Irma Ferrer

Turismofobia

Sentir fobia al turismo es la secuela más lógica y elemental que se padece tras sufrir las consecuencias del desarrollo invasivo y extractivo de la industria turística en el planeta y, más en concreto, en Canarias. La evidencia no deja duda alguna; el desarrollo de la industria turística daña de forma irreversible aquellos territorios donde se expande, genera pobreza y desigualdad en las sociedades donde se instala, arrasa con la cultura local y la identidad de los pueblos, contamina el medio ambiente, extermina la posibilidad de plantear una vida digna a los habitantes del lugar en donde se expande y pone en serias dificultades la existencia de un mundo habitable en términos temporales cada vez más cortos. Lo distópico sería no tener aversión al turismo.

Es incuestionable que el capitalismo, basado en un crecimiento ilimitado a costa del uso de los recursos de un planeta finito, es la causa y origen del exterminio de la vida tal y como la hemos conocido. Por tanto, sostener esta economía suicida, que ya está mostrando su capacidad mortal, es contribuir a empeorar los perversos efectos del sistema económico que impera. Mientras no enfrentemos el cambio del más por el mejor, mientras sigamos transformando a los ciudadanos en consumidores, mientras sigamos dejando la gestión de lo público en manos del mercado de la bolsa, mientras sigamos siendo vasallos de industrias como la turística y la de la construcción, seguiremos siendo incapaces de identificar que es el turismo el que vive de nosotros y de nuestra tierra.

Entiendo la dificultad de reconocer abiertamente un rechazo firme al turismo, no es fácil desaprender cuando se ha asimilado colectivamente que “vivimos del turismo”, y que si no fuera por el maná de las sandalias con calcetines volveríamos a pasar hambre y sed. Rechazar lo aprehendido culturalmente desde siempre supone un esfuerzo de madurez e independencia difícil de alcanzar y sostener cuando no se tienen las herramientas, los medios o la fortaleza necesaria para nadar contra corriente. Pero cuando es la vida la que se ve directa e irremediablemente dañada por la economía, empeñarse en mantener un sistema económico suicida no sólo es irracional sino antinatural, por lo que el bucle se convierte en patológico.

Espero que se entienda bien lo que estoy intentando expresar, sin ambages ni rodeos y siendo plenamente consciente del revolcón reaccionario que sin duda llegará afirmo que estamos en una sociedad enferma cuando no se defiende de prácticas y actividades suicidas basadas en un crecimiento ilimitado, y entre ellas, destacan notablemente la actividad turística y la de la construcción. La economía entendida como desarrollo ilimitado es mortal por necesidad.

Nos distraen con los síntomas ante la falta de voluntad política de enfrentar la causa de la enfermedad. La culpa no es del clima por mucho que nos entretengan con las llamadas eufemísticamente “olas de calor”, la causa es nuestro modelo de vida capitalista y su efecto es el cambio climático. Y no es el clima el único efecto perjudicial de esta economía, es la contaminación del agua, el aire y la tierra, es la sexta extinción de las especies, es la crisis de las materias primas, es la crisis democrática y es la crisis humanitaria. Es lo que los expertos llaman “tormenta perfecta” y que, lejos de la opinión generalizada, es previsible y, por tanto, se puede prevenir.

Evidentemente la responsabilidad de mantener un sistema que nos lleva a una crisis civilizatoria no puede repartirse en términos equitativos entre la población, los partidos y los dirigentes económicos. Es cierto que la izquierda no avanza al ritmo que la urgencia requiere, pero es la política negacionista de los partidos de extrema derecha la gran mentira tóxica (PP, VOX y todos los que se apunten a brutos).

La desigualdad crece al mismo ritmo que la frustración alimenta el fascismo, las políticas de la derecha desarman la democracia a cambio de una caña en la Plaza Mayor, algo tan antiguo como el pan y el circo mientras Nerón quemaba Roma. La riqueza se acumula en manos de una escasa minoría que ordena y manda a las marionetas que se presentan a las elecciones. Trump niega el cambio climático, pero no ha hecho otra cosa que usar el poder de ser presidente de E.E.U.U. para acaparar recursos en sus manos, las de su familia y en las de sus correligionarios. Yo diría que no sólo conoce las consecuencias del capitalismo obsceno, sino que se prepara para escapar de los efectos mortales del sistema que alimenta.

En la escala local ocurre lo mismo, cobardes y traidores vestidos de grandes empresarios de la construcción y del turismo niegan a voz en grito el cambio climático, se resisten a dejar que la gallina de los huevos de oro muera en paz, pero bien que acaparan recursos para sobrevivir. Extraen recursos de las islas mientras se construyen sus cuarteles del norte, invierten su capital en otros lugares del planeta, ellos sí diversifican su economía, adquieren refugios climáticos donde pretenden garantizar su supervivencia .. en fin, que para aprovecharse del capitalismo de amiguetes los primeros, para huir de la isla cuando empiece la sed y el hambre, también los primeros.

