“Estamos rodeados de imágenes, pero nos enseñan muy poco a leerlas”
Nico Melián, director del festival Veintinueve Trece
-¿Cómo nació el festival Veintinueve Trece y qué objetivo tenía cuando arrancó? ¿Se mantiene hoy aquella filosofía o el festival ha ido transformando su propósito con los años?
-Veintinueve Trece nació de la necesidad de crear en Lanzarote espacios de encuentro, comunicación y promoción alrededor de la fotografía y las artes visuales. Había muchas personas, sobre todo jóvenes, que no podían permitirse viajar fuera de las Islas para asistir a festivales, hacer talleres o encontrarse con determinados profesionales. Con el tiempo vimos que esa necesidad era compartida en Canarias y también empezamos a trabajar más la relación entre la creación y la ciudadanía, que muchas veces parecen mundos bastante separados. La fotografía siempre la hemos entendido de una manera amplia, en contacto con el cine, el pensamiento, la edición y otras formas de creación visual. Y desde el principio tuvimos también el objetivo de colocar a Lanzarote dentro del mapa cultural de Canarias y de España. De ahí viene nuestro nombre, de las coordenadas de la Isla.
-Si echa la vista atrás a aquella primera edición, ¿qué ha significado dirigir durante todos estos años un festival dedicado a la fotografía y las artes visuales en Canarias?
-Es motivo de mucha alegría, pero después de 11 ediciones también supone una responsabilidad enorme. Hay un público que confía en el encuentro, instituciones que llevan años apoyándolo, profesionales que aceptan participar y muchas personas trabajando para que todo salga adelante. Aunque hoy sea yo quien responde, Veintinueve Trece no soy yo. Somos una asociación cultural sin ánimo de lucro y detrás hay un equipo y muchas personas que participan de formas muy distintas. Esa parte colectiva es fundamental y somos muy exigentes con su uso. Aproximadamente un 80 por ciento se queda en Lanzarote: producción, impresiones, fotografía, vídeo, alojamientos, restauración, proveedores... Siempre que podemos intentamos trabajar con gente de la Isla. Que después de tantos años el encuentro siga generando cultura, relaciones y también trabajo en Lanzarote nos alegra muchísimo, pero hace que cada vez sintamos más responsabilidad sobre lo que hacemos.
-¿Cree que iniciativas como Veintinueve Trece están ayudando a cambiar esa realidad? ¿Qué papel le gustaría que jugara el festival para las nuevas generaciones de estudiantes y creadores?
-La insularidad sigue teniendo muchísimo peso. Viajar para hacer un taller, enseñar un proyecto, conocer a una editora o simplemente estar donde están ocurriendo determinadas cosas tiene unos costes económicos y de tiempo que desde otros territorios no existen de la misma manera. Nosotros no vamos a solucionar esa desigualdad, pero sí podemos acortar algunas distancias. Un encuentro, una conversación o enseñar un trabajo en el momento adecuado puede acabar abriendo posibilidades. Y el intercambio tiene que funcionar en las dos direcciones. Queremos traer a Canarias personas que nos parece interesante conocer por su trabajo, pero queremos también que ellas sepan qué se está haciendo aquí y que de esos encuentros puedan surgir relaciones profesionales. Estar en los circuitos nacionales sigue siendo importante porque ahí se concentran muchas oportunidades: financiación, residencias, exposiciones, encargos, adquisición de obra o colaboraciones con instituciones. Sería maravilloso no depender tanto de salir de las islas para acceder a algunas de ellas, pero somos islas y esa es nuestra realidad. Lo que podemos intentar es que esa distancia pese un poco menos.
“En el festival nos interesa más generar preguntas en el público que lanzar consignas”
-Se habla mucho de crear comunidad pero, ¿tenemos realmente una comunidad cultural en Canarias? ¿Qué cree que está funcionando y qué sigue faltando para que las artes visuales tengan el papel que merecen en el Archipiélago?
-Estamos en un buen momento para la creación en Canarias, que es fruto del trabajo de muchísima gente como artistas, colectivos, instituciones, espacios independientes y también de muchas personas que se fueron de las Islas, adquirieron experiencia y han vuelto con todo ese recorrido y gente que vive fuera de Canarias pero sigue vinculada a las Islas. Hay además un cambio que nos favorece. Cada vez interesan más los relatos que se alejan de lo homogéneo, lugares y formas de mirar que durante años quedaron invisibilizados, fueron considerados periféricos o incluso ridiculizados. Canarias tiene mucho que decir ahí. Seguimos teniendo demasiada gente trabajando de manera aislada. Fue una de las cuestiones que aparecieron con mucha fuerza en la pasada edición, que dedicamos a “colectivo”. Tenemos que encontrar maneras de colaborar, compartir recursos o defender intereses comunes sin perder la identidad de cada proyecto.
