Una nueva generación de lanzaroteños deja atrás la seguridad de otros empleos para recuperar la tierra y dignificar la agricultura. “El campo tiene salida sí o sí, porque la gente tiene que comer”

“¿Pero tú estás loco?”: Así nacen los nuevos agricultores de Lanzarote
Una nueva generación de lanzaroteños deja atrás la seguridad de otros empleos para recuperar la tierra y dignificar la agricultura. “El campo tiene salida sí o sí, porque la gente tiene que comer”
“¿Pero tú estás loco?”. Esa fue la pregunta que más escuchó Octavio Tejera cuando hace seis meses, a sus 33 años, decidió apostar por la agricultura de forma profesional. A Aday de León, que inició ese mismo camino hace cuatro años, le ocurrió lo mismo. Nadie entendía que dejara “un buen trabajo, un buen horario y un buen sueldo” para dedicarse al campo.
Hoy forman parte de la nueva generación que está tomando el relevo del sector. Una generación en la que también hay mujeres, como Ylenia Fernández. Ella se embarcó en este proyecto junto a Octavio, su marido. “Yo también soy agricultora”, dice con orgullo. Si algo comparten los tres es eso: orgullo por lo que hacen.
“Yo siempre pongo un ejemplo: la gente sin peluquería, sin un bar o sin un parque puede seguir viviendo, pero sin alimento no puede vivir. Y cada vez sale más caro traer el producto de fuera y hay más problemas y más conflictos, como pasó con la guerra de Ucrania. Por eso digo que el campo de Lanzarote tiene salida sí o sí. Lo mires por donde lo mires tiene salida, porque la gente tiene que comer y no podemos depender de traer todo externo”, defiende Aday, que está cansado de que se vea al sector como el “pobrecito agricultor”.
“Creo que la imagen que se tiene de los agricultores es porque no es un trabajo fácil”, añade Ylenia. “Es un trabajo duro, estás agachado, requiere un esfuerzo físico... Pero también es muy bonito y muy gratificante”. Por ejemplo, como apunta Octavio, cuando plantan algo y el resultado de tamaño, sabor y calidad es el que buscaban. “Ahí dices: Estoy haciendo las cosas bien”.
Una pasión compartida
Ylenia y Octavio tienen una empresa de alquiler de autocaravanas y zodiacs y él además es enfermero de Urgencias, pero también les unen unas raíces familiares vinculadas al campo, de padres, tíos y abuelos agricultores. “Toda la vida he plantado, pero para mi casa”, precisa él. Hace cinco años empezó a tomárselo más en serio, siguiendo el modelo de su tío, que se había adentrado en la agricultura ecológica, pero el principal empuje no llegó de su familia. “Mi padre, que viene de este sector y huyó lo antes posible, fue el que menos me apoyó”, recuerda con una sonrisa. La clave, sobre todo, estuvo en compartir esa actividad con su pareja.
“Mi padre, que viene de este sector y huyó, fue el que menos me apoyó”
“Yo lo he mamado desde pequeña, pero es verdad que al compartirlo con mi compañero, pasábamos súper buenos ratos ahí de desconexión en el campo y poco a poco hemos ido aumentando”, explica Ylenia. Con una anécdota, reflejan lo que supone para ambos esta pasión: fue en una de sus fincas, entre batatas, donde ella decidió contarle a Octavio que iban a ser padres por primera vez, entregándole una caja con un zapatito de niño, una chupa y una prueba de embarazo. Estaban empezando una nueva vida, en todos los sentidos.
Eso fue a principios del pasado mes de enero y cuatro meses después, arrancaron como profesionales y fundaron Fincas Casablanca. Llevaban más de un año madurando la idea y en mayo comenzaron. “Nuestra familia tiene un montón de tierras y esa es otra de las cosas que también me motiva: me encanta Lanzarote y ver fincas abandonadas me daña la vista”, explica Octavio.
