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“La gente sabe lo peligroso que es, pero eso no les frena”

La Red solidaria con las personas migrantes en Lanzarote y Alarm Phone conmemoran  en la Isla el quinto aniversario de la tragedia de Órzola, con familiares de los fallecidos

Saúl García 0 COMENTARIOS 03/07/2026 - 07:01

Un mosaico de fotos con nombres y rostros forma una pancarta. En el murete, junto a la marea, se suceden fotos con mensajes de sus familiares, extraídos de la página web missingattheborders.org, que recoge testimonios de familiares que buscan a los desaparecidos en las rutas migratorias. En la primera pancarta aparece Willy Mbaye, un joven senegalés fallecido en su intento por llegar a El Hierro, como casi otras 70.000 personas en la última década en cualquiera de las rutas entre África y Europa, según los datos del Proyecto Migrantes Desaparecidos de OIM (ONU).

La madre de Willy estaba invitada. Tenía que haber estado en este acto del miércoles 17 de junio, una de las acciones previstas en la ConmemorAcción Canarias 2026. Ese mismo día se cumplían cinco años del naufragio en Órzola de una neumática en la que viajaban 46 personas y cinco de ellas perdieron la vida.

La ConmemorAcción la organiza la Red de solidaridad con las personas migrantes en Lanzarote, junto a Alarm Phone, una organización, otra red, distribuida en dos continentes, que tiene un teléfono operativo durante las 24 horas del día para apoyar, buscar o informar sobre las personas que se lanzan a la ruta migratoria.

El cayuco en el que viajaba Willy explotó en mitad de la travesía. Murieron todos sus ocupantes. En su pueblo de origen, en Senegal, son ya más de 300 los jóvenes que no van a volver, que han perdido la vida de esa manera. La madre de Willy, ante la gravedad de la situación, decidió crear una asociación de familiares para hacer visible un tema que se maneja allí como una especie de tabú.

La Red invitó a estos actos a veinte personas de distintos países como Marruecos, Senegal, Costa de Marfil, Camerún o Guinea. De esas veinte, solo nueve han conseguido el visado. Al resto, como a la madre de Willy, se lo han denegado. Las activistas denuncian las irregularidades, externalizaciones y negocios que se producen en las embajadas en torno a estos permisos, que en muchas ocasiones se tramitan pero no se conceden. En este caso, la madre de Willy ya ha demostrado, explican, que no tiene intención de quedarse a vivir en Europa. Ya ha viajado en otra ocasión a un acto similar a Italia, y volvió a su pueblo, donde tiene su vida. “Son las arbitrariedades de un sistema injusto”, señalan.

La ConmemorAcción ha tenido varios capítulos. Alam Phone presentó un libro en A Casa Saramago sobre sus 10 años de actividad, visitaron el cementerio de Teguise y el Charco de la Condesa, en Órzola, donde se produjo el naufragio, y celebraron un acto reivindicativo en Arrecife.

Quien sí estuvo durante todos esos actos fue Ibrahima Ndiaye que, después de treinta años viviendo en París, ha vuelto a Bouaké, la segunda ciudad más grande de Costa de Marfil, en una de las zonas más desfavorecidas del país. No es la primera vez que viene a Lanzarote. Vino hace cinco años, aunque hubiera preferido no hacerlo. Llegó a la Isla para identificar el cuerpo de su prima, Nabintou Diaby, de 41 años, que fue una de las cinco personas que fallecieron en aquella patera en Órzola.

Familia

Se habían criado juntos. Su prima Nabintou también era su cuñada porque se casó con uno de sus hermanos, que había decidido emigrar un año antes, en 2020. El viaje, por el Mediterráneo, tampoco fue nada fácil. Se encontraba en Francia pero sin papeles. Cuenta Ibrahima que en la misma embarcación en la que viajaba su hermano, iban seis familiares más. “Esta embarcación tuvo un problema y solo sobrevivió él”, cuenta a Diario de Lanzarote. Por este motivo, por lo que había sufrido y porque había podido comprobar los peligros que encierra el viaje migratorio, le decía a su mujer que esperara un poco, que esperara hasta que su situación fuera mejor en Francia y pudiera viajar legalmente.

Ibrahima Ndiaye vino a la Isla hace cinco años para identificar a su prima

Nabintou y su marido habían dejado en su ciudad, con una amiga, a sus dos hijos, un niño y una niña que hoy tienen 11 y 13 años. La idea de ambos era la de pasar unos años en Europa, hacer dinero y volver para ofrecer un futuro mejor a sus hijos en su tierra. Ella tenía un comercio de ropa de segunda mano en su ciudad. No le iba mal del todo. De hecho, cuenta su primo, ella fue el sostén de la familia cuando se fue su marido, teniendo en cuenta que la situación se le había complicado y ni siquiera tenía un trabajo estable. “Ella era la que se ocupaba de toda la familia, era muy, muy buena persona, no hablaba mucho, pero siempre estaba muy entregada a los demás”, relata.

Ibrahima se había marchado a Europa a estudiar hace casi 30 años. Su hermano también quiso seguir ese camino muchos años después. No era tanto por necesidad como por inquietud. “Él quería cambiar de vida”, resume. Y Nabintou, un año después, se adelantó. No esperó a poder viajar de forma más segura. Él le decía que esperara, que iba a mejorar sus condiciones e iba a poder residir de forma legal. Explica Ibrahima que empezó a escuchar rumores, o temores, sobre la lejanía de su marido: “Ten cuidado, que tu marido está solo allá en Europa, igual encuentra otra mujer”, le decían. Y eso también le impulsó a querer reunirse con él.

