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“Hacer un poema y que pase al libro es como ir a la Luna y volver sin escafandra”

Eloy Sánchez Rosillo, Premio Nacional Adonáis de Poesía

Myriam Ybot 1 COMENTARIOS 14/06/2026 - 07:16

A juzgar por sus palabras, la jubilación fue para Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) una suerte de liberación, pese a reconocer que su desempeño docente en el departamento de Filología Románica de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Murcia “no le disgustaba”. “La profesión es lo que hace uno porque tiene que vivir, si no tiene la suerte de ser rico por casa; y otra cosa es la vocación verdadera y honda, como en mi caso es la poesía”. Su trayectoria, por lo tanto, no la marcan los largos años de profesorado, sino sus doce poemarios, que nacen “cuando ella tiene a bien acercarse”.

-La literatura como profesión y como vocación... ¿es la felicidad?

-Realmente no tiene mucho que ver una cosa con otra; es decir, no veo mucha afinidad entre la dedicación académica o de cualquier tipo y la verdadera vocación de una persona. La profesión es lo que uno hace porque tiene que vivir, si no tiene la suerte de ser rico por casa. Y otra cosa es la vocación verdadera y honda, como es, en mi caso, la poesía. Uno puede ser ingeniero de minas y poeta, o poeta y bombero, o poeta y astronauta. Es cierto que dar clases de Literatura en la universidad, durante muchísimos años, no me disgustaba, pero cuando se quiere escribir poesía hay que estar solo, debes poder retirarte y que nadie te obligue a ir a ningún sitio, dedicarte a mirar las paredes y el cielo a ver si la poesía tiene a bien acercarse a ese lugar en el que tú te encuentras. Y cuando te alcanza, ves que allí hay un gran silencio, plenitud, y serenidad, que todo está iluminado y vivo.

-¿Entonces, la producción poética no se trabaja, como la narrativa?

-La poesía llega, y lo hace con más facilidad si estás solo y atento. La casa del poeta es la soledad; sin ella y sin silencio no se puede llegar a donde se quiere llegar, es algo fundamental para cualquier labor del espíritu. Y la poesía es una de ellas, quizás es la que está en todas las artes. La pintura no es pintura si no está atravesada o impregnada por la poesía, y lo mismo pasa con la música. Y de igual forma, la poesía, si es verdadera, no nos puede dejar indiferentes. La retórica y el cascabeleo están al alcance de cualquiera, pero es mucho mejor cuanto más desnuda nos llegue, sin aditamentos, adiposidades o ropajes. Entonces los versos nos hablan como nadie lo ha hecho, parece que nos ven por dentro.

-Para legos en la materia o lectores no expertos, ¿es posible diferenciar la poesía verdadera de la que no lo es?

-Pues para el lector, la prueba del algodón de la poesía es que te conmueva, que te emocione. Si uno lee las coplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre, o la Epístola moral a Fabio, en fin, cualquier poema grande y verdadero, y lo lee con atención, siente que algo sucede, que ya no es la misma persona después de conocer esas obras, porque han enriquecido su espíritu. Esa es la prueba de la verdadera poesía. Pienso, además, que el poema tiene dos creadores. El escritor es el primer lector, pero cuando el libro se cierra, se hace la oscuridad, desaparece; y cuando el lector lo abre, lo vuelve a crear, porque cada uno lo interpreta a su manera, a cada uno le sirve para algo distinto. No hay que ser muy inteligente ni tener mucha sensibilidad, solo ser una persona sana y dispuesta a impresionarse.

“El premio Adonáis me hizo poeta, no solo ante los demás, sino ante mí”

-¿En qué momento se reveló su vocación?

-El niño es poético por naturaleza, es pura poesía, pero la vocación de la poesía suele empezar en la adolescencia, cuando uno empieza a preguntarse por las cosas del mundo. En la niñez no te preguntas nada, simplemente eres uno con el mundo; pero después la cosa cambia radicalmente y de pronto no sabes qué hacer contigo y empiezas a preguntarte por las grandes cuestiones de la vida, por el paso del tiempo, por el amor, por la muerte... Es en ese momento cuando, si es que estás destinado a ello, nace la vocación artística. Cae algún libro de poesía en tus manos, de los que uno tiene en el instituto, o en el lugar donde estudie, y de pronto aquello le conmueve y se dice: “Yo querría hacer algo así”. Hay mucha gente que en la adolescencia siente esa inquietud; a algunos luego se les pasa, aunque sigan siendo buenos lectores toda la vida. Pero hay personas, como yo, que me ha tocado ese destino: A los 17 años descubrí que lo único que quería hacer en esta vida era escribir poesía, estar atento a ese misterio que es el mundo y tratar de aproximarme con un bolígrafo o una pluma en la mano, a través de la poesía.

