La cooperativa Reflota impulsa unos talleres de introducción a la agricultura regenerativa orientados a recuperar el paisaje, la economía circular y la promoción de plantas nativas

En busca de agentes regeneradores para los suelos en Lanzarote
La cooperativa Reflota impulsa unos talleres de introducción a la agricultura regenerativa orientados a recuperar el paisaje, la economía circular y la promoción de plantas nativas
Hace años había pizarras, cartillas escolares y tablas de multiplicar. Ya han desaparecido, como los alumnos, y hoy su lugar lo ocupan los cooperativistas de Reflota y sus aparatos y mecanismos para nutrir a las plantas. Donde antes se alimentaba el conocimiento de los niños y niñas de Mácher, en la escuelita, hoy se preparan los nutrientes para la tierra. También hay espacio para las clases, porque este es uno de los lugares en los que imparten los talleres de agricultura regenerativa.
A la entrada llama la atención el ruido constante de un volquete que muele carbón, y a su lado un bidón azul donde se introducen minerales, estiércol o melaza, que hace la función de biodigestor y produce un abono líquido. También se elabora el bokashi, una especie de compost mejorado para ayudar a la fertilidad del suelo. Y se utiliza un refractómetro, no para la uva, sino para la savia, que mide los grados brix (el porcentaje de materia seca).
En el patio se hace harina de carbón y se mezcla harina de hueso con melaza, levadura y hojarasca con afrecho para reproducir los microorganismos. “Que la planta pueda comer lo que quiera cuando quiera, devolverle la fertilidad natural al suelo, esa es nuestra filosofía”, explica Isidro Pérez, que hace años comenzó a impulsar esta cooperativa.
La cooperativa Reflota tiene ya una larga trayectoria en la agricultura en la Isla. Además del proyecto para cultivar tuneras, que le llevó a firmar un contrato por cinco años con la firma Louis Vuitton, que emplea las tuneras en la elaboración de productos de cosmética, ahora a través de una subvención de la Reserva de la Biosfera y de Horizonte, la marca comercial de la cooperativa, está impartiendo unos talleres de introducción a la agricultura regenerativa que conceden a sus asistentes un carné de agentes regeneradores.
“El planteamiento formativo es práctico, cercano y honesto, centrado en compartir lo que funciona, explicar por qué funciona y señalar también los errores y aprendizajes acumulados durante el proceso de transición hacia modelos agrícolas más regenerativos”, señala el folleto que anuncia los talleres.
“No podemos estar sanos si no comemos sanos y si no cultivamos sano”
“Lanzarote y La Graciosa afrontan retos crecientes relacionados con la fertilidad de los suelos, la dependencia de insumos externos y la calidad de los alimentos que producimos y consumimos”, explican. Por eso los talleres no tienen un enfoque teórico, sino que se basan en soluciones como abonos orgánicos, fermentos y preparados minerales, que nacen de conocimientos contrastados en el campo “ajustados a un territorio árido con recursos limitados”. La tierra, los suelos, necesitan las tres emes, indican desde la cooperativa: microbiología, materia orgánica y minerales.
La finalidad última de estos talleres es la de formar una comunidad de conocimiento “continuo” en la que participen las personas que adquieren esos carnés de agentes regeneradores y que lleven a cabo este tipo de agricultura en la Isla, relacionada con “la custodia del territorio, la regeneración del suelo, la recuperación del paisaje y la economía circular, además de la promoción de plantas nativas”, señala Pérez.
Junto a Isidro está Rodrigo Delgado, cooperativista, que señala que lo que se ofrece es, en realidad, “un método de trabajo integral y continuado”. “La regeneración no se refiere solo a regenerar el suelo, sino a la forma de pensar la agricultura y la salud, al concepto de one health, una única salud, porque no podemos estar sanos si no comemos sanos y si no cultivamos sano”, apuntan.
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“Si se sabe que funciona una cosa, no hace falta que te lo cuenten”, dice Rodrigo
Rodrigo insiste en la necesidad de reutilizar y rentabilizar los recursos “que muchas veces se desperdician como basura”. “Para nosotros son productos útiles y solo hay que tener conocimiento para volver a darles vida porque estamos tirando recursos al vertedero”, señala.
También trabajan a medio plazo en la posibilidad de crear una asociación o una red de cooperativas en Lanzarote. “Se trata de convertirnos en Lanzarote en la entidad que asesore a otras cooperativas, porque ya somos un referente en este campo, y no sólo en la Isla, sino en Canarias”, explican, ya que lograron el contrato con la firma francesa de cosmética gracias a la filosofía regenerativa que aplican.
