Daniel Navarro, cinco temporadas para llegar a Primera División de fútbol sala
El árbitro grancanario, afincado en Lanzarote, debutará en septiembre tras un ascenso meteórico
Tan solo cinco años ha necesitado el grancanario afincado en Lanzarote Daniel Navarro Hernández para llegar a la máxima liga del fútbol sala nacional como árbitro. A sus 37 años, el de La Aldea de San Nicolás debutará en la considerada mejor liga del mundo de este deporte con la mirada puesta en pitar a los mejores equipos de España en los mejores pabellones de la Península y seguir sumando experiencia a su corta, pero meteórica carrera.
Daniel Navarro aterrizó en Lanzarote debido a su profesión. Es profesor de educación secundaria, al igual que su pareja, y ambos recalaron en la Isla hace cuatro años. Sin embargo, su vinculación con el deporte comenzó desde pequeño y la mantuvo hasta los 25 años, cuando se le hacía imposible combinar el fútbol 11 con su profesión.
Para encontrar su relación con el fútbol sala hay que remontarse a los torneos de verano en su pueblo, donde además de jugador llegó a hacer las funciones de árbitro. “Era algo que se me daba, me salía natural”, reconoce. También fue entrenador en el equipo de fútbol de la Aldea hasta que el año previo al Covid, mientras estaba en Tenerife dando clases, se enteró de un curso de la Federación de Fútbol de Las Palmas sobre un curso de arbitraje a través de internet. Desde entonces, ha protagonizado un rápido ascenso hasta la máxima categoría nacional.
Su primera temporada como árbitro fue la del Covid, donde su experiencia en las aulas le sirvió para poder llevar de mejor manera los protocolos. “Para poder tocar el silbato tenías que bajarte la mascarilla y pitar, al final nos adaptamos a las circunstancias”, explica. Una campaña en la que su nivel sorprendió desde el inicio y tras tan solo 10 partidos fue ascendido a categoría Preferente y esa misma temporada volvió a ascender a Segunda B donde se encuentran los mejores equipos canarios de fútbol sala. En resumen, ascendió tres categorías en algo menos de una temporada.
El salto a la Segunda División, que depende de la Federación Española, fue más exigente pues tuvo que competir con más de 40 árbitros de todo el país por alguno de los cuatro puestos disponibles en la categoría de plata del fútbol sala nacional. “Hay un curso de ascenso y tienes que ir a Madrid a hacer una concentración”, señala. En las tres temporadas que Daniel estuvo en Segunda B, la primera no pudo acudir a esta “competición” de ascenso porque necesitaba tres años de experiencia en categoría nacional que aún no tenía. En la siguiente temporada, ya con este requisito superado, quedó en un puesto de reserva y casi logró el ascenso. Pero como dice el dicho, a la tercera fue la vencida y logró el ascenso.
Esta temporada, que finalizó el pasado mes de julio, fue la de su debut en Segunda División y tras un año en ella, da el salto a primera gracias a un ascenso directo basado en la meritocracia. “Aquí no hay ningún curso, el ascenso funciona por informes de los partidos. Nosotros tenemos informes de todos los encuentros, pues en todos ellos, ya sea en la grada o por televisión, hay un informador que valora tu partido y el de tu compañero”, explica.
Durante la temporada, Daniel arbitró 12 encuentros de la categoría de plata, por tanto, tuvo 12 informes. “En diciembre se publicaron las notas de los cinco primeros informes y en Semana Santa de los 10 primeros. En Semana Santa, a falta de dos informes yo iba tercero clasificado por nota media. Para ascender lo importante es ser regular en las notas y considero que destaco físicamente y soy regularmente alto en aspectos técnicos. Tenía buena nota en todo, pero siempre me quedaba la duda de si me darían la oportunidad por el poco tiempo que llevo”, reconoce.
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“Comencé tarde en el arbitraje, con 31 años, y para mí Segunda B era lo máximo”
La confirmación de su salto a Primera División fue casi agónica. “Los ascensos y descensos se publican a final de temporada, es decir, nosotros antes del 30 de junio tenemos que saber los movimientos arbitrales”, explica. Sin embargo, esta temporada se alargó, literalmente, más allá de la prórroga. La temporada de fútbol sala en España terminó con el último encuentro de la final de la Primera División femenina disputándose el 30 de junio a las siete de la tarde y antes de las 12 de la noche debían comunicarse los ascensos.
“Yo estaba en el gimnasio siguiendo el partido por el móvil. Estaba nervioso haciendo tiempo hasta que terminara el encuentro, pues no quería estar en mi casa delante de la tele. Pues va el partido y llega a los penaltis”, recuerda entre risas. Llegó a su casa cuando se estaba disputando la prórroga y se metió en la ducha siendo consciente de que, cuando saliera, el móvil no iba a parar de sonar.
