Ana Carrasco

Historias con espacios

Hay historias del agua, hay historias de secuestros y hay historias de secuestros del agua. Este artículo bien podría referirse al secuestro de la concesión del servicio integral del agua por parte del Consorcio del Agua de Lanzarote; o sea, el proceso de rescisión de contrato a Canal Gestión Lanzarote, filial de Canal de Isabel II, llevado a cabo el pasado 3 de junio, de este año. A raíz de este secuestro, el Consorcio del Agua de Lanzarote se enfrenta a una batalla judicial y a la responsabilidad de producir y hacer llegar el agua, sin pérdidas ni fraudes, a todas las poblaciones de la isla. Es el reto más importante que tiene Lanzarote por delante. Sin agua estamos perdidos, socialmente muertos.

Pero este artículo no va de la gestión del agua de Lanzarote ni de su vulnerabilidad. Discurre por otros cauces: el contenido de un libro que llegó a mis manos a través de Alba Cantón, cofundadora de la editorial de literatura de viajes "Itineraria". Hacía meses que el libro reposaba en mi escritorio; tiempo me faltó para sumergirme en él. Por fortuna, llegó el día en que empecé a nadar entre sus páginas y desde entonces, con cada avance, escucho la voz del agua.

“Agua. Historia de un secuestro” está escrito por un reportero sensible nacido en Cracovia, una ciudad polaca preciosa en la que estuve unas horas y a la que siempre he querido volver. Cracovia es tan bella como bella es la escritura de Szymon Opryszek; así se llama el autor. Lo malo del libro es que cuenta una historia real, tan real como la crisis hídrica en Lanzarote o en el mundo.

Szymon investiga un secuestro: el de un guardián de mariposas de un santuario de México, en el estado de Michoacán, dentro de la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca. Homero Gómez «desapareció» no por cuidar a las mariposas, sino el agua. Porque las mariposas monarca, en su gran migración desde las Montañas Rocosas de Estados Unidos, llegan a México e hibernan en los bosques de oyameles, un tipo de abeto. Y Homero sabía que sin bosques no habría mariposas ni agua; y sin agua no habría maíz, y sin maíz, habría hambre.

Me gusta leer a Szymon Opryszek; valoro su atrevimiento y la osadía de adentrarse en un mundo hostil donde proteger un bosque puede costarte la muerte. En la última década han sido asesinadas en México 199 personas defensoras de la naturaleza, según los datos del Centro Mexicano de Derecho Ambiental. Szymon ha viajado por el mundo; su itinerancia por amor al agua recoge testimonios, algunos tan bellos como el de una investigadora que no quiere ver el mundo como un mero depósito de recursos. Ella le habla, le dice que se puede leer un paisaje de colinas como un libro en el que cada página está compuesta de palabras: abetos, mariposas… Entre las palabras hay un espacio: “Ese espacio es el agua”, es “lo que aglutina todo”. Sin agua, el libro no existiría.

En algunas culturas indígenas mexicanas, las mariposas monarca representan las almas de los difuntos que regresan al mundo de los vivos. Si existen es porque hay bosques; si hay bosques es porque hay agua. Si falta el agua, las almas de los difuntos no podrían regresar al mundo de los vivos. Sin agua, no habría un mundo de vivos.

P.D. El libro que empieza a escribir el Consorcio del Agua de Lanzarote tiene muchos espacios por los que se escapa el agua. Szymon Opryszek escribe con esperanza, con la pasión de lo posible. Ojalá esta isla pueda escribir una nueva historia también desde la esperanza. Gracias, Alba, por este regalo, por editar itinerancias tan bellas, ya sean de viajeras, de reporteros o de hermosas mariposas.

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