“Nosotros no hablamos de sostenibilidad, porque a veces parece que se habla de sostener este sistema y este sistema no va a ningún sitio. Nosotros pensamos que este sistema no funciona bien y hablamos de regenerar. Nuestro referente no es este sistema, sino precisamente cambiarlo, y se trata de una regeneración en todos los ámbitos porque el sistema no funciona”, añade.
Relevo
Hay poca gente joven que se interese por los talleres o incluso en el campo lanzaroteño. No hay relevo generacional. Dicen que la juventud “está muy alejada del campo”. No en todos los casos. Luca tiene 20 años y está trabajando ahora en la cooperativa. Estaba estudiando Diseño en la universidad y lo dejó. Empezó a trabajar en un supermercado pero prefiere este trabajo. No tenía mucha relación con el campo pero va aprendiendo. “Estamos cegados con el turismo y no nos abrimos a otros campos, pero hay que fomentar la agricultura”, asegura Luca, que además aporta al proyecto su experiencia en el diseño para la comunicación.
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“Lanzarote afronta retos crecientes relacionados con la fertilidad de los suelos”
Isidro dice que la degradación de los suelos se produce por agentes físicos, químicos o biológicos. “Lo físico lo tenemos más o menos arreglado con el rofe, pero la química o la biología nos dan problemas”. También dicen que el cloro del agua desalada es el menor de los problemas porque se puede ir en 24 horas, pero la concentración de sales sí que es alta. “Se puede compensar la mala calidad del agua con otros procesos que ayuden que el impacto no sea tan importante y así lograr un suelo mejor”, señala Rodrigo, que cree que es bueno extrapolar la filosofía de la cooperativa a todos los campos, al menos esa filosofía de trabajo y organización horizontal.
Rodrigo señala que el campo siempre se ha asociado a gente que tiene un bajo nivel cultural “y eso no tiene por qué ser así” porque “se puede unir la tradición con la ciencia y la tecnología” o “tecnificar y profesionalizar el campo”. “Esto vale para todos los tamaños, para un pequeño huerto y para una plantación grande”, apunta.
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Minerales
En Reflota trabajan con muchos minerales y productos distintos “a disposición del suelo”. Reconocen que para trabajar de esta forma hace falta una formación, como la que ofrecen. “Hace falta más trabajo, más conocimiento o un aprendizaje continuo y un cambio de mentalidad”, señalan. “Enseñamos a cocinar para las plantas, que por un lado puede dar más trabajo pero también reduce los costes y las dependencias del exterior”.
Rodrigo insiste: “Lo importante es mentalizar. Si se sabe que funciona una cosa, no hace falta que te lo cuenten. Lo mejor es verlo tú. Esto se aplicará si se ven los resultados. No queremos vender nada, sino solo mejorar la salud de la tierra”.
Se van a hacer talleres en los siete municipios de la Isla aunque algunos ya se han impartido. Son tres talleres teóricos y prácticos, “independientes pero complementarios”, en los que se ofrece a quien asista la posibilidad de elaborar, de forma colaborativa, todos los elementos que hacen falta para llevar a cabo este tipo de agricultura.
El primer taller, con el título de ‘Suelos en equilibrio’ aborda la elaboración del bokashi y trata sobre la biodiversidad y el equilibrio, los elementos de un suelo vivo y los consorcios microbianos. En el segundo, sobre ‘nutrición vegetal práctica’, se aprende a hacer carbón bioactivado y se aborda la teoría de la trofobiosis y cómo se alimenta una planta. En el tercero se habla del manejo regenerativo de un enarenado y se practica con los caldos minerales, entre otras actividades.
Los talleres se imparten los viernes y los sábados y tienen una duración aproximada de unas tres horas. En mayo se harán en San Bartolomé, Teguise y Yaiza y en junio se impartirán en Haría.
Además de la formación técnica, el programa incluye actividades comunitarias de elaboración de abonos y caldos minerales y la recuperación de una finca de tuneras ubicada en Mala, en la que se podrán poner en práctica los conocimientos adquiridos. La puesta en marcha de esta finca piloto, orientada a la recuperación del paisaje de la vega de Guatiza y Mala, es una de las líneas estratégicas del proyecto.
Los talleres nacen para dar una respuesta “práctica, accesible y adaptada al territorio” y están orientados a un público muy amplio: personas que cultivan la tierra a pequeña o mediana escala, estudiantes y personas en formación agrícola o jardinería o colectivos, entre otros. A los talleres también se han acercado miembros del Consejo Regulador de los Vinos de Lanzarote, y de varias bodegas distintas, además de agricultores profesionales y aficionados.
Las personas participantes recibirán, al finalizar, el carné de agente regenerador como reconocimiento a su participación y como puerta de entrada a la Red insular de agentes regeneradores, una comunidad de aprendizaje continuo vinculada a este proyecto.
Para más información: proyectoreflota@gmail.com.
















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