Gara Itsasoa: Somos océano
El catamarán con base en Lanzarote ofrece travesías de investigación científica y experiencias educativas y turísticas con el respeto ambiental por bandera
El Gara Itsasoa es un catamarán elegante, de perfiles esbeltos. Aunque está dotado de dos motores Volvo de 270 caballos, su velamen lo hace autónomo y le permite navegar incluso con el ligero soplo de vientos de siete nudos. Pero el impulso que le ha llevado a su actual atraque en el puerto Marina Lanzarote no tiene que ver con alisios ni con lienzos desplegados, sino con el sueño de su promotor y capitán, Eduardo Pérez. “Todos soñamos con una utopía, ¿no? Yo tenía la mía. La sorpresa fue que, cuando lo planteé al socio inversor, el proyecto fue aceptado en todos sus términos; empezó casi como una conversación en broma y, cuando me quise dar cuenta, estábamos buscando astillero”, dice, sin que el asombro parezca haberlo abandonado del todo, seis años después de aquel momento.
La relación del piloto con el mar se remonta a su primer trabajo en un palangranero en su Euskadi natal, con 18 años, cuando no podía evitar devolver al agua a escondidas cada pescado que veía coleteando en cubierta. También ideó planes contra los arrastreros “y otras majaradas” que evidenciaban ya desde su juventud una profunda devoción por el medio oceánico.
Ya en Lanzarote, tras formarse en el Instituto de Formación Profesional Marítimo Pesquera de Arrecife, donde obtuvo el título de patrón de altura y capitán de yate, se dedicó a organizar y capitanear chárteres turísticos con doble temporada, en el Mediterráneo y el Caribe; una ocupación que inició con sincera voluntad de aprendizaje y que devino, con el tiempo, en una labor puramente alimenticia que acabó con sus fuerzas. La tarea incluía contactar con las agencias, organizar los calendarios, recibir a las familias o grupos, la navegación, el diseño de las escalas, el avituallamiento para la pensión completa, actividades acuáticas y en tierra, y así, una semana tras otra, a bordo, sin posibilidad de escapatoria. “Parábamos dos días, llegaba el siguiente chárter y vuelta a empezar. Era como si desapareciéramos de la vida. Y el agotamiento no era solo físico, sentía que ya no me estaba aportando nada, más bien iba contra mis principios. Se generaba muchísima basura, las calas estaban masificadas, y en general, se trabajaba con poco respeto”.
Justo antes de la pandemia se armó de valor y renunció al trabajo, decisión a la que se sumó su compañera de entonces y todavía a su lado hoy, Lenka Klikarová, que compartía inquietudes similares respecto a la oferta turística náutica de lujo. Junto al inversor y tercero en la aventura, Juan, un cliente excepcional con quien habían disfrutado de muchas horas en cubierta, se convencieron de que esta línea de negocio podría reconvertirse en una actividad más sensible y adaptada a los tiempos.
Ciencia y confort
Así nació el Gara Itsasoa, un catamarán científico-divulgativo de 22 metros de eslora, concebido como laboratorio flotante, aula de mar y plataforma de exploración oceánica, equipado para desarrollar actividades de investigación, educación ambiental, chárteres divulgativos y experiencias vinculadas al conocimiento y conservación del océano. En su casco, la alquimia identitaria, el rostro de Gara, la princesa canaria de las aguas de cabellos de caracol, que en euskera significa somos, y que junto al término istasoa (mar) da sentido al proyecto, brújula y portulano, travesía y puerto de destino.
El velamen le permite navegar con el ligero soplo de vientos de siete nudos
El proceso no fue fácil. La embarcación se construyó de cero, diseñada en su totalidad por Eduardo, Lenka y Juan, con las aportaciones ingenieriles y técnicas de personas colaboradoras y expertos del astillero, un pequeño negocio familiar radicado en Harlingen, en el norte de Holanda, que entendió la idea a la perfección y ofreció un resultado prácticamente artesanal; algo que no sucedió en los seis intentos previos en España y Francia. “Son los países que tienen astilleros de aluminio. Encontramos uno en España que nos proponía una nave ultramoderna, eléctrica y de fibra, pero no cuadraba con lo que queríamos nosotros, un barco de trabajo fuerte, diseñado sin mucha floritura y con buenos materiales, pensado también en términos de confort”.
La empresa Gara Proyect Prime se fundó en diciembre de 2021. En enero de 2022 se rubricó el contrato con el astillero, y el primer aluminio llegó al taller en octubre de ese año. Empezó entonces el soldado de las planchas; el barco quedaría finalizado en julio de 2025. Una singladura de tintes homéricos que incluyó múltiples viajes, visitas a empresas y centros de investigación, consultas con especialistas y el sueño de Ítaca, cada vez más cercano en el horizonte.