Empezaron rehabilitando tres fincas familiares en Muñique que habían quedado en desuso y no se quedaron ahí: también compraron otra más grande en Yaiza, de 15.000 metros. Además, contrataron a una persona para trabajar con ellos, porque ambos compaginan la agricultura con sus actividades anteriores, al menos por ahora, ya que todavía no obtienen beneficios. “De momento solamente ha sido invertir y esperar a ver si esto da fruto”, apunta él.
A su favor juega la experiencia previa que ya tenían en el sector, y también los consejos de otros profesionales, como el propio Aday. Hoy cultivan batata y calabacín y están haciendo pruebas con calabaza, melón verde, melón amarillo y sandía, y los dos últimos “han respondido bien”. “El campo es súper bonito. Hay que conocer el suelo, pero es todo el rato estar experimentando y la propia planta te dice cómo va”, afirma Ylenia.
Además, subraya que no se lanzaron a esta aventura a ciegas: “Hicimos un estudio económico, porque esto te puede gustar, pero hay que hacer números”. Eran conscientes de que llevaría un tiempo recuperar la inversión, pero de momento sus previsiones se están cumpliendo. “Los riesgos están ahí, pero por ahora somos optimistas”.
![]()
De la guagua al campo
Aday fue en su día capataz agrícola en una bodega, pero después se alejó del sector y se dedicó a otros trabajos, el último en el sector de las guaguas, hasta que hace cuatro años volvió la vista hacia el campo. “Entre el tema de la pandemia y que tenía cuatro niños, lo vi como una alternativa con viabilidad, también para tener más tiempo para ellos”, explica.
“La agricultura es una profesión, no somos los pobrecitos agricultores”
Él empezó arrendando dos fincas y trabajándolas solo, incluso por las noches. Hoy tiene tres personas en plantilla y un contrato con una comercializadora para distribuir los productos de su explotación agrícola Las Canelas. “Nos dedicamos al tomate, el calabacín y la batata y los mantenemos todo el año en el mercado, sin parar un solo mes”.
Cuenta que el primer año facturó 20.000 kilos de mercancía, el siguiente pasó a 80.000 y este año espera rondar los 250.000 kilos vendidos. “Soy empresario del sector agrícola, no agricultor, porque así me considera la ley. Soy de las personas que dicen que la agricultura es una profesión, no somos agricultores y ya está como si fuéramos unos mierdas. Somos empresarios y cotizamos a niveles muy superiores incluso de las constructoras o de otras empresas”, reivindica.
Aday asegura que lo mejor del sector es la libertad de horarios y de trabajar al aire libre. Lo peor, que es un oficio en el que estás siempre “mirando al cielo”, porque “estás a expensas de que venga un viento, un calor o una plaga”. De hecho, este verano perdió una cosecha de tomate por una ola de calor. “Casi 16.000 kilos tirados a la basura”.
Para él, que vive el mejor momento de su trabajo cuando ve un camión “cargado hasta arriba” con su mercancía, fue un golpe duro, pero sigue defendiendo que es un sector viable. De hecho, cree que lo que falta es una mayor profesionalización, porque beneficiaría a todos los que se dedican al sector agrícola.
“De fin de semana”
Para Aday de León, que forma parte de la directiva de la Asociación de Agricultores Profesionales de Lanzarote y preside la asociación de Tinajo, uno de los problemas del sector está en los “agricultores de fin de semana”. “No digo que haya que castigarlos, pero al menos no subvencionarlos, porque al final estás subvencionando una economía sumergida”, reclama.
“Subvencionando al agricultor de fin de semana fomentan la economía sumergida”
Legalmente, explica que estas personas pueden vender hasta 9.000 euros en producto sin estar dadas de alta, pero muchos multiplican estas ventas poniéndolas a nombre de su madre, de su padre, de su hermana... “Hasta hace poco, uno de los agricultores más grandes de Lanzarote era de fin de semana”, subraya.
