Ana Carrasco

Deshojando la memoria

Y luego entré en un campo de margaritas

y dije que sí a vivir,

dije que sí al amor,

dije que sí a ser,

iluminado por el sol

y sin temor...

Fabrizio Caramagna

 

Si dijera que empiezo este artículo deshojando una margarita, no sería precisa. No son hojas lo que arrancamos cuando "jugamos" al "¿me quiere, no me quiere?", sino flores. Cada "pétalo" extraído es una flor individual; por eso, a la familia de las margaritas, Asteraceae, también se la denomina Compuestas.

Aclaro un poco más: la supuesta "flor" de las compuestas posee dos tipos de flores: lígulas y flósculos. En el caso de una margarita común, las flores tubulares amarillas (flósculos) ocupan el botón central, mientras que las lígulas blancas se proyectan hacia el exterior formando una bella circunferencia.

Pero este artículo no va de flores. Acaso deshoja un poquito la historia de algunas mujeres cuyos nombres quedaron anotados en mis libretas, por encarnar, desde mi parecer, lo que la especialista en filosofía moral Corine Pelluchon define como "La potencia de lo femenino".

En honor a la belleza del campo llovido, escojo a tres. A tres Margaritas.

Margarita Nelken (Madrid, 1894)

Fue la única diputada española que obtuvo representación en las tres elecciones a Cortes durante La Segunda República (1931, 1933 y 1936). Periodista, traductora y crítica de arte, escribió a los 20 años "La condición social de la mujer en España". Pertenecía a la burguesía, pero se desclasó en coherencia con su defensa de la justicia social y mejora de la clase obrera. Nunca tuvo miedo en defender lo que creía, ni le importó ser madre soltera.

Margaret Mead (Estados Unidos, 1901)

Antropóloga y poeta. Revolucionó las ciencias sociales al cuestionar la visión biologicista y plantear que los contextos socioculturales son los responsables de los roles y conductas sexuales. Introdujo el concepto de género como construcción social. Cuestionó el racismo, el belicismo y la explotación ambiental.

Margaret Mee (Inglaterra, 1909)

Ilustradora botánica, pintora y sindicalista. Denunció a través de su paleta la deforestación de la Amazonia. En su juventud luchó contra el fascismo e incluso se implicó en la guerra civil española. Se especializó en orquídeas y bromelias. Realizó 15 viajes entre 1956 y 1988; a los 78 años, fue en busca de la "flor de luna", siendo la primera persona en pintarla.

Quiso el destino que las tres murieran en años terminados en ocho: 1968, 1978 y 1988. Un ocho es lo más parecido al símbolo del infinito, solo que este descansa acostado en lo eterno. Y ellas también, porque si bien fueron intencionadamente olvidadas, o no suficientemente reconocidas, e incluso amenazadas y despreciadas, es ineludible entrar en sus vidas por los postigos y puertas de sus causas y legados.

Nelken, Mead y Mee poseían esa fuerza vital fundamentada en la colaboración, empatía, resiliencia y creatividad, y que Corine Pelluchon define como "La potencia de lo femenino". La filósofa considera que, frente a la lógica de la fuerza y del dominio, es necesario sustituir la dominación por la cooperación e instaurar un proyecto humanista y ecológico. Y explica que "la democracia, para florecer y transformarse, requiere ideas, pero sobre todo amor". Se refiere al amor que reaviva el cuidado hacia los otros, y que no excluye a la naturaleza.

Margarita Nelken protegió a la clase obrera; Margaret Mead defendió que la ayuda y el cuidado es el hecho fundacional de la civilización; Margaret Mee se unió en 1969 a las protestas para denunciar internacionalmente la deforestación de la Amazonia. Para ninguna de ellas fue fácil defender sus ideales.

Nelken fue procesada y condenada a 20 años de prisión por un delito de excitación a la rebelión de los campesinos extremeños, pero pudo huir. Despreciada por ser madre soltera; la llamaban, para insultarla "el colchón de las redacciones". Yo, que me crié en la dictadura, recuerdo bien cómo la sociedad de entonces trataba a las madres solteras. Aún tengo grabado lo que escuché ante el embarazo de la hija de una vecina: había que evitar ir a su casa y no hablarle, por ser una "fulana". Yo era una chinija, tendría unos 9 años, pero me pareció tan injusto que sé bien el sitio exacto de la casa donde esas palabras fueron pronunciadas. Cuando algo nos impacta emocionalmente, el cerebro graba el contexto: dónde estábamos, qué hacíamos y con quién. A este fenómeno se le conoce como "memoria flashbulb".

"Flashbulb" aparte, sirvan estas breves reseñas para brindar por la fuerza transformadora y resiliencia de las mujeres y hombres que tienen ideas, las defienden y despliegan amor, porque esa esa potencia vital, según Corine Pelluchon para nada es algo exclusivo de las mujeres.

Ninguna de nuestras margaritas fue una flor simple, formaron una bella inflorescencia de resistencia y pensamiento. Por cierto, la palabra margarita proviene del griego (Margarites) que significa "perla".

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