“El éxito tiene mucho de azaroso, no hay fórmulas mágicas”
Lana Corujo, ilustradora y escritora, autora de ‘Han cantado bingo’, todo un ‘best-seller’
Creemos el ritual, sigamos el ritual. Hace un año exactamente, en la misma mesa de la misma cafetería céntrica de Arrecife, se sentaba Lana Corujo con Diario de Lanzarote para hablar de su primera novela, Han cantado bingo, que debutaba ante el público, una hora después, en la Casa de la Cultura Agustín de la Hoz.
Doce meses y diez ediciones después, la joven escritora vuelve a acomodarse frente a la grabadora para tratar de discernir las claves del apabullante éxito de la historia de dos hermanas lanzaroteñas y de un secreto familiar, editada por el sello Reservoir Books, cuya portada volcánica y azul es presencia ineludible en los anaqueles de las librerías de toda España. Sus emociones brotan impetuosas, con ganas de ser contadas.
“Siento que solo tengo palabras de agradecimiento, porque ha sido inesperado. Cuando escribía Han cantado bingo no tenía la ambición de que esto pasara. Siempre he tenido mucho miedo a publicar. Pero me dije: lanzo la novela, estoy orgullosa del trabajo, pero lo que venga después ya no depende de mí, depende de los lectores y de lo que pase. El éxito tiene mucho de azaroso, no hay fórmulas mágicas para que este tipo de cosas ocurran, y hay libros buenísimos que a lo mejor no han tenido un recorrido brutal. Así que considero que todo lo que ha llegado ha sido un regalo. Y de manera especial, ha sido muy bonito que dependiera del boca a boca, porque mi libro no tiene una estrategia de marketing detrás, ni dinero para promoción, todo ha sucedido simplemente por las recomendaciones. Estoy como en una nube”.
Razones no le faltan para que su emoción vuele alto, tantas como los veinte mil libros vendidos en su primer año, que se suman a los quince mil de la undécima edición, recién salida a la calle en estos días. Son cifras que revelan la confianza de su editorial y que convierten a la primera novela de Lana Corujo, según el criterio imperante, en un best-seller. Y lo que ha permitido que, 365 días después de su publicación, Han cantado bingo mantenga un abultado programa de presentaciones por toda la geografía nacional.
A juicio de la autora, Reservoir Books ha entendido que la novela está ahora en un momento muy dulce. “Tengo un perfil desconocido en la narrativa así que mi libro no fue un petardazo inicial, sino que ha ido muy lentito, y de manera muy natural se ha hecho esa bolita de nieve, gracias al boca a boca. Además, es cierto que el año pasado viajé mucho, pero por Canarias, y ahora toca recorrer la península, aprovechar esta ola de cariño y disfrutar con mucho entusiasmo”, señala con su habitual dulzura.
Porque, que nadie se llame a engaño, Lana sigue siendo Lana, aunque su rostro de mirada profunda protagonice una página completa en la sección de Libros de El Mundo o ilustre un reportaje en El Confidencial sobre el relevo generacional en la literatura española, por citar solo dos entrevistas de entre los innumerables artículos, reseñas y declaraciones en que aparece desde que se estrenó en la narrativa de ficción.
La fama cuesta
Decía la profesora de baile de una popularísima serie norteamericana de los ochenta mientras golpeaba el suelo con su bastón: “Buscáis la fama, pero la fama cuesta. Y aquí es donde vais a empezar a pagar, con sudor”. Y aunque Lana Corujo no moje la camiseta en su literalidad, sí es consciente de la factura de una celebridad que disfruta, pero de la que se cuida, porque, como asegura, “la salud mental es lo primero”.
“Instagram es brutal. Yo solo lo usaba para mis tonterías o, como mucho, para subir ilustraciones y demás. Y de pronto, todos los días hay seguidores nuevos, mensajes, menciones... es muy fácil que eso te envuelva. Las redes sociales son un poco una ciénaga, la gente tiene mucha libertad para decir cosas, sin pensar que detrás hay personas con sentimientos. Por eso he activado mis protocolos de seguridad, para saber cuánto puedo consumir y cuándo estoy consumiendo demasiado. Y también, con mucha naturalidad, volví al psicólogo. Hasta el año pasado estaba acostumbrada a la soledad de mi estudio, porque el trabajo de ilustración es muy solitario, y de pronto, tengo que reconocer que me abruma tanta visibilidad. Entonces, vuelvo al ahora, a salir a tomar el sol, a pasear y a hablar con mis amigas”. Y mientras describe las añoradas rutinas, se le llenan los ojos de lucecitas.
