CULTURA

Gallinas lanzaroteñas rumbo a África

Saúl García 0 COMENTARIOS 18/11/2023 - 08:57

“Mujer-gallina, gallina-mujer, ¿Dónde empieza y termina cada una?”. Acerina H. Toledo y Celeste Ayús representan desde el año 2021 Conversaciones entre plumas, una pieza de teatro y danza que habla de la mujer desde el punto de vista de una gallina. De dos gallinas, en este caso.

Las dos bailarinas son compañeras en la compañía El Jablero, mientras que Acerina también dirige el festival Traslación, que se encarga de acercar la danza a lugares poco convencionales de Lanzarote. Hasta ahora, esta obra se había representado en muchos sitios, pero nunca tan lejos como en Harare, la capital de Zimbabue. Llegó allí para formar parte de las representaciones del Dance Interface Festival Mitambo, que se celebró en septiembre en el Mitambo Internacional Theatre.

El camino para llegar allí ha sido largo, no solo por el itinerario en avión, pasando por Madrid, Dubai y Zambia en más de 24 horas, sino también por el recorrido para lograr una obra redonda y la selección para llegar hasta el festival. El punto de partida está en un festival en Tenerife donde se presentan trabajos al que había acudido Claudia Morgana, distribuidora de espectáculos de danza, que buscaba una obra escrita y representada por mujeres para ir a ese festival a través de la embajada de España. Así que propuso la obra y fue seleccionada entre otras presentadas. El resultado fue que las dos bailarinas, junto al técnico de luces Shelma Zebensuí y Tomás Pérez-Esaú, que lleva la producción de gestionART-e, tuvieron que ir haciendo las maletas.

Allí se encontraron con otras obras y otras compañías de países tan dispares como Suiza o India junto a producciones locales, algunas muy conocidas en ese país. “El festival es muy interesante porque hay una buena mezcla, no se trata de compañías de fuera y público local sino que está todo muy mezclado”, señala Acerina. “Hay una dinámica muy buena”. Todo transcurre en un teatro construido por los británicos en los años 30 “que es una maravilla”. El recinto alberga espacios que ya apenas existen en los teatros de Europa, apunta Acerina, como salas donde se cosen los elementos necesarios para la escenografía de una obra que se va a representar solo unas horas después, o salas de calentamiento para las compañías de danza, o de ensayo, con piano incluido.

“Es un festival muy colectivo”, dice. Las embajadas de diversos países colaboran con sus proyectos culturales para acercar otras visiones hasta Harare, y a la vez intentan traer a Europa a compañías de ese país.

Acerina H. Toledo asegura que la obra que llevan hasta allí es arriesgada, “porque no sabes si culturalmente se va a acoger bien”, pero también apunta que rápidamente se despojó la incertidumbre. El auditorio acogió muy bien la representación, aunque de una forma muy diferente a la habitual. “El público interviene mucho más, con gestos de asombro, o contestan al cacareo, se ríen y participan mucho”. Al final de la obra, los niños imitaban a las actrices y se les acercaron muchos espectadores para preguntarles todo tipo de cosas.

La ventaja de la danza es que puede ser internacional. La obra, en cualquier caso, tiene un pequeño texto, las gallinas se lanzan palabras e incluso insultos. Una de ellas dice la palabra puta, “más puta que las gallinas” y a un niño que sabía español, durante la obra, se le oye decir: “Eso no se dice”. “Así que me puse la cremallera en la boca”, apunta Acerina.

La pieza confronta o compara la crianza de las gallinas y la de las mujeres: la vida convertida en la obligación de criar pollos... “La hemos representado en muchos sitios, incluso en residencias de la tercera edad, y las mujeres de más de 50 años la acogen mejor, mucho mejor -dice-. A los hombres les parece más graciosa pero las mujeres ven la letra pequeña”. Las dos gallinas acaban ardiendo en un caldero, que es “una imagen potente que llega a todo el mundo”. Acerina recuerda una representación en Tías en la que muchas mujeres terminaron llorando.

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