosamente uno de los herederos de Transportes Gallardo, empresa encargada de trasladar la maquinaría con la que se pondría en marcha la nueva factoría de Harinas del Mar SA había jugado con su hermano Pantaleón en la UD Las Palmas.

El apodo ‘Panta’ le viene de dos famosos futbolistas, sus hermanos

Jesús Quevedo ha sido también un gran futbolista. Participaba en los encuentros que disputaban los equipos de empresa con el conjunto de la banca. También recuerda haber entrenado con los jugadores de las primeras formaciones de la Unión Deportiva Lanzarote. “El primer entrenador fue Antonio Collar, que fue jugador de la UD Las Palmas y del Atlético de Madrid. Y era muy amigo mío, él y su mujer eran amigos íntimos. Trabajaba todo el día y a las ocho de la noche me iba al polideportivo a entrenar con los jugadores de fútbol”, rememora sobre su época más activa tanto en el terreno laboral como deportivo.

De sus primeros años en Lanzarote recuerda incluso la habitación del antiguo Parador de Turismo en la que estuvo residiendo mes y medio. Era la número 1 y disponía de un balconcito desde el que se divisaba el mar. Más tarde alquiló un apartamento hasta que contrajo matrimonio. De esa unión nacieron sus tres hijas. Sólo una de ellas heredó su pasión por los deportes náuticos, llegando a navegar en un barquillo de vela latina con Matuli Rodríguez. Y uno de sus nietos es un apasionado del surf, comenta.

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