-¿Qué hace falta para escribir poesía?

-Para escribir poesía hacen falta tres cosas; un poco de talento, porque claro, si no lo tienes, ya puedes hacer lo que hagas que nunca saldrá un poema que merezca la pena. También la constancia y la perseverancia, y tener siempre la ilusión de que, a través de ti, a través de tus escritos, la poesía se manifieste y aparezcan en el mundo poemas que antes no existían, con capacidad de conmover a quienes los lean. Si no sucede nada cuando el lector lee tus poemas, estás perdiendo el tiempo. Y hace falta suerte, claro. Que lo que vayas haciendo, sea bien recibido y que no quede en el vacío. Y desde luego, no pensar nunca que eso que estás haciendo podrías igualmente no hacerlo, sino que no tengas más remedio. Yo nunca he escrito un libro diciendo: bueno, voy a escribir ahora un libro sobre esto o sobre lo otro. Porque, en realidad, la unidad de medida en poesía es el poema, no el libro. Cuando tengo un número determinado de poemas, entonces, misteriosamente, al reunirlos y barajarlos, aquello tiene coherencia, parece que se ha hecho con una idea previa.

-Y una vez alimentada esa pulsión reveladora ¿considera que la publicación editorial es necesaria?

-Es fundamental, claro. El escritor lo es porque escribe, pero también tiene la necesidad de dar a conocer el fruto que ha sostenido escribiendo. Y eso es muy difícil, los primeros pasos son siempre complicados. Cuando empecé a escribir, sabiendo que eso era lo que yo quería hacer en mi vida, tenía 17 años. No tuve una larga prehistoria, pasé ocho o 10 años sin que me gustara lo que hacía, lo iba rompiendo o lo iba guardando. Hasta que llegó un momento en que, sin estar convencido, porque uno siempre tiene sus dudas, me encontré con que tenía lo que podía ser un libro y quise darlo a conocer, no tanto para ser considerado poeta sino por saber si lo escrito tenía algún interés. Entonces, en 1977, mandé el poemario al premio Adonáis y tuve la suerte de ganarlo. Siempre digo que ese premio, que entonces era muy importante, me dio confianza en lo que hacía y me hizo poeta, no solo ante los demás, sino ante mí mismo. Y me permitió seguir trabajando y tratando de hacer poemas cada vez mejores.  Como tuve la fortuna de encontrar cauce hacia el lector, poco a poco se fue consolidando mi trayectoria, y adquirí una responsabilidad mayor con respecto a mi vocación, algo que empezó en mi adolescencia y que llegará hasta donde yo llegue, es decir, hasta el fin de mis días.

“Escribir poesía es hermoso, aunque parezca más gratificante ser cantante”

-¿Interesa la poesía a la juventud? ¿Tiene testigo su lectura y escritura en las nuevas generaciones?

-Escribir poesía es un trabajo hermoso, aunque en sentido social puede parecer mucho más gratificante ser cantante o futbolista. Pero es cierto que es más difícil que llegue al público por su complejidad y por el impacto que provoca. Hablo siempre de la buena poesía, porque la mala poesía, que es la que generalmente se publica, no contiene nada. Un buen libro de poesía hace que el lector se encuentre consigo mismo en lo más profundo. No es como la novela, que te puede contar una historia que sucede en la India; te saca de ti y te lleva. La poesía, por el contrario, hace que te metas dentro de ti, y no siempre estamos dispuestos a hacerlo. En los poemas, la poesía verdadera aparece cuando coges un libro y te das cuenta de que el poeta no está hablando solo de sí mismo, sino que también está hablando de ti. Un libro de poesía no es una ventana que te asoma a ciertos lugares, sino que es como un espejo en el que te encuentras contigo mismo. Quizá la gente joven, que ya es poco lectora, no tiene una capacidad de introspección a este nivel; que un joven se acerque a la poesía parece más bien cosa del destino. La enseñanza hoy en día es cada vez más burocrática y superficial. Ni la universidad ni el instituto son espacios adecuados para alimentar la curiosidad por la poesía. Te pueden enseñar a hacer un puente o una carretera, si vas a ser ingeniero, arquitecto o lo que quieras, pero a ser un buen lector o a que te interesen las cosas relacionadas con el espíritu, yo creo que no te enseña nadie.