Y así fue. “Empezaron a llegar llamadas de mis compañeros hasta que a las nueve y veinte de la noche me llama el presidente de mi comité y me dice: ‘Felicidades, acabas de ascender a Primera División’. Y claro, estaba en una burbuja porque soy un recién ascendido de Segunda B a Segunda y creo que nunca se había dado el caso de que un árbitro suba desde esa categoría a Primera División automáticamente”. Tras comunicarle el ascenso, se hicieron públicas las notas de toda la temporada y Daniel había adelantado un puesto y finalizado con la segunda mejor nota de la temporada.
Arbitraje
Para Daniel, la mejor parte de ser árbitro es la experiencia deportiva. “Aunque seas de Primera División, económicamente no es como en el fútbol 11, pero me quedo con la experiencia deportiva de estar pitando en pabellones y a equipos que ni en mis mejores sueños cuando empecé pensaba que podría. Comencé tarde en el arbitraje, con 31 años y yo pensaba que llegar a Segunda División B era lo máximo”, reconoce. Sin embargo, encadenó ascensos: “Vas subiendo y te das cuenta de que no lo haces mal y que cuentan contigo”.
También disfruta de los viajes: “Este año me recorrí la Península, Ceuta, Melilla e Ibiza”, añade, aunque lo peor es que, aunque haga bien su trabajo, siempre va a haber gente descontenta pues “cuando un equipo pierde, se va mal a casa”, así como los malos partidos o errores, cuya responsabilidad es completamente del colegiado.
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Daniel compagina el arbitraje con su labor docente como profesor de secundaria
Para Daniel, el trato en el fútbol 11 y el fútbol sala es distinto. “Hay mucho más respeto en los pabellones porque las distancias son más cortas. Estás arbitrando y aunque no deberías, te quedas con las caras de la gente en la grada. Sobre todo, en categorías más pequeñas. En Zaragoza, donde he pitado este año varias veces, había 3.000 personas y no me quedo con las caras, pero aquí -Palacio de Deportes de Arrecife- yo veía toda la primera fila y las caras, un insulto, un comentario, pues te quedas con todo”, señala.
Por desgracia, no es extraño encontrarse en redes sociales con imágenes lamentables donde se insulta e incluso llega a agredir a árbitros en competiciones base o amateur. El colegiado grancanario reconoce que los insultos o críticas desde el desconocimiento no le afectan, pero sí aquellas que parten desde la lógica o que tienen sentido. “Al final no puedo hacer nada, sino gestionar esa emoción que me pueda generar”.
Tras varios viajes a Madrid este verano para preparar la temporada, el debut de Daniel Navarro en Primera División llegará presumiblemente en el mes de septiembre. Durante la temporada, arbitrará alrededor de 15 partidos. Una quincena de encuentros en la élite del fútbol sala nacional que le permitirán, un año más, recorrer la Península para esta vez visitar los pabellones de equipos que en los últimos años han disputado y triunfado en competiciones europeas y compartir cancha con algunos de los mejores jugadores del mundo para luego regresar a las aulas y educar a los jóvenes de la Isla. El ascenso meteórico del colegiado no le alejará de la realidad deportiva de Lanzarote, pues pese a ser árbitro de Primera División, seguirá haciendo cumplir las reglas del juego en los pabellones insulares.
Daniel llegó a la Isla hace cuatro temporadas y explica que, en ese momento, el nivel era mucho más bajo que el actual. “Había dos equipos en Segunda B. Al final de esa temporada La Tiñosa desapareció por problemas económicos y quedó solo el Adasa. Pero además de estos equipos solo había cuatro equipos de colegas. Con el paso de las temporadas, ahora no hay equipo en Segunda B porque el Adasa tuvo que renunciar por falta de jugadores, pero hay tres equipos en Tercera División”, señala.
También destaca el trabajo de los equipos en categoría preferente, una liga con equipos de Lanzarote y Fuerteventura que podría llegar a tener, según fuentes consultadas, más de 10 equipos. También habla de una mejora en el nivel del juego: “Antes venía a pitar preferente y el nivel era flojo y ahora ha mejorado mucho”. Además, se está trabajando la base. “Ya no depende del Cabildo, sino de la Federación y los equipos están sacando alevines, infantiles, cadetes… En Playa Blanca hay dos equipos. En Arrecife hay equipo, en Tinajo también, incluso La Graciosa cuenta con representación en categorías inferiores. El fútbol sala en Lanzarote ha ido creciendo”, concluye.
















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