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“Es muy bonito el camino que está teniendo el libro, pero después seguirá la vida”
En todo caso, en la balanza vital del momento presente, hunde el platillo la satisfacción por el reconocimiento a su trabajo por parte de una cohorte lectora que la busca, la consulta, la abraza y la felicita. Y hasta hay quien se ha tatuado un pequeño volcán en la piel como homenaje a la dramática historia de Aleja y su hermana mayor.
La conversación va y viene y los parones se suceden cada vez que alguien se acerca para saludar a la escritora. En el terraceo soleado de Arrecife es siempre gente conocida, amistades, pero en otras latitudes y contextos son rostros nunca vistos, siempre sonrientes, o emocionados, son manos que aferran sus manos, voces pesarosas que comunican pérdidas y duelos con empatía y afán consolador. Puede suceder en una presentación, pero también en un paseo por Famara o en medio de un bailoteo verbenero, alguien que se aproxima con timidez: ¿Eres Lana, verdad? He leído tu libro...
La joven lo razona: “Pienso que Han cantado bingo no termina en la última página, sino que abre la puerta a una conversación, y creo que esa conversación es lo que busca la gente a la hora de recomendarlo o de acercarse a mí. Respecto a las emociones que desata, en ningún momento escribí pensando en hacer llorar a la gente; como mucho, tal vez buscaba incomodar conciencias. Por eso me sorprende cuando en las presentaciones vienen a darme un abrazo y me cuentan entre lágrimas lo que ha supuesto la lectura, o me dan el pésame, pensando que el relato es autobiográfico... Cuando escribo no tengo objetivos más que conmigo misma. Por eso me resulta muy raro y fascinante ver cómo la novela genera todas esas emociones”.
Nadie duda de que cada experiencia lectora es única, pero de manera más general, la ópera prima de la lanzaroteña se ha interpretado como una carta de amor entre hermanas. Tanto que, de viva voz o a través de mensajes en redes, Lana Corujo ha sabido de reconciliaciones y reencuentros de hermanas, que han podido dar nombre a sus sentimientos, han empatizado con las protagonistas y han abierto nuevos caminos para reconstruir la proximidad y el buen trato: “No buscaba retratar fielmente cómo son las hermanas de todo el mundo, pero que cada lector se identifique con una parte y la lleve a su terreno me parece muy bonito. A mí los libros me han sostenido muchas veces y que algo hecho por mí sostenga a otras personas, me parece maravilloso”.
En casa
En medio de la vorágine, la escritora es consciente de que la promoción, los viajes y presentaciones de su primera novela tienen fecha de caducidad, y aunque se reconoce más propensa a mirar hacia el pasado y a imaginar el futuro, trata de vivir el presente. “Es muy bonito el camino que está teniendo Han cantado Bingo, pero es un camino. Después seguirá la vida y seguirán otras cosas y yo tengo que estar ahí. Mi trabajo tendrá que seguir cuando todo esto pase. Mientras llegan los royalties tengo que trabajar, pagar facturas, poner lavadoras, hacer la comida... Intento recordar que ese tipo de cosas son también los pilares de mi vida”, dice.
“Si hablo del amor hacia Lanzarote debo nombrar las voces que me precedieron”
Y para ello aprovecha los tiempos que le deja la promoción de la novela para avanzar con otros proyectos personales, como el Encuentro de Literatura Verbena, que cumplirá en junio su quinta edición, o sus labores como ilustradora, que han incluido recientemente la cartelería promocional de las actividades de la asociación Parranda Marinera Los Buches o las imágenes que acompañarán el inminente nuevo libro de Lola Suárez.
La madurez de sus palabras busca conformidad con la mirada. Ser tan sincera consigo misma rezuma sentido común y pies en la tierra, el lugar donde le gusta estar, pese a todo: “Pasé todo el año pasado con taquicardia, me sentía muy asustada cuando el libro empezó a circular. Pasas de pensar que te leerán tu familia y tus amigas a darte cuenta de que has tomado algo muy íntimo tuyo y lo has mostrado abiertamente. Y eso genera vulnerabilidad. Pero ahora he aceptado esa parte de mí misma, quiero ser honesta con mis miedos, y al mismo tiempo siento que he crecido, que el proceso ha sido muy enriquecedor”.
