13
Mar
2017
Saúl García

Hay señales inequívocas de que la realidad se está yendo al carajo. Puede que el tiempo avance de forma lineal, que la vida (aunque es mucho decir) siga fluyendo en orden cronológico. Antes, no hace tanto, el futuro era una posibilidad y el pasado una certeza. Pero si el tiempo ya es una incógnita, qué será del espacio: se está resquebrajando en diferentes planos, y no son paralelos. Convergen. Esta es una de las posibles explicaciones para entender cómo, coincidiendo en un mismo lugar y al mismo tiempo, la percepción de la realidad pueda llegar a ser tan distinta.

Hace un año se presentó el colectivo de las kellys. Es un trabajo muy duro que necesita que se reconozca una edad de jubilación anticipada. La tendría hace años, como la de los mineros, si estuviera ejercido por hombres. Pero no es así. Siempre ha sido un trabajo duro, pero las condiciones, en lugar de mejorar, han empeorado. Las kellys denuncian que su carga de trabajo ha aumentado  y el sueldo se han congelado. Cobran poco más de 1.000 euros netos por 15 pagas o 1.200 con las pagas prorrateadas, y se está contratando personal por empresas de servicios que pagan menos que los hoteles: 900 euros con todo incluido, sin derecho a vacaciones. Además, ha empeorado el ambiente de trabajo: el trato de los cargos intermedios, recortes en la hora del bocadillo, días libres, productos… Se aguanta porque hay mucho paro y por lo tanto, poca movilidad y muchas oportunidades esperando a ser explotadas por necesidad.

Estos son testimonios directos: “En 15 minutos hay que hacer la cama, barrer y fregar, terraza incluida, limpiar el baño…”. “Hay que mover muebles que pesan como burros”. “Hay una exigencia brutal y si un día lo haces por encima, al día siguiente trabajas el doble”. “Yo hago 21 habitaciones más algunas zonas comunes y hace cinco años hacía 14, con el mismo sueldo”. “Hasta la de recursos humanos nos revisa las habitaciones porque quieren conseguir la Q de calidad”. “Sin tanta presión, la productividad sería mejor aún”.

Hace un año se presentó el colectivo de las kellys. Es un trabajo muy duro que necesita que se reconozca una edad de jubilación anticipada. La tendría hace años, como la de los mineros, si estuviera ejercido por hombres

Y estas son las consecuencias: expedientes, sanciones, despidos, estrés, bajas por ansiedad, por depresión, golpes, tropiezos, caídas, pastillas para la tensión, contracturas, ciática, codo de tenista, túnel carpiano... Decía hace un año la portavoz de la asociación en Lanzarote que la patronal las ignora y padece el síndrome de la Infanta, es decir, que no sabe nada.

Pues eso se ha acabado. La patronal de la Isla ha tardado un año, pero ha reaccionado. Acaba de presentar un estudio para que las kellys aprendan pautas y buenas posturas y para que puedan convertir su trabajo “en un ejercicio saludable y positivo para su bienestar”. Para ello, han contratado a la consultora Birced Consulting, que ha creado un método para evitar las bajas por lesión entre las camareras de piso, y que imparten charlas en los hoteles con el título Cómo hacer que tu cuerpo sea feliz con tu trabajo.

No es una broma, es sólo que la realidad se está yendo al carajo porque hay planos de realidad superpuestos o convergentes y que el pasado regresa. Pero también puede ser que, ante la pasividad generalizada, la idiotez relativista, el avance del pensamiento positivo, las experiencias exitosas en otros campos y la deshonestidad y desvergüenza de quienes se amparan en personas mediocres dispuestas a hacer cualquier cosa por mantener su status, se estén riendo de todos nosotros sin ningún disimulo.

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"Fácilmente aceptamos la realidad, acaso porque intuimos que nada es real" (Jorge Luis Borges). "Anoche soñé con la realidad.¡Qué alivio al despertarme!" Stanislaw Lec. "Apenas tiene la realidad tiempo de existir, que ya está desapareciendo". (Jean Baudrillard).

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