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César Manrique o la necesidad de la belleza

Francisco Galante aborda en ‘César Manrique. Cien años de memoria viva’ la complejidad de la vida y de la obra del artista lanzaroteño

Saúl García 1 COMENTARIOS 01/03/2026 - 08:26

La obra se titula César Manrique. Cien años de memoria viva. Son mil páginas en tres tomos. Quizá no sea el definitivo, pero sí es uno de los libros más completos sobre el genio lanzaroteño. Su valor no se mide al peso pero son ocho kilos de conocimiento sobre el artista, con textos en español y en inglés.

Es el trabajo de toda una vida del catedrático de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna (ULL) Francisco Galante, que conoció al artista, cultivó su amistad y que ya había escrito antes otras obras centradas en algún aspecto de la trayectoria de Manrique. Galante pertenece al consejo asesor de la Fundación César Manrique (FCM), es el director de la Cátedra César Manrique en la Universidad tinerfeña y es miembro del Instituto de Cultura y Sociedad Europea, entre otros cargos. 

Se trata de un proyecto editorial de los Centros de Arte, Cultura y Turismo. De hecho es el primer libro que editan los CACT sobre su creador y está financiado con los Fondos de Desarrollo de Canarias. Inicialmente, se ha realizado una tirada de mil ejemplares que los Centros Turísticos distribuirán de forma gratuita en los centros educativos y culturales de Lanzarote, así como en bibliotecas y espacios de estudio.

Es un proyecto de largo recorrido que iba a ver la luz alrededor del centenario del artista, en 2019, pero que se ha ido posponiendo y ha ido creciendo hasta su presentación oficial, a finales del año pasado. La publicación responde “a un compromiso adquirido con Manrique hace exactamente 50 años”, en palabras del autor.

Es una publicación que incluye cientos de imágenes, a todo color, muchas de ellas de gran formato e inéditas, desde la infancia de César a sus estancias en Madrid, Nueva York y otros viajes o sus diferentes proyectos.

El primer tomo, en blanco, incluye preámbulos, prólogos, prefacios o presentaciones de distintas autoridades y una introducción del autor. En ese primer tomo se explica la relación de César con la Universidad de La Laguna donde cursó sus primeros estudios universitarios, y de la Universidad con César, a quien le otorgó la Medalla de Oro a título póstumo, el mayor galardón que otorga esta institución.

Además, el proyecto editorial surgió en el ámbito de la Cátedra cultural César Manrique de esta universidad. Este primer tomo incluye otros dos capítulos más: Resonancias entre el arte y la esencia del tiempo y La frustración de los sueños, que aportan las claves para interpretar su obra, su activismo medioambiental, la desprotección de su obra y el desencanto de su legado.

El segundo libro, más extenso y más variado, dedica su primer capítulo a Arrecife, al que llama “laboratorio de experiencias”, la ciudad donde César inició sus primeras intervenciones en el espacio público, aunque no solo se reduce a Arrecife, sino también a otras intervenciones menos conocidas, como las de Máguez, San Bartolomé o Tinajo. Después se ocupa de sus grandes intervenciones, que serían los Centros de Arte, Cultura y Turismo, desde la Cueva de los Verdes al Mirador del Río o Jameos del Agua, y de sus tres casas, dos realizadas, las de Taro de Tahíche y Haría, y una sin realizar, en Los Bonancibles, junto al mar y muy cerca de Jameos del Agua.

También se ocupa ese segundo tomo de proyectos, frustrados o llevados a cabo, en el resto de islas del Archipiélago, especialmente en Puerto de la Cruz y su proyecto de Costa Martiánez, además del Parque marítimo de Ceuta, entre otros. Otros capítulos de este tomo son La plenitud del artista en la grandeza del paisaje. Armonía y belleza en la isla cromática, y por último Más allá del Edén. El mar en la regeneración de la ciudad.

El tercer tomo integra ensayos, testimonios y tributos de otros artistas

En el tercero llega el turno de las colaboraciones. Ese tomo integra ensayos, testimonios y tributos de otros artistas. Incorpora otras voces. Son nueve textos ensayísticos sobre distintas facetas de César Manrique, desde Fernando Gómez Aguilera que habla de Taro de Tahíche como un manifiesto manuscrito, a Violeta Izquierdo, que aborda los murales, César-Javier Palacios la ecología o sostenibilidad hasta la escultura que corre a cargo de Celestino Celso Hernández.

Los testimonios corren a cargo de Esteban Armas, arquitecto técnico del Cabildo, que trabajó en muchas de las obras que hizo César y de Juan Alfredo Amigó y José Luis Olcina, ingenieros que trabajaron junto a César en Lago Martiánez. Los tributos que se reflejan en el libro son obras de otros artistas, desde Ildefonso Aguilar, Teresa Correa, Pepe Dámaso, Juan Gopar, Carlos Matallana o Carlos A. Schwartz, entre otros.

Complejo

En su introducción, señala Galante que “resulta difícil escribir sobre un artista tan complejo, diverso y versátil” como César Manrique, pero que esta obra surge de un “dilatado y reflexivo periodo de investigación”. “El artista me guio en su andadura, me hizo ver que las margaritas amarillas podían crecer en los bordes de los caminos de las lavas”, señala, y revela que le cautivó de él su “hechizo impulsivo y su especial sensibilidad”, además de su obra, que le provocaba siempre asombro, admiración o extrañeza, una sensaciones que se han ensanchado con el transcurso del tiempo, provocadas por una obra “abisal, trascendente, amplia y profunda”.

