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Casas modulares en Lanzarote: ¿la respuesta ante la crisis de vivienda?

Con un mercado cada vez más disparado, con precios de venta que han llegado a superar los 4.000 euros por metro, nuevos modelos de construcción aparecen como alternativa

Rubén Montelongo 13 COMENTARIOS 16/02/2026 - 07:37

Las Islas tienen un problema de vivienda. No es una novedad, pero sí una realidad que no parece tener solución a corto plazo. La escasez de oferta choca frontalmente cuando se sabe, según los últimos datos actualizados del Instituto Nacional de Estadística (INE), que hay más de 200.000 viviendas vacías en el Archipiélago, de las cuales 20.012 se encuentran en Lanzarote. El modelo tradicional parece una opción cada vez más prohibitiva, con un precio para la autoconstrucción que ronda los 2.000 euros el metro cuadrado, según fuentes del sector, que se aproxima más a los 3.000 euros cuando se compra la vivienda terminada. Eso de media, porque en municipios como Tías se han llegado a superar los 4.000 euros por metro, según Idealista. Ante este panorama, una nueva vía, quizás desconocida para muchos, aparece: las viviendas modulares.

Este tipo de vivienda, en realidad, no es nuevo, pero ahora se están dando los elementos para que esté en auge. Hace más de una década, el arquitecto italiano Claudio Malnati, con su empresa Biohome Lanzarote, construyó una vivienda modular con contenedores marítimos donde la eficiencia energética, la reducción de costes y el tiempo en ejecución se presentaban como claves del proyecto. Un modelo que ya abrazan incluso universidades como la de La Laguna, que ahora plantea un modelo de urbanismo modular como una alternativa para paliar la falta de oferta alojativa entre los estudiantes. Sin olvidar que ya el propio pleno del Parlamento de Canarias aprobó por unanimidad en septiembre de 2025 una proposición no de ley de Coalición Canaria en la que se instaba al Ejecutivo regional, en colaboración con las dos universidades canarias, a diseñar e implementar campus modulares para estudiantes.

Ahora en Lanzarote, y gracias a la viralidad que ofrece TikTok, ha ganado repercusión la empresa Construclan, que acumula ya 139.000 seguidores y cerca de 400.000 “me gusta” en una cuenta donde comparten su modelo construcción de viviendas modulares. Al frente está Moisés Candón, que es de Huelva y trabajó como soldador y fontanero. A sus 33 años comenzó la carrera de ingeniería industrial en la universidad de su ciudad y desde hace 12 años está afincado en Lanzarote. “Empecé montando instalaciones, eso me lleva a la construcción y monté mi primera empresa en 2017. Construclan la montamos hace dos años. Comenzamos con la construcción tradicional y vimos la posibilidad de construir más rápido, más eficiente y con menos carga y tensión en el vertedero de Lanzarote, pues lo traemos todo construido y no generamos tanto residuo”, explica el onubense sobre los pilares del modelo que defiende, del que destaca que son viviendas “totalmente eficientes”.

Aunque estas viviendas prefabricadas sean más económicas, los requisitos legales no varían respecto a la construcción tradicional. “El suelo tiene que ser urbano consolidado y tenemos que presentar proyecto técnico, certificación energética, estudios geotécnicos...”, señala Moisés, quien aclara que el procedimiento se realiza “como con cualquier vivienda”, con la diferencia del sistema constructivo. “Los acabados los hacemos con pladur y encalado por fuera. Nos ajustamos perfectamente al código técnico de edificación”, asegura, al tiempo que añade que todos los proyectos han sido visados.

“Pioneros”

Para llegar a este modelo, el equipo de Moisés Candón estuvo un año “haciendo ensayos”, analizando los requisitos con arquitectos y técnicos municipales, recabando información y las pautas que había que cumplir. Este proceso los llevó a desarrollar un sistema del que presumen ser “los primeros en España”. “No hay ninguna empresa en toda España que lo haga como nosotros”, presume. Utilizan acero y fibra de roca, pladur y encalados con SATE (Sistema de aislamiento térmico exterior).

El metro de vivienda modular sale por 1.000 euros, la mitad de la tradicional

Esta empresa lanzaroteña diseña la vivienda con un nivel de personalización “máximo”, envía el diseño a una fábrica en la que tiene participaciones en China, con las especificaciones, planos y todas las medidas, “hasta la altura de los enchufes”, bromea el empresario, quien espera introducir la Inteligencia Artificial en futuros proyectos. Para llegar a este modelo vieron varios sistemas, asistieron a ferias de la construcción y optaron por la alternativa de comprar los módulos que vienen ya construidos para usarlos como estructura, como el esqueleto de la vivienda.