-Sin embargo, la mirada poética desde sus múltiples voces, parece más que nunca necesaria.

-La educación, la vida, la sociedad, nos aparta de nosotros mismos y de lo verdaderamente importante, que es entender el mundo y disfrutar de las cosas del mundo; y nos pretende honrados ciudadanos que contribuyan a que el Estado funcione y a que los políticos vivan gracias a los votos. Ellos nunca han creído de verdad en las artes, ni en la poesía, ni en la pintura, ni en la música. Lo consideran, a lo mejor, algo bonito, decorativo, no fundamental. Tampoco es algo propio de ahora, todas las épocas son difíciles para ciertas cosas; así que acercarse a lo verdadero es muy sencillo por un lado, y muy complicado por otro. Las artes en general, los verdaderos artistas o las verdaderas obras de arte, no tienen mucho que ver ni siquiera con la cultura, sino con lo más primigenio y más original del ser humano. Es algo misterioso que sucede, si es que tiene que suceder, y ocurre de la manera más inopinada. Porque la poesía no la hace el poeta, el poeta colabora con la poesía, pero el poema sucede de una manera misteriosa; no es algo que esté en la mano del poeta, que puede estar dos años sin escribir ni una línea. Y es una maravilla ver en un papel en blanco cómo, de pronto, va sucediendo algo que a ti mismo te conmueve. Cuando siento que he escrito un buen poema, con una luz especial, me siento el rey del mundo

-¿Considera que su producción literaria ha evolucionado desde que comenzó a escribir, hace cerca de 50 años?

-Igual que evoluciona la vida del poeta, evoluciona su poesía, siempre que se escriba con autenticidad. Desde que empecé a publicar han sucedido muchas cosas y mis poemas han ido cambiando, espero que para bien, porque, aunque la inspiración viene de no se sabe dónde, se va a aprendiendo y afinando lo que se quiere decir. Mis primeros cinco libros, según la crítica y también en mi opinión, tienen un tono elegíaco, de pérdida. Cuando eres joven y acabas de aterrizar desde el paraíso de la infancia, piensas que el mundo va a estar a tu servicio, que todas las muchachas se van a enamorar de ti, pero ves que eso no sucede, que estás solo y desvalido. Y la poesía, que habla de la vida más íntima, tiene entonces con frecuencia un tono de pérdida, de algo que se marcha. Luego mis poemas viven un proceso de transición y se vuelven celebrativos, porque la madurez muestra que la vida es una maravilla. Y que el tiempo pasa pero sus dones permanecen en nosotros y siguen vivos, porque nos han transformado para siempre. Finalmente, mi último libro, Venir desde tan lejos, es una obra de recapitulación, en la que hay de todo.

“Un buen libro de poesía hace que el lector se encuentre consigo mismo en lo más profundo”

-Su libro ‘El sueño cumplido’ recoge sus escritos sobre poesía, además de poemas y entrevistas que versan también sobre el género.

-Sí, el título enseguida me vino, El sueño cumplido, porque desde que la vocación poética se apoderó de mí, cuando nadie daba un duro por mí, no he querido hacer otra cosa y ¡ojalá! haya algo que sea un verdadero poema. He intentado por todos los medios que eso suceda porque ha sido mi ilusión en la vida y no lo cambiaría por nada. Hacer un poema y que se sostenga y pase al libro es como ir a la Luna y volver, pero sin escafandra. Un poema es siempre un milagro.

-¿A quiénes mencionaría como poetas verdaderos o artífices de la poesía verdadera?

-Pues el primero, el poeta más joven de todos, Homero. En realidad, poetas fundamentales no ha habido tantos, unos cuantos en cada lengua.  En España, empezaría quizás por las coplas de Jorge Manrique, por los cancioneros medievales, las canciones populares... Uno de los poetas que más me gusta es Fernández de Andrada, el autor de la Epístola moral a Fabio. Luego, si hablamos de tiempos más recientes, pues tenemos a Juan Ramón, Unamuno, Antonio Machado, Luis Cernuda, o Claudio Rodríguez, acercándonos más aún...  De autores muy actuales nunca me gusta hablar porque son obras que aún están en marcha, y es difícil valorar qué quedará de eso.

Comentarios

"Escafandra". Tuve que buscar esta palabra en el diccionario y es un traje de submarinismo. Esta actitud clasista de usar palabras "selectas" que al final están mal elegidas crea un efecto repelente hacia la poesía porque la hace clasista e insufrible.

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