“Uno de los propósitos de esta obra es la de dibujar un retrato de César Manrique en toda su humanidad en cuya composición emerge la figura de un artista prodigioso, tanto por su enorme capacidad de trabajo como por su especial sensibilidad”, señala el autor, que a la profundidad de conocimientos de César suma “una aguda conciencia crítica” y un “compromiso social arraigado en la defensa del territorio”, dice el autor.

“Hay que proteger el territorio y la fascinante obra de César que aún no es BIC”

Para Galante, César hizo de su vida una obra de arte “que es un portal fuera del tiempo”. De su relación con la naturaleza, señala que “la artealiza, la embellece” y, en muchas ocasiones la recupera para su bienestar moral y el disfrute público. “De este modo, Manrique es el eje mediador entre la naturaleza y la colectividad”, apunta. También señala que César “siempre estuvo en el lado de la belleza”. Por eso su obra destila armonía y equilibrio y supone una integración absoluta “pues cada una de las partes es proporcional entre todas y con el conjunto que la compone”.

Esa belleza, la belleza, “fue el sostén de Manrique para profundas reflexiones”. No se trataba de un lujo, sino de una necesidad. “No podemos apreciar la naturaleza sin su belleza”, describe Galante, que resalta que el grueso de la obra de César giró en torno a la naturaleza. “En virtud de ello, el arte de Manrique posee una dimensión animista ya que están presentes los elementos de la naturaleza: mar, aire, tierra y fuego”.

Su obra, por tanto, está enraizada en su lugar de origen y se nutre de los lenguajes artísticos de la contemporaneidad “que asimiló a través de las fuentes de información, especialmente de las revistas de arte y de sus continuos viajes por el Planeta”. Fueron decisivas para su desarrollo sus estancias en Madrid, París y Nueva York, entre otras. Siempre con deseo de volver y plasmar su utopía en Lanzarote. “El resultado es único y singular, no tiene equivalencias en otros lugares”.

Civilización

El arte de César, en definitiva, es sorprendente y suscita el anhelo de un paraíso al que es difícil retornar. “Los tiempos ya no son los mismos, los valores han sido transmutados en una sociedad en la que impera la desmesura y la inmediatez en el contexto de la vejación de los derechos humanos y de la privación de libertades”, señala Galante.

“Una civilización que vive en un permanente desasosiego, en una época apocalíptica ante tantos problemas que nos atosigan. Una sociedad que se mira en el absurdo horizonte tecnológico. Un mundo sin utopías, sin ilusiones, sin vida. Una sociedad gravemente amenazada, que parece sucumbir al mundo actual del capitalismo globalizado. Por ello, más que nunca, tenemos que reivindicar los esperanzadores mensajes de los pensadores que obraron por el bien de la humanidad”, señala el autor al final de su introducción.

Tiempo

En el epílogo de la obra, Galante sostiene que la importancia de César Manrique aumenta con el transcurso del tiempo. “Más de treinta años después de su fallecimiento, su memoria sigue viva”, ya que es un importante referente en la defensa del medioambiente y de la ecologia, sin olvidar “su meritoria obra plástica que incomprensiblemente ha tenido una menor repercusión en los diversos ámbitos de la crítica y la historiografía del arte”. Desarrolló un arte absoluto vinculado a la fusión de las disciplinas artísticas. “Y todo lo hizo bien, esto es sorprendente”. No obstante, Galante considera su pintura como el argumento de su obra.

Galante sostiene que la importancia de Manrique aumenta con el tiempo

La idea de la utopía de César transmutó la imagen de la Isla, fue un motivo muy importante de proyección económica y social y conllevó a una desviación de las finalidades y objetivos de Manique. “Su obra y en general el territorio, fueron presa de los intereses especulativos. La utopía fue truncada por una distopía”, apunta Galante.

Y es entonces cuando César reacciona. En 1989, cuando el Gobierno de Canarias le concede el Premio Canarias de Bellas Artes, no asiste al acto de entrega y reparte su importe entre la Asociación Cultural y Ecologista de Lanzarote El Guincho y una asociación de niños discapacitados.

“La perseverancia de César Manrique en la conservación de la naturaleza y del medioambiente en general, constituye una de las funciones del arte en épocas de cambios de sensibilidades y de profundas mutaciones sociales, como a la que estamos asistiendo. Vivimos en un periodo de globalización que nos ha conducido a la pérdida de nuestra identidad y de nuestra memoria cultural. Hay numerosos peligros latentes”.

Y así finaliza la obra, contabilizando los casi cuatro millones de turistas que llegaron a Lanzarote en 2024, “una cantidad alarmante que amenaza la conservación de su belleza natural y el equilibrio necesario de los bienes comunes”. Existe una línea muy fina entre lo positivo y lo negativo que aporta esta industria, según Galante, “una delgada línea roja”. “Lanzarote está seriamente amenazada por el impacto del turismo”, concluye.

“Hay que proteger el territorio y la fascinante obra de César Manrique que aún no ha sido declarada Bien de Interés Cultural. Un caso insólito que advierte seriamente la íntegra conservación de una obra que ha dado vida, beneficio y cultura a la Isla. El arte y la cultura sólo pueden pervivir en una situación de reposo. El amplio legado de César Mannque debe perdurar en las plácidas marismas y en la eternidad del tiempo”, asegura Galante.

Comentarios

Las personas que de verdad continúan el pensamiento de Cesar Manrique, son las que denuncian la corrupción, el abuso y nepotismo en la isla

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