Así que empezó el viaje, que la obligó a permanecer cuatro meses en Marruecos. “Pasó por Marruecos y las personas que convivieron con ella en estos cuatro meses también la recuerdan como una persona muy servicial, muy generosa”, dice su primo: “Rezaba mucho”.

Llegó el día de partir, intentó subirse a la embarcación, pero no pudo hacerlo a la primera, le entró el miedo y se quedó en tierra. Parecía que se había echado atrás, pero se subió a la siguiente. Toda su documentación, su pasaporte y el bolso de mano, se había quedado en esa otra neumática que también llegó a Lanzarote. El mismo día del naufragio llegaron a la Isla otras dos embarcaciones más, una por sus propios medios y otra rescatada por Salvamento Marítimo.

Rescate

El final ya se conoce. La embarcación encalló a unos metros de la costa en Órzola de noche, en una zona rocosa de difícil acceso. En condiciones normales, con luz y tranquilidad, a pesar de las dificultades, el rescate es más sencillo. El agua apenas cubre a una persona. Además de Nabintou, murió un niño de ocho años, Namory Bamba, que viajaba con su madre y su hermano pequeño, un bebé, y cuyo cuerpo fue encontrado al día siguiente. Los otros fallecidos aún no han sido identificados.

Con Iván, uno de los rescatadores. 

El mismo día del naufragio llegaron a la isla otras dos embarcaciones más

Gracias a la ayuda de unos vecinos de Órzola, la tragedia no fue mayor. Lograron sacar de allí a la mayoría de los náufragos. El día que Ibrahima fue a visitar la zona, hace unas semanas, Iván Betancort, uno de los rescatadores, pasó por allí, vio gente depositando flores en la marea y se paró. Los dos se unieron en un abrazo. Dice Ibrahima que sintió en ese momento como si estuviera abrazando a su prima. Y decía Iván, unos minutos antes, que han pasado cinco años, pero las imágenes de ese día no se le van de la cabeza. 

Desde el primer momento, el marido de Nabintou, que había estado en contacto permanente con ella y con quien organizaba el viaje, sabía que algo había ido mal. La ausencia de noticias era mala noticia. Cuando se tenía la certeza casi total que era ella quien había muerto, fue su primo Ibrahima quien vino a derribar la última duda que quedaba. Es una imagen que tampoco ha podido olvidar.   

Vuelta

Nabintou está enterrada en el cementerio de Teguise. Su primo sueña con poder trasladar sus restos a su ciudad, Bouaké, a donde ha regresado después de tantos años y trabaja como jefe de proyectos, tanto de eventos como de proyectos agrícolas.

La Red invitó a veinte personas de distintos países pero solo nueve consiguieron el visado

No va a ser sencillo. Como no ha sido sencilla la vuelta. Dice que esa zona de Costa de Marfil, el centro y el norte, es una de las más pobres y que está olvidada por parte de las administraciones. Explica que de allí sigue saliendo mucha gente hacia Europa con el objetivo de ahorrar dinero y, en la mayoría de las ocasiones, volver a su pueblo, abrir un negocio y prosperar. También dice que aunque “la gente sabe lo peligroso que es”, eso “no va a frenarles”. “Al final, la juventud es aventurera, en todos los sitios”, explica.

También señala que su país ha cambiado durante estas últimas décadas. La diferencia más grande que ha encontrado tiene que ver con que las condiciones de trabajo han empeorado, de la misma forma que la gente joven, que ahora tiene Internet y antes no, ya no está dispuesta a aceptar esas condiciones.

Alarm Phone, una red solidaria

Alarm Phone es una red de activistas distribuidos en países como España, Francia, Costa de Marfil, Senegal, Marruecos o Argelia. Cada año celebran eventos memoriales llamados ConmemorAcción, que empezaron organizándose cada 6 de febrero por la tragedia, en 2014, en El Tarajal, el paso fronterizo en Ceuta, entre España y Marruecos, por el que intentaron pasar aquel día cientos de personas, y decenas de ellas encontraron la muerte.

Es una red de solidaridad para todas las rutas y todos los momentos, desde los países de salida hasta los países de llegada, incluyendo los lugares de tránsito. También hacen un trabajo de sensibilización en los lugares de salida, para advertir de “los enormes riesgos” que corren quienes inician esas rutas e intentar, al menos, que el riesgo sea menor.

La ConmemorAcción se ha hecho este año en Canarias. Activistas de los dos continentes visitaron Lanzarote, Gran Canaria, Tenerife y El Hierro, con acciones diversas en cada una de las islas. Presentaron un libro que recoge el trabajo de 10 años, recordaron a las personas desaparecidas y denunciaron “las políticas responsables de sus muertes”, las políticas europeas que niegan los visados y las que externalizan y militarizan el control de las fronteras y la gestión de los flujos migratorios. “La agencia Frontex es responsable de muchísimas muertes en las rutas migratorias. Los europeos pueden venir sin ningún tipo de visado a nuestros estados y a cambio nosotros no podemos venir. Aquí mismo, en las Islas Canarias, estamos en una tierra africana pero con políticas europeas”, afirmaba en Lanzarote Babacar Ndiaye.

“A pesar del esfuerzo en red de muchos colectivos y organizaciones por documentar y denunciar las violaciones de derechos humanos en el mar, las muertes y desapariciones en las rutas migratorias siguen sucediendo día tras día”, señala Alarm Phone. En Las Palmas de Gran Canaria presentaron el colectivo en el Café d’Espacio. En Tenerife se reunieron con colectivos e instituciones en el Centro de Estudios Africanos de la Universidad de La Laguna, en cuyo campus realizaron un acto de conmemoración, un acto que se repitió después en el muelle de La Restinga, en El Hierro.

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