-Vivimos una época marcada por la inteligencia artificial, la sobreproducción de imágenes y una forma de consumir fotografía completamente distinta. ¿En qué momento cree que estamos dentro de las artes visuales y qué necesitamos, como sociedad, de quienes trabajan con la imagen?
-Crear una imagen de algo que nunca ocurrió ya era posible antes de la inteligencia artificial. Lo que cambia ahora es la facilidad y la velocidad con la que podemos hacerlo. A veces estamos demasiado pendientes de descubrir si una imagen está hecha con IA y no tanto de algo más importante: qué nos está diciendo, qué nos está vendiendo, qué está normalizando o qué manera de mirar está reforzando. Estamos rodeados de imágenes, pero nos enseñan muy poco a leerlas. Y tienen muchísimo poder. Construyen estereotipos, condicionan cómo vemos determinados cuerpos, lugares o colectivos, generan deseos y participan en nuestra forma de entender el mundo. En Veintinueve Trece insistimos bastante en esto porque trabajamos con las dos partes: con personas que consumen imágenes y con personas que, además de consumirlas, las crean. Tan importante es aprender a mirar de forma consciente como asumir la responsabilidad que tenemos cuando producimos imágenes. La educación visual debería tener mucho más espacio del que tiene.
-Hablemos de la edición de 2026. ¿Qué nos vamos a encontrar este año 13 y qué destacaría de la programación?
-Desde hace unos años trabajamos una línea que llamamos contratendencias. Cada edición parte de un concepto al que dedicamos bastante tiempo de análisis antes de construir el programa. Nos interesa mirar hacia donde en ese momento quizá no se está mirando tanto o poner en duda determinados discursos que parecen instalados. Hemos pasado por “fracaso”, “ternura” y “colectivo”. Este año trabajamos sobre “parar”. Y “parar” no tiene que ver con descanso, desconexión, mindfulness o bienestar personal, que es también una manera muy concreta de vendernos hoy la idea de detenernos. Nos interesa más qué ocurre cuando interrumpimos algo que parece obligado a seguir funcionando. Puede ser producir constantemente, estar siempre disponibles, responder inmediatamente, consumir sin pausa... No decimos que haya que abandonar todo eso. Quizá simplemente merece la pena detenerlo un momento y preguntarnos por qué funciona así, qué consecuencias tiene o a quién beneficia. A partir de ahí aparecen el trabajo, los cuidados, las relaciones, la creación, el territorio o la tecnología. Habrá conferencias, talleres, cine, conversaciones y debates, con Alessandra Sanguinetti, Jim Goldberg, Anna Surinyach, Silvana Trevale, Marina Speer, Rafael Arocha y el proyecto colectivo “Carretera Vieja”, entre otras propuestas.
“Canarias no necesita que el reconocimiento de fuera determine su valor”
-¿Cuáles han sido las líneas que se han seguido para construir la programación de 2026? ¿Qué temas o preocupaciones estarán presentes en los talleres y actividades y por qué los han considerado especialmente interesantes en esta edición?
-Cuando pensamos el programa no pensamos solamente en gente vinculada a la fotografía. La imagen es nuestra herramienta, pero las conversaciones que aparecen alrededor de ella pueden interesar a cualquiera. Por eso conviven cosas muy distintas. Están las conferencias y los talleres, pero también la inauguración, “Proceso Cruzado”, donde este año hablaremos con la socióloga Raquel Martínez Buján sobre cuidados, trabajo, tiempo propio, dependencia, y “35 mm”, que hacemos en colaboración con la Asociación Tenique Cultural y donde utilizamos el cine y el debate para entrar en la temática desde otro lugar. No buscamos que todas las actividades lleguen a la misma conclusión ni que “parar” tenga una única lectura. Nos interesa más generar preguntas en el público que lanzar consignas.
-El territorio es una parte importante en la identidad del festival. ¿Qué relación existe entre Veintinueve Trece, Lanzarote y Canarias? ¿Hasta qué punto el lugar desde el que se crea condiciona también la mirada de los artistas? ¿Hay potencial en Canarias actualmente para mantener vivo este arte?
-Veintinueve Trece no tendría mucho sentido en otro lugar. Está hecho desde Lanzarote y también tiene una escala muy de aquí. Hay una idea que repetimos casi como un mantra: queremos que Canarias, y Lanzarote en particular, no sean solo un destino, sino también un origen; un lugar donde nazcan imágenes, ideas, conversaciones y proyectos. La propia escala de Lanzarote permite cosas que valoramos mucho. En Veintinueve Trece puedes escuchar en El Almacén a una figura internacional y 10 minutos después estar hablando con esa persona tranquilamente en el bar Picasso. Esa cercanía es parte del encuentro. No queremos trasladar a Lanzarote un modelo que podría hacerse exactamente igual en cualquier ciudad. El lugar forma parte del proyecto.