De este periodo, Eduardo Pérez recuerda también la energía y el acompañamiento recibidos de amistades como José Goñi, Gara Goñi y Yojana Rosa, sostén y caudal de optimismo en los momentos de flojera. “El proyecto ha ido creciendo de su mano, y de mucha otra gente, no es una idea que me haya caído del cielo. Para la parte de la dotación de equipamiento, por ejemplo, recibimos mucha ayuda de AZTI, un centro tecnológico y científico ubicado en el País Vasco, especializado en estudios marinos, conservación oceánica y economía azul. Y también del ámbito universitario”.
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El bautizo en Canarias
Tras la navegación de prueba entre Harlingen y Lanzarote para testar los equipos y el propio catamarán, la empresa ha organizado jornadas de puertas abiertas en Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife y Arrecife, con el fin de divulgar sus potencialidades, y ha participado en la quinta edición de la EcoAction Week, una iniciativa enmarcada dentro de las acciones de sensibilización ambiental asociadas a la Bandera Azul y organizada en Puerto Calero con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente y el Día Mundial de los Océanos.
La comodidad no tiene por qué estar reñida con el trabajo científico a bordo
“En Lanzarote, la respuesta ha sido increíble; hemos cubierto las plazas de los tres días y el interés del público nos ha emocionado”, relata Lenka, quien hace un balance muy positivo de las jornadas de difusión del Gara Itsasoa en las tres islas. Junto a curiosos y a familias, han recibido a representantes de instituciones, universidades, asociaciones ecologistas y centros de investigación, e iniciado conversaciones para el acogimiento y colaboración de diversas iniciativas. En su opinión, la visita ha representado la doble oportunidad, poco habitual, de acercamiento a una embarcación “diseñada para vivir el océano desde dentro, combinando confort, tecnología de vanguardia, divulgación científica y compromiso ambiental; y, al mismo tiempo, generar una reacción inmediata de vínculo entre las personas y el mar, mostrando cómo la ciencia puede ayudarnos a comprender, cuidar y proteger mejor sus ecosistemas”.
El último fichaje del equipo ha sido el biólogo lanzaroteño Yaiza Sistiaga, que es también patrón y buzo experimentado. Dice de él Eduardo Pérez que “llegó como un soplo de aire fresco, cargado de entusiasmo y con la ilusión intacta, cuando Lenka y yo nos ahogábamos en papeles y permisos”. Y su pasión se hace evidente en el recorrido por el catamarán, cuando detalla con minuciosidad los usos de cada herramienta o los proyectos en ciernes, como la salida al Chinijo con Tragsa para comprobar la salud de la única familia de guinchos que habita en Alegranza, un seguimiento de cetáceos por todas las islas que organiza la Sociedad de Estudios de los Cetáceos de Canarias o la navegación hasta las Islas Salvajes, donde se pretende instalar un equipo de control sísmico que amplíe el área de cobertura entre los archipiélagos del Atlántico norte.
El Gara Itsasoa está diseñado para acoger chárteres de investigación, como aula de mar en proyectos con alumnado de centros educativos y comunidades científicas y para el sector turístico vinculado a la naturaleza y a la protección del medio. Según Sistiaga, “la idea es trabajar en toda la zona de la Macaronesia. Canarias es un punto importante dentro del Atlántico Norte, donde confluyen corrientes y hay una biodiversidad muy potente, afectada por otra parte por la contaminación por plásticos”, señala. En todo caso, el equipo se muestra abierto a estudiar cualquier tipo de propuesta que encaje en su voluntad de inculcar aprendizajes y respeto por el medio marino.
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Iniciativa pionera
Aunque en España hay otros barcos que están trabajando en esta línea, como el Máter, un atunero reconvertido en espacio educativo con base en Pasajes (Gipuzkoa), que hace salidas didácticas y recoge microplásticos, u otros destinados al trabajo científico o a realizar avistamientos de cetáceos o de aves, el Gara Itsasoa es novedoso en su aspiración de reunir todas esas funcionalidades gracias a su completa instrumentación a bordo.
Incorpora un dron submarino con cámara, focos y detector de metales
Las instalaciones incluyen una sala de reuniones grande con una pantalla de proyección, un laboratorio “seco” con espacio para dos ordenadores y mesa de muestreo y un laboratorio “húmedo” con una nevera para conservar las muestras y un grifo de agua de mar constante. Y en la oferta de equipos de prospección destaca una roseta que puede bajar hasta 600 metros de profundidad, que alberga 10 botellas de dos litros cada una, programadas para recoger agua a diferentes profundidades. También cuentan con una draga para muestrear sedimentos, un hidrófono de escucha de cetáceos, una red manta para extraer microplásticos, o un dron submarino con cámara y focos, al que se le pueden incorporar un detector de metales y otras herramientas de colecta de muestras.
Pero además, el catamarán ofrece el confort de una embarcación de lujo. “Hemos querido llevar comodidad al trabajo científico, aspectos que no tienen por qué estar reñidos, para que las personas que trabajan encuentren espacios agradables e intimidad durante la navegación y puedan desconectar en los momentos que sea necesario. En ese aspecto sí podemos considerarnos pioneros”, asegura el capitán.
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1 Será Jue, 23/07/2026 - 07:53
2 Silvia Jue, 23/07/2026 - 09:29
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