Ana Carrasco

El quinto día

Ordenando libretas encontré una lista escrita a mano de los peces observados en la Playa del Reducto en el año 2018. «No puede ser, es muy larga», dije para mí. Mi asombro, mejor dicho, mi desconcierto, no provenía solo del gran número de especies, sino del olvido. No recordaba todo lo visto: ¡Horror! Con qué facilidad nos acostumbramos a la nada, a un mundo vacío.

Para que se hagan una idea, transcribo las especies anotadas: palometas, lisas, cabrillas, romeros, viejas, pejeverdes, tamboril espinoso y tamboril común, salmonetes amarillos, arañas, bogas, seifíos, sargos picudos, sargos breados, galanas, salemas, y bocinegros. A día de hoy, verano de 2026, la lista de especies observadas se reduce a menos de la mitad. ¿Dónde están las demás?, me pregunto. ¿Dónde están los otros?, les pregunto a ellos.

¿Ha sido la contaminación por fecales, la presión humana, los componentes de las cremas solares que en extensas manchas aceitosas y brillantes se mueven en dirección a Fuerteventura; la calentura del agua o el ruido que ha venido a invadir esta playa y alrededores de un tiempo a esta parte? De todo mucho. Los informes sanitarios del Servicio Canario de Salud no solo destacan la presencia de microorganismos fecales, sino también de aceites minerales, alquitrán, sustancias tensoactivas, microplásticos y más... Si antes nos bañábamos en agua salada, hoy lo hacemos en un agua salada exhausta. Observables en la orilla son colillas, trozos de trabas de ropa, envoltorios descompuestos de todo tipo, tapones y restos de vasos de plástico o marañas de toallitas húmedas, esas que, por desgracia, mucha gente tira al váter y terminan en el pescado que nos comemos.

Ante todo este cóctel fatalista, los salmonetes ya no remueven la arena con sus barbas, las crías de bocinegros no visitan la orilla. Ni rastro de las elegantes palometas. La playa no es la misma, su fondo arenoso parece un desierto. Y donde alcanzas a ver más vida es en las rocas y peñas que sobresalen a marea vacía. Al subir la marea son un punto de "pastoreo" para diferentes especies. Se trata de un pequeño oasis en la orilla que alguien hace tiempo propuso eliminar para ganar metros de arena; menos mal que la idea del aplanamiento quedó en nada. Triste y absurdo es querer adaptar la naturaleza a nosotros, en vez de nosotros adaptarnos a ella.

Dice el Libro del Génesis que Dios creó a los peces el quinto día, un día antes que al ser humano. Y dispuso que sus criaturas, hechas a su imagen y semejanza, ejercieran dominio y cuidado sobre lo creado: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra". Pero cuidado, porque en el texto sagrado 'señorear' tiene su aquello.

Si existiera un informe PISA al respecto, este destacaría el déficit de compresión lectora de los humanos, pues mal se ha interpretado la palabra señorear. En "El Génesis", el término significa gobernar con mayordomía y cuidado. Es decir, con sabiduría, no destruyendo.

En fin, que todo esto que escribo tiene también otro propósito. Me gusta bañarme en la Playa del Reducto solo cuando la marea está llena y el agua más transparente, sin esa nata grasienta que dejan los cuerpos embadurnados de protectores solares. Pero más que nadar, me gusta ver el fondo marino. Y si veo un sargo breado u otra especie, entonces permanezco muy quieta para no molestar. Bajo el grato estado de contemplación, mi pensamiento también se dirige al personal de vigilancia de El Reducto, pues mi cabeza canosa boca abajo podría alertarlos. Para tranquilizarles, salpico el agua con los pies: es la forma de decirles que sigo viva.

El otro día, al salir del agua, cerca de las duchas, coincidí con uno de los vigilantes. Me saludó con una enorme sonrisa. Yo le sonreí con complicidad. Pensé para mí: qué manera más bonita de agradecerme que salpique. A ellos, mediante este artículo, quiero agradecerles su trabajo, agradecerles que estén ahí observándome mientras yo observo peces.

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