“La vivienda tarda alrededor de unos 45 días en fabricarse y luego alrededor de unos 70 o 75 días en ser transportada hasta el destino”, explica Candón. Una vez tienen el proyecto visado, trabajan con empresas autorizadas para presentar los certificados favorables en los ayuntamientos. También destaca el actual marco legal, con el Decreto Ley del año pasado para agilizar la concesión de licencias en Canarias.

Moisés señala que pueden entregar las llaves al cliente en un plazo de cinco o seis meses desde que contactan con su empresa. Cuentan ya con una docena de viviendas realizadas en Lanzarote y Fuerteventura, así como siete en Gran Canaria y nueve en Tenerife. “Ahora en cartera tenemos unas 50. Estamos esperando aceptaciones de hipotecas. Porque esto funciona con una hipoteca para autopromoción, como cualquier vivienda”, explica. “Lo único que hemos cambiado ha sido el sistema constructivo, pero es una vivienda normal, como cualquiera”, insiste. Además, resalta que la vida útil de las viviendas que pone sobre el terreno es de unos 50 o 60 años, “siempre que le hagas un correcto mantenimiento”, y matiza que utilizan estructuras de acero, que no hay cemento ni madera, y prácticamente todo es metálico.

Moisés Candón, de la empresa Construclan. Foto: Adriel Perdomo.

Precio por metro

Uno de los aspectos más llamativos para el público es el coste de este tipo de construcciones. Por ejemplo, la empresa de Moisés Candón ha realizado viviendas de 40 metros cuadrados por 42.000 euros. Se trata del proyecto de menor coste, mientras que el mayor presupuesto que tienen en cartera es una casa de 234 metros cuadrados por 200.000 euros. Sin embargo, el tamaño inicial en este caso no importa, pues al ser modulares, esa primera casa de 40 metros cuadrados puede crecer en el futuro con la colocación de nuevos módulos.

El suelo debe ser urbano consolidado y necesita un proyecto visado

El precio de las viviendas modulares es a partir de 950 euros el metro cuadrado, IGIC aparte. Viene a ser la mitad que el coste de la autoconstrucción tradicional y una tercera parte de la compra de una vivienda nueva en el mercado inmobiliario. Moisés destaca que en el precio de las casas prefabricadas está todo “llave en mano”. “El comprador solo tiene que preocuparse de ver cómo avanza la obra”, afirma. Al margen del precio de la vivienda, el cliente tiene que asumir los tributos urbanísticos.

Sin embargo, este modelo también ha recibido críticas, en las mismas redes sociales donde se ha popularizado en los últimos tiempos. “El material para construir me sale más caro”, dice Moisés. “Por ejemplo, un metro de cuadrado de bloque es más barato que un panel de sándwich”, añade. “Y ofrezco mejores calidades de material, aunque tenga comentarios en redes diciendo que es un gallinero... Un gallinero con aerotermia, aires acondicionados, placas solares con 10 kilovatios de potencia, doble cristal, ventanas de aluminio con puente térmico de ruptura, filtros anti-UVA en todas las ventanas, mosquiteras, muebles de cocina, encimeras de cuarzo...”, enumera con tono irónico.

Infografía.

¿Si el material es más caro, cómo se explica que el precio final sea más barato? La respuesta es sencilla, porque lo caro es hacer la vivienda aquí. “No necesito a ocho trabajadores con ocho sueldos, pagando ocho seguros sociales y ocho meses de impuestos, sino que pago un producto y lo coloco, al final lo que abono es el producto y en un mes y medio hago el remate final”, explica Moisés.

De hecho, esta reducción de costes y la eficiencia energética de las viviendas son los pilares del esquema empresarial de compañías como la de Candón. En las Islas, dice, “hay vivienda, pero la oferta es muy pequeñita”. Esto se traduce en que “la gente las vende caras o las destina al mercado vacacional, que ofrece un mayor rendimiento” que el alquiler de larga duración, señala. Junto a otros factores, como la inflación, han provocado una situación en la que, por ejemplo para una pareja joven, sea “imposible” ahorrar para la entrada de una vivienda tradicional, tal y como se encuentra el mercado. En este contexto, la vivienda modular emerge como una alternativa más económica, aunque hay otro elemento de la ecuación que tampoco es sencillo de conseguir ahora mismo en Lanzarote: disponer de un terreno urbano.

