La guitarra clásica del siglo XXI: Domingo Corujo presenta la última versión de su guitarra de cola
Fabricada en Tahíche por el luthier Paco Dorta, se estrenó en público en la sala Aceró
Lo que empezó en una bodega, como un desafío frente a unos vasos de vino, cristalizó el primer fin de semana de mayo en la sala Aceró, el taller del luthier Paco Dorta, en Tahíche, adaptado como pequeña sala de conciertos en la que Domingo Corujo (San Bartolomé, 1945) estrenó su Guitarra de Cola Corujo número 0, “la guitarra clásica del siglo XXI”, la decimoctava versión de un instrumento que Corujo comenzó a idear hace 40 años persiguiendo el objetivo de poder dar un concierto ante un gran auditorio sin necesidad de modificación.
Con el impulso de Liberto Santana, de aquella reunión de la bodega salió la determinación de realizar un crowdfunding o micromecenazgo, con el que hace un año se consiguió el dinero para encargar a Dorta la fabricación de esta guitarra, compuesta de distintas maderas, como el pino abeto, el palo santo, ébano, roble o peral, entre otras.
La guitarra “suena aún a árbol” según Corujo, pero no se queja. Irá adquiriendo su sonoridad con el paso del tiempo. La presentación del instrumento, que no del instrumentista, llegó después de interpretar la obra barroca Pavana, de Gaspar Sanz, que ejecutó en dos ocasiones, con una guitarra española y con la guitarra de cola, para poder apreciar la diferencia en el sonido.
A los conciertos asistieron quienes aportaron dinero para la fabricación
Dijo Santana que se trataba de “un concierto de sonoridad de la guitarra” que se encuentra en una fase “de acostumbrarse uno al otro y buscar la sonoridad”. Corujo abordó después Romance Anónimo, Preludio en Mi, de Ferrán Sors y Estudio Cuatro, de Heitor Villalobos.
Después vino el turno de Merengue Venezolano, de Rodrigo Riera, Criollito, un vals venezolano de Raúl Borges y Adiós a Ocumare, de Antonio Lauro, que se pregunta en su estribillo, en caso de que alguien quiera cantarla: “cuándo te volveré a ver, Ocumare de mi alma”. Todos ellos son guitarristas venezolanos, discípulos de la escuela de Tárrega y maestros unos de otros y finalmente, en el caso de Lauro, del propio Corujo, que terminó el repertorio previsto con la Gran Jota de Tárrega, una pieza que aprendió con apenas veinte años y que después abandonó durante mucho tiempo porque pensó que iba a acabar siendo intérprete de una sola pieza.
Fuera del repertorio ejecutó Capricho árabe, y un Tajaraste de homenaje a La Gomera compuesto hace años por él mismo e interpretado en ocasiones por los alumnos de su escuela de música de La Laguna, como el caso de Víctor, que asistió al concierto y que fue uno de sus alumnos más pequeños, al que Corujo no quiso asumir como alumno en un principio porque tenía tan solo cuatro o cinco años, pero acabó accediendo ante los argumentos de su madre: “Dice que si no, aprenderá solo”, le advirtió.
A los dos conciertos asistieron las personas que aportaron dinero para poder hacer realidad la fabricación de la guitarra, “un regalo o compromiso con todas las personas que han contribuido a que este sueño se haga realidad”, en palabras de Santana, “un apoyo de vida al sueño del artista”.
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Domingo Corujo comenzó a idear este instrumento hace 40 años
Dorta, un luthier que se ha especializado en instrumentos medievales, fue el encargado de fabricar la guitarra, con la que Corujo ha quedado más que satisfecho, según aseguró. Dijo que esta guitara será, o no, la definitiva: “Los que vinieron conmigo ya se fueron y los que quedan tras de mí están cerrando la puerta”, recitó.
Su trayectoria empezó cuando era aún un niño, entre el timple y la guitarra en la barbería cantina de su padre, donde también aprendió su hermano Antonio, pero más tarde se adentró en la bandurria, el laúd o la mandolina, que tocaba en la Agrupación Folclórica Ajei. En Caracas cursó estudios de guitarra clásica en el Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes con el maestro Antonio Lauro y amplió su formación en los cursos de verano del profesor Alirio Díaz en la Universidad Central de Venezuela y en la Casa de la Cultura Popular. En 1968 se trasladó a Madrid para profundizar en la escuela de la guitarra española junto al maestro Regino Sáinz de la Maza.
Hace unos años regresó a Lanzarote, donde ha ultimado la guitarra de cola, que presentó por primera vez en Nueva York, en un “concierto colombino” dentro de las celebraciones del V Centenario. La caja de resonancia está configurada de tal forma que las ondas largas, medias y cortas tienen un lugar exacto de ubicación con los orificios de salida para los sonidos graves, medios y agudos. En 1996 registró su invento en Estados Unidos como Corujo’s Grand Guitar y en 2022 la inscribió en España bajo el nombre Guitarra de Cola Corujo.


















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