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El futuro
Quizá debiéramos escuchar a Lana cuando aboga por disfrutar la vida en presente, pero es inevitable plantear cómo imagina la escritora las puertas al mañana. Las mieles de una ópera prima que la ha catapultado al catálogo de autoras más reseñadas, recomendadas y vendidas de 2025, y lo que queda por venir, pueden facilitar una segunda novela impulsada por el éxito de la primera o pueden generar expectativas difíciles de cumplir.
Coincide en que, inevitablemente, su próximo libro se va a comparar con Han cantado bingo. “Sigo siendo una persona en construcción y confío en que tengo una manera de escribir que inevitablemente madura y evoluciona, pero también entiendo que, en este momento, cualquier cosa que haga se va a comparar y se van a buscar similitudes. Y eso me asusta un poco, porque yo escribo todos los días, por acumulación. Siempre estoy mirando el mundo y guardando mis cosas para que me sirvan en algún momento en el que enfrente un proyecto mayor. No pasa nada si no es ahora y es dentro de cuatro, de cinco, de diez años, o al que viene, da igual. Lo importante es hacer lo que me dé la gana y ser fiel a mi manera de contar, a mi voz literaria. Hay lectores que no han entrado en la historia por cómo se presenta la estructura; soy consciente de que no es una novela complaciente. Siento que hay un punto de desorientación al que necesito llevar al lector para que luego todo empaste. Y hay personas que no quieren ese no saber. Pero yo estoy tranquila, ningún libro es para todo el mundo y también fue lo que yo quise hacer”, defiende.
“Sigo siendo una persona en construcción: mi escritura madura y evoluciona”
Y así seguirá siendo, por lo que, aviso a navegantes, el siguiente relato de la lanzaroteña será emocional, pero tal vez no provoque llanto, sino asco, o rabia, y probablemente tendrá otra estructura y otro enfoque. Lo dice con las palabras exactas: “Hay algo muy bonito del proceso creativo, que es entregarse al misterio y pensar que siempre acaba sucediendo algo”.
Cualquier duda se volatiliza al referirse a la editorial que apostó por ella con los ojos cerrados, después de conocer su poemario Ropavieja. “Estoy con un equipo súper bueno, a pesar de que Reservoir Books es una gran editorial y podría pensarse otra cosa. Es verdad que Han cantado Bingo ha superado todas las expectativas pero desde el principio me han tratado con mucho mimo y he recibido de ellos mucha atención. Creo que he encontrado mi casa editorial; si pienso en una segunda novela, volvería a hacerlo con ellos”.
Mientras ese futuro llega, Lana Corujo continúa su viaje de aprendizaje, de conocimiento, de encuentro con el público lector y de proyección de Lanzarote, que en estos meses de ajetreo, aviones y flashes, ha reforzado para ella su naturaleza de refugio, abrazo y hogar. Un territorio que proyecta en cada presentación, en cada presencia en un club de lectura y en cada entrevista: “Arrancar con la novela en Lanzarote fue muy simbólico para mí. Pensar que vengo de una isla con una tradición literaria tan rica y tan extensa me hace sentir mucho orgullo. El otro día, durante mi participación en el ciclo Memoria de los Jueves, hice una declaración de amor a la literatura de Lanzarote. Porque siento que, en parte, soy resultado de todas esas voces que me han precedido; no vengo a poner una piedra nueva, vengo a seguir un caminito que se inició hace mucho. Así que no puedo hablar del amor hacia Lanzarote sin nombrar sus letras”.
Ella habla de la Isla y el mundo literario nacional habla de ella. La superventas Elisabeth Benavent, firmante de más de una veintena de novelas, incluida la serie Valeria, o la cantautora palmera Valeria Castro, han recomendado la lectura de Han cantado bingo a sus miles de seguidores en las redes. Su última intervención en un club de lectura fue por videoconferencia, con Monterrey (México) y su agenda incluye para este primer semestre del año paradas en Barcelona, Oviedo, Gijón, Segovia, Valencia, Madrid, Zaragoza, Málaga o Sevilla, entre otras. Difícil imaginar para Lanzarote mejor embajadora.

















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