Comentarios

Vaya una publicidad para crear "cuarto de aperos modulares" y encima te lo venden como algo social.
En Lanzarote estamos asistiendo a un fenómeno preocupante que va mucho más allá de una cuestión arquitectónica. Las casas modulares se presentan como una solución moderna, rápida y eficiente. Pero, en el fondo, representan algo mucho más profundo y más grave: la transformación de la vivienda en un bien de consumo. Una casa ya no se concibe como un lugar que nace del territorio, del clima y de una cultura. Se concibe como un producto que se compra, se instala y se sustituye. Como un electrodoméstico. Como un objeto más dentro de la lógica de usar y reemplazar. Y eso es una ruptura histórica. Durante generaciones, las viviendas de esta isla fueron el resultado de una inteligencia colectiva. No había arquitectos estrella ni catálogos industriales. Había sentido común. Muros blancos que reflejaban el sol. Piedra volcánica que protegía del calor. Proporciones sobrias. Nada sobraba. Nada era artificial. Había dignidad estética. Hoy, en cambio, empiezan a proliferar estructuras que nada tienen que ver con ese legado. Volúmenes prefabricados, materiales impersonales, acabados que responden más al gusto de un catálogo que al carácter de la isla. Se introducen en el paisaje como cuerpos extraños, sin diálogo, sin respeto y sin raíces. Hay que decirlo con claridad: son una horterada. No porque sean nuevas, sino porque son ajenas. Porque no pertenecen al lugar. Porque rompen la coherencia visual y cultural que durante siglos definió a Lanzarote. Esto no es nuevo. Ya lo hemos visto antes. Durante años, se toleró la proliferación de los llamados “cuartitos de aperos”, construcciones que en teoría tenían una función agrícola, pero que en la práctica se convirtieron en viviendas encubiertas. Muchos de ellos enterrados parcialmente, disfrazados, intentando simular lo que no eran. Una solución improvisada, estética y culturalmente pobre, que fragmentó el paisaje y degradó la identidad visual de la isla. Chabolismo estético. Se creyó que enterrándolos se disimulaba el problema. Pero el problema nunca fue la visibilidad. Fue la renuncia al criterio. Ahora, el riesgo es repetir el mismo error, pero con estética industrial. La casa modular responde a una lógica clara: producir más rápido, reducir costes y simplificar procesos. Es una lógica industrial, no una lógica cultural. No nace del territorio, nace de la fábrica. El peligro no es solo visual. Es simbólico. Solo al haber perdido el criterio tribal de lo simbólico esta isla se precipitó a la horterada estética que es hoy. Cuando una sociedad empieza a aceptar que su vivienda —el espacio más íntimo y fundamental— es un producto estandarizado, intercambiable y ajeno a su entorno, está aceptando también la pérdida de algo más profundo: su identidad. César Manrique entendió esto mejor que nadie. Comprendió que el paisaje no era solo naturaleza, sino cultura. Que la forma de construir definía la forma de vivir. Que destruir la coherencia estética era destruir una parte del alma de la isla. El verdadero progreso no consiste en construir más rápido. Consiste en construir mejor. Con criterio. Con respeto. Con conciencia de que el territorio no es un solar vacío, sino una herencia. Lanzarote no necesita soluciones rápidas que la conviertan en un escaparate de arquitectura sin raíces. Necesita viviendas que continúen su historia, no que la interrumpan. Porque cuando una isla pierde su identidad, no la recupera fácilmente. Y la identidad, a diferencia de las casas modulares, no se puede fabricar en serie.
No se dejen engañar por este tipo de empresas, en las entrevistas todos legales, pero luego hablas con ellos y te dicen que si la pones en suelo rústico tampoco pasa nada... Y todo mentira, luego te llega el Seprona y se hacen los locos...
Muy bien, llenen de chabolas Lanzarote. Este es el plan: limitamos los turistas, eliminamos VV, nos llenamos de inmigrantes y de casas chabola por toda Lanzarote. Todo para no cambiar la ley de arrendamientos urbano. Pero lo peor es que a los iluminados que nos gobiernan nadie le pide responsabilidades. Porque lo que pasa hoy, viene de las decisiones de hace una década. Es lamentable.
Como no se ponga una extricta ley de residencia y una moratoria turística, los conejeros acabaremos viviendo en casetas de perro mientras los de fuera masifican, colapsan, saquean y destruyen nuestra tierra.
Precisamente lo que no quería César Manrique para Lanzarote, llenar el campo de contenedores. Era lo que le faltaba a Lanzarote para convertide en una isla vulgar. La crisis de la vivienda se soluciona prohibiendo la VV en sulo residencial. Los turistas, a los p. Hoteles !
Horrible. Si Manrique levantara cabeza...
Están experimentando para cuando vayamos a Martes o Miércoles .. yo prefiero a Viernes
Llevas a la moza a tu casa y cuando ve eso se da media vuelta jajaja
En la avenida trillo en argana -alta hay una y no veo a ningún municipal x aquí,como cuando yo empeze en el 89 a fabricar.
Ahí pondría a vivir a los politicos de la isla, esos que han metido a nuestros hijos a estudiar en un contenedor
En la avenida trillo en argana -alta hay una y no veo a ningún municipal x aquí,como cuando yo empeze en el 89 a fabricar.
Está bien, la casa sobre 50 , el solar sobre 100 . Al final por 150k encuentras casas ya hechas y no tienes tantos problemas. El problema es que nadie quiere pagar más de 100k y eso ya se acabó hace años.

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