-Canarias se encuentra en un momento en el que cuestiones como el modelo turístico, la transformación del territorio y la identidad están generando debate. La fotografía siempre ha tenido un gran poder en el relato y en la reivindicación en general. ¿Puede convertirse también en una herramienta para defender el territorio, preservar su memoria y cuestionar la imagen que se proyecta de las Islas?
-Sí, creo que puede hacerlo. La fotografía tiene una capacidad muy concreta para dejar constancia de cómo cambia un territorio y de todo lo que puede desaparecer con esos cambios: paisajes, formas de vida, trabajos, espacios, relaciones o maneras de habitar. En Canarias eso tiene especial importancia porque vivimos transformaciones muy rápidas y porque durante mucho tiempo gran parte de la imagen de las Islas se ha construido desde fuera o pensando en cómo mostrarlas y venderlas hacia fuera. Fotografiar desde aquí también permite construir una memoria propia y ampliar ese relato: mostrar lo que normalmente queda fuera de la imagen turística, mirar las consecuencias de determinadas dinámicas y dejar documentos que dentro de unos años nos ayuden a entender qué estaba pasando. No creo que toda fotografía tenga que convertirse en denuncia, pero sí puede ayudarnos a mirar el territorio con más atención, a conservar su memoria y a discutir las imágenes con las que hemos aprendido a representarlo.
![]()
Exposición en la plaza de El Almacén, el año pasado. Foto: Gerson Díaz.
“Crear una imagen de algo que nunca ocurrió ya era posible antes de la IA”
-Después de estos años, ¿hacia dónde quiere que avance el festival? ¿Cuál es ahora mismo el principal reto? ¿Hay algún campo, tema o disciplina que tenga especialmente ganas de incorporar?
-Nos interesa más profundizar que crecer por crecer. No creemos que cada edición tenga que demostrar su éxito teniendo más actividades, más público o más impacto que la anterior. Nos gustaría que Veintinueve Trece fuera funcionando cada vez más como una plataforma para la creación que se hace en Lanzarote y en Canarias: conectar personas, facilitar relaciones, generar oportunidades y ayudar a que los trabajos encuentren espacios. Pero ahí también tenemos que tener cuidado. No queremos convertirnos en un filtro ni en quien decide qué proyecto merece atención y cuál no. Tener capacidad para dar visibilidad implica también ser conscientes de esa responsabilidad. Y hay otra cuestión que para nosotros sigue siendo básica: mantener la conexión con la ciudadanía. Si Veintinueve Trece acaba interesando únicamente a quienes ya pertenecen al sector de la fotografía, algo habríamos hecho mal.
-Mirando lo construido, ¿qué se ha conseguido y qué desafíos tiene el festival por delante para las próximas ediciones?
-Después de 11 ediciones hay cosas que nos hacen especial ilusión porque demuestran que lo que ocurre durante el encuentro puede continuar después. Graciela Iturbide, por ejemplo, vino a participar en Veintinueve Trece, regresó posteriormente para fotografiar Lanzarote y la Isla acabó formando parte también del documental sobre su vida. Metrópolis, de RTVE, dedicó un programa a aquella edición que, según los datos que nos trasladaron entonces, fue el más visto de la historia del programa. En 2025 fuimos el encuentro de fotografía mejor valorado en la convocatoria estatal del Ministerio de Cultura. Todo esto es posible gracias a muchas personas y al apoyo de Cultura del Cabildo de Lanzarote, el Instituto Canario de Desarrollo Cultural, Turismo Lanzarote, los Centros de Arte, Cultura y Turismo y Cultura del Ayuntamiento de Arrecife. Y si pensamos en lo que nos gustaría dejar, volvemos a esa idea de origen: que Canarias pueda recibir proyectos y personas de fuera, pero que también tengamos aquí la confianza, los espacios y las herramientas necesarias para crear nuestros propios relatos, generar conversaciones y reconocernos desde nuestra propia mirada.
-¿Qué querría que el festival dejara en la cultura canaria?
-Nos gustaría haber contribuido, desde Lanzarote, a que en Canarias haya más oportunidades para desarrollar proyectos, conocer otras formas de trabajar, crear vínculos profesionales y avanzar en la profesionalización del sector audiovisual. Y, al mismo tiempo, a generar espacios donde la ciudadanía pueda acercarse a cuestiones que nos afectan a todos, debatirlas, escuchar posiciones distintas y pensar otras maneras de abordarlas, también de forma colectiva. Estar conectados con otros territorios es fundamental y forma parte de Veintinueve Trece desde el principio. Pero una cosa es el intercambio y otra necesitar constantemente una validación exterior para saber que lo que se hace aquí tiene valor. Aspiramos a que cada vez haya más confianza y más herramientas para desarrollar una trayectoria desde Lanzarote y Canarias sin que el reconocimiento de fuera sea siempre el que determine su valor. Si algo hemos aprendido en estos años es que esto no lo hace una sola persona. Lo hace un equipo, la gente que colabora, quienes participan, el público y también las instituciones que sostienen el proyecto.









Añadir nuevo comentario