
EL PASEO
Por Saúl García
Cada cual elige sus referentes: los que quiere reflejar o los que quiere transmitir a sus vecinos
Para un pregón se puede optar por la veteranía, y por tanto, por la memoria de una persona destacada del pueblo, que exponga sus recuerdos, sus vivencias, que ilumine el pasado a quienes no lo pudieron vivir y haga de puente de entre generaciones. Son muchos los que lo han hecho así.
En Arrecife, el primer pregón de las fiestas de San Ginés del que hay constancia, en 1953, comenzaba así: “Arrecife, pueblo noble y hospitalario en el que su muelle largo adentrándose en el mar semeja con la punta del Islote, el primer abrazo que esta isla de Lanzarote tributa a sus visitantes, abrazo que va estrechándose más y más hasta hacerles sentir en lo más hondo de su corazón las bellezas de sus paisajes…”.
Durante un tiempo se hacían por concurso y Agustín de la Hoz llegó a leer el pregón hasta en cuatro ocasiones. Lo recogieron Jesús Perdomo y Óscar Torres en una web que reúne más de 230 pregones, no solo de San Ginés sino de los barrios o del carnaval. La web, decían, pretende “contribuir a difundir el patrimonio cultural de Arrecife”.
También se puede optar por elegir como pregonero a un vecino, o vecina, que destaque en algún ámbito para demostrar que la ciudad genera sus propios referentes, que se puede triunfar a pesar de haber nacido en un barrio de una pequeña ciudad del Atlántico.
Es el caso de Hecher Sosa, que destacó eso mismo en su pregón, que “vivir en un sitio pequeño no significa tener que soñar pequeño” y que instó a la juventud a poder cumplir sus sueños. Un mensaje muy de esta época tan individualista como superficial: persigue tus sueños, si quieres puedes.
Cada cual elige sus referentes: los que quiere reflejar o los que quiere transmitir a sus vecinos. Más allá de esto tan manido de la superación y el sacrificio (el personal, no el del oponente), los valores de las artes marciales mixtas (MMA), un deporte en el que se remata a golpes a un oponente indefenso en el suelo, aún están por definir. Menos mal que los jóvenes no suelen asistir a los pregones.












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