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Santos Manuel Arrocha, medio siglo subido a un escenario

El músico, que llegó a ganar el Festival de la Canción de San Ginés en los años setenta, repasa su trayectoria profesional en salas de Canarias y el extranjero

María José Lahora 0 COMENTARIOS 28/06/2026 - 08:14

La infancia de Santos Manuel Arrocha (Arrecife-1946), cantante y compositor, no fue fácil. Con tan solo siete años de edad tuvo que abandonar la escuela para enrolarse en los barcos que realizan la zafra en la costa africana. La pesca era el futuro que le deparaba a muchos de los muchachos de la Isla en una de las épocas de mayor bonanza de la actividad. “Cuando era niño lloré mucho, porque no quería dejar la escuela, pero era lo que tocaba. El profesor tampoco contradecía la decisión de los padres de que tenías que dejar el colegio para ponerte a trabajar”, recuerda.

Las condiciones laborales en las que han tenido que faenar los marineros han inspirado al cantante para crear alguna que otra composición. Como ese tema que habla de que los tripulantes se veían privados de la jubilación al no contar con el abono de las cuotas de la Seguridad Social. También cuenta con otra creación en homenaje a los dos tripulantes de la embarcación que naufragó frente al antiguo muelle comercial de Arrecife, Ramón Hernández y Manuel Gutiérrez, el sábado 17 de marzo de 2012. El barco, Popeye II, quedó a más de treinta metros de profundidad en la Baja de La Lagarta, mientras que los cuerpos fueron arrastrados por las corrientes. Santos Manuel Arrocha recuerda las primeras líneas de la dedicatoria convertida en música: “Fue un sábado extraño cuando dos amigos salieron en su barco para ir a pescar”. Es una de las muchas letras que perduran en su memoria tras medio siglo de carrera musical.

En su etapa de marinero, Santos Manuel Arrocha trabajó enrolado en la costa africana desde temprana edad hasta llegar a asentarse en Villa Cisneros (actual Dajla​) donde también estuvo realizando labores de redero en tierra. Con la llegada de la juventud descubrió su talento para la música, en la que se inicia en los años 70 con contratos en Gran Canaria y Lanzarote, así como en países nórdicos, lo que le permitió labrarse una próspera carrera musical como intérprete y compositor.

Comenzó su trayectoria en Las Palmas de Gran Canaria junto a su hermano Marcial con quien compró el primer equipo de música para sus actuaciones. En la capital grancanaria trabajó en una sala de alterne para más tarde llevar sus conciertos hasta un hotel de Playa del Inglés, labor que compaginaba con las actuaciones en horario diurno en un crucero turístico en Puerto Rico ante más de cien personas.

De Gran Canaria se trasladó, a principios de los setenta, a Suecia también junto a su hermano Marcial. Dice que hasta allí le llevó la casualidad de echarse una novia sueca. Tanto le gustó la experiencia que repitió durante varias temporadas que alternaba con sus contratos en recintos de las Islas. Su trayectoria internacional le permitió actuar en otras tantas ocasiones en escenarios de Suiza, Dinamarca y Noruega. No es extraño que diga que ha sido más reconocido fuera que dentro de su Isla.

Las condiciones laborales de los marineros le han inspirado para alguna canción

Durante esos años de idas y venidas a Canarias estuvo actuando en el hotel Buenos Aires de Playa del Inglés, cuyo director era el lanzaroteño Pepe Arteta. Cuenta la anécdota de que su primera participación en el Festival de la Canción de las fiestas de San Ginés fue casual. Le cogió en la Isla de vacaciones precisamente en un viaje que realizó junto a Arteta. Le convencieron de que se presentase para el certamen con una de sus propias canciones. La actuación le valió el primer premio dotado con 40.000 pesetas. Corría el año 1975.

Santos Manuel repitió la experiencia al año siguiente también con otra canción de creación propia. En esa ocasión el certamen recayó en uno de los cantantes habituales del festival, Paco Toledo. Victoria que, según recuerda, el público tildó de “tongo”. Dice que tan injusto le pareció el dictamen del jurado a los espectadores que las sillas volaban en señal de protesta.

Junto a otros músicos fundó más tarde en Lanzarote la orquesta The Volcanics, hasta que Pepe Artiles lo fichó para la banda Estrella del Sur, donde tocaba el bajo. De esa época recuerda temas como Mamy Blue de Pop-Tops o Carmen de Los Chunguitos. Con Artiles actuó también en Puerto de la Cruz. Ya en su isla natal, se le ha podido ver actuando en la Sociedad Democracia, antiguo Círculo Mercantil, y en establecimientos hoteleros.

Autodidacta

Dice que como buen músico melódico le gustan las canciones suaves, aunque también ha compuesto algún merengue y chachachá. Se introdujo en la música de forma autodidacta. Asegura que junto a su hermano Marcial fueron los primeros en traer las guitarras de “pasta” de procedencia americana o inglesa a Lanzarote cuando apenas contaba 16 años de edad. También fue pionero en el manejo de la pedalera para las actuaciones.

Le brilla la mirada cuando relata sus anécdotas de juventud y mientras evoca alguna de las canciones famosas de la época. “Era una vida muy bonita. No puedo decir nada malo de mi vida pasada, solamente que sufrí mucho cuando niño y que mi vida personal no me ha salido muy bien tampoco porque me he casado cuatro veces”.

Con tan solo siete años tuvo que dejar la escuela para echarse a la mar

Dice de las actuaciones actuales que solo es “música mecánica” porque los cantantes ya ni tocan instrumentos, si no que el sonido sale de un equipo, un sintetizador. “La música verdadera hay que sentirla. Lo bonito de esta profesión es que el artista lo hace todo, canta, lee las letras y al mismo tiempo está tocando la música en directo”. Recuerda que la primera vez que usó la pedalera de los acordes estuvo a punto de devolverla porque le volvía “loco”, que con la guitarra y su voz le bastaban para actuar. Pero al final se acostumbró a usarlos y desde entonces forma parte de su equipo musical.

Ha estado cantando en hoteles hasta hace bien poco. Fue la pandemia la que dio al traste con estas actuaciones que han formado parte de su bagaje profesional en los cincuenta años de carrera musical. También se le podía ver actuar en el restaurante Mandingo hasta que cambió de gerencia. A raíz de una dolencia médica se ha visto obligado, a sus ochenta años, a bajarse del escenario para otorgarse un merecido descanso.

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