¿Ves a los adalides del desarrollo en pleno brote psicótico cuando subimos del 95% de ocupación o superamos algún récord turístico? Es la histeria de los matarifes. Y luego se extrañan que mostremos cierta aversión a la fiesta de la matanza.

Cuando la humanidad desborda los límites biofísicos del planeta, falta planeta. El genocidio palestino es tan caro en estos tiempos como lo fueron en su día las balas para los nazis. No había bala para tanto exterminio, así se inventaron las cámaras de gas, rebajas en la muerte masiva. Ahora todos alimentamos la IA con un entretenimiento que regala nuestros datos a la mayor arma de destrucción masiva creada hasta la fecha. Exterminio barato y masivo. Sobran humanos, faltan recursos. Planeta Palestina.

La política económica, social y territorial del Gobierno de Canarias no va a ser inocua ni puede quedar impune. Si distingues entre territorio y suelo no te costará relacionar la Dana de Valencia, los incendios de la península y las inundaciones de este invierno con la nueva ley que da carta de naturaleza al urbanismo del promotor. La línea de puntos dibuja un drama. Una auténtica catástrofe sí, pero previsible, y que se puede prevenir.

Practicar una actividad que no sólo es contraria al bienestar social sino tremendamente peligrosa para la humanidad hasta el punto de ser un factor determinante en la destrucción de la vida es poco inteligente. Y altamente beneficiosa para los sociópatas que pasean impunes por nuestras calles.

Dime ¿padeces turismofobia?

                       

Comentarios

Irma si todos fuéramos tan extremistas en cuanto al turismo y hacer turismo ( tampoco eres partidaria ; respetable tu opinión) , francamente las vacaciones las limitaríamos a ir a casa de los abuelos y al baño en la playa sin que nadie pueda modificar absolutamente nada . Entiendo que que debemos ser coherentes y trabajar juntos para mantener nuestro entorno lo mejor posible pero siendo activos y no pasivos en las vías de disfrute vacacional . La IA no sustituye nuestra propia vivencia y la libertad de cada uno para elegir como disfrutar del verano . Y gracias Irma por hacernos pensar .
Si es racional no es una fobia. Tú misma te disparas un tiro en el pie usando el término en lugar de inventarte otro como "turismofatiga".
Irma, has tenido el valor de escribir lo que muchos piensan y pocos se atreven a decir. El turismo ha dejado de ser una actividad económica para convertirse en una maquinaria de saqueo que consume agua, suelo, viviendas y dignidad a cambio de beneficios para una minoría. Nos han repetido durante décadas que vivimos del turismo, cuando la realidad es que cada vez vivimos peor por culpa de él. No necesitamos más récords de visitantes, sino más posibilidades de vivir en nuestra propia tierra. Quienes defienden este modelo suelen hacerlo desde sus despachos o sus cuentas bancarias, mientras el resto pagamos el precio. Gracias por poner palabras a una realidad incómoda. Canarias merece un futuro donde la vida de su gente esté por encima del negocio turístico.
Muy bonito lo de buscar un culpable a nuestros problemas pero ¿por qué nadie hace nada? No veo a nadie abandonando su trabajo como camarero o eliminando su segunda residencia de Airbnb y mucho menos veo a nadie yendo a regar su terreno agrícola (excepto si está en La Geria que lo mantiene para explotar una bodeguita sacando pasta a los guiris con excursiones guidas y degustaciones de quesos y vinos sobrevalorados)... Os veo a todos muy felices echados en la playa o en vuestras tumbonas junto a vuestra piscina privada (por cierto, llena con un agua "robada" a Canal Gestión) mientras os quejáis de boquilla de supuestos problemas que apenas os afectan.
Hablar , hablamos todos pero hacer unos pocos que curiosamente no pertenecen al grupo de los que hablan. Es típico en ésta isla que cara a la galería todos son ecologistas , sensibles con el medio ambiente y críticos con esa gente del turismo que supuestamente explota lo que es nuestro . Ahora en lo privado , en el entorno de la tribu todos y todas viven como reyes , aprovechan todas las invitaciones y disfrutan con lo que los otros les ofrecen , máxime si no les cuesta un duro o lo creen necesario para aparentar que eso es muy importante . Que listos son los unos y los otros aunque los otros no se esconden y los unos disimulan .
Cuál es la alternativa económico social al turismo en la isla que mantenga la calidad de vida y la población actual? Quién está dispuesto a renunciar a su modo de vida? A quiénes que no dispongan de patrimonio sacrificaríamos? Quién está dispuesto a intercambiar su bienestar personal por el bienestar del territorio? Cuál es el soporte real de la población de las islas a las últimas consecuencias del antiturismo total?
No es turismofobia es RESISTENCIA

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