Su presencia en el mercado no es que reduzca sus ventas -porque la producción en la isla ni siquiera cubre toda la demanda-, pero sí que hace bajar los precios en determinadas épocas del año, como cuando abunda la batata y llega a caer hasta los 40 céntimos. “Nosotros tenemos que organizarnos para vender batata durante todo el año, pero ellos plantan y en junio la meten toda de golpe en el mercado. Y como tienen otro trabajo, si les dan 40 céntimos y se sacan 3.000 euros, pues es un extra”, cuestiona.
Por eso insiste en que lo que necesita el sector es una mayor profesionalización y que se fomente la entrada de nuevos empresarios, porque hay mercado de sobra. “La gente quiere el producto de aquí. Hay más demanda que oferta. Lo que quiera que se saque, está todo vendido”, insiste Aday de León. Habla de la batata, del tomate -que “no tiene competencia ninguna por la calidad del sabor”-, del calabacín -que “cualquier comercializador, si lo tiene aquí, no lo compra fuera, porque es un producto que de un día para otro se te echa a perder”- o de la fresa de Lanzarote, “que es un manjar”.
![]()
Falta de tierras
Uno de los mayores obstáculos a los que se enfrentan está en la dificultad para aumentar la producción, que es lo que permite rentabilizar el negocio. “Yo he sacado 30.000 kilos de tomate y lo he puesto a un euro y aún así ha sido productivo”, explica Aday. Por eso defiende que la administración debería cambiar su política con respecto al campo.
“Ver fincas abandonadas me daña la vista, y es una de las cosas que me motiva”
“Yo estoy en contra de las subvenciones, aunque sea partícipe de ellas, porque los agricultores tienen que producir y generar ingresos”, sostiene. Y lo mismo defiende Octavio: “La agricultura hoy está muy sostenida por las subvenciones y una empresa no debería funcionar así”. En su opinión, lo importante sería eliminar los sobrecostes de la doble insularidad -por ejemplo cuando compran productos fitosanitarios-, brindarles asesoramiento técnico, no subvencionar el transporte de mercancía de fuera y, sobre todo, facilitar que los agricultores puedan disponer de más tierras.
“Hay muchísimas fincas que no se están explotando y que lo único que hacen es afear el paisaje”, cuestionan. Por eso creen que la administración debería fomentar que sean arrendadas por sus propietarios, que a su vez podrían sacarles un beneficio. Incluso Aday plantea que el Cabildo debería crear “un banco de fincas, como hay en la Península”, y cedérselas a los agricultores a cambio de un alquiler.
De hecho, él empezó arrendando y desde entonces, pese a lo que ha crecido su negocio, sigue sin tener tierras propias. “Todo el mundo me dice que por qué no las compro para dejárselas el día de mañana a mis hijos. ¿Para qué, para que después ellos no las quieran y pase yo fatiga por verlas abandonadas?”.
![]()
“Esto lo he hecho yo”
Aday tiene cuatro hijos e Ylenia y Octavio ya han dado la bienvenida a su bebé, pero no hacen planes para ellos. No piensan en que mañana sigan sus pasos en el sector agrícola, pero tampoco cierran la puerta: “A mí me da igual lo que quiera ser mi hijo. Yo quiero que sea feliz”.
“Hay más demanda que oferta. Lo que quiera que se saque, está todo vendido”
Ellos, por su parte, no se arrepienten de haber emprendido este camino. Octavio e Ylenia esperan empezar a ver beneficios el próximo año, o al menos que los ingresos empiecen a cubrir el coste del empleado que tienen ahora, y a partir de ahí seguir creciendo. “¿Cuánto perdurará en el tiempo? Ojalá que toda la vida. Ahora mismo estamos muy motivados, estamos metiéndole todas las ganas posibles y todo el tiempo posible, y la verdad es que es una profesión en la que me gustaría terminar mi carrera laboral”, apunta él.
También Aday, ya consolidado en el sector después de cuatro años, coincide. “Es una profesión bonita y tiene su recompensa. Trabajas sobre un objetivo y al final estás dando de comer a la gente, ¿sabes? Estás dando un producto de primera calidad”. Para él, la mayor satisfacción es ver lo que ha logrado. “No es el dinero, es el objetivo. Cómo he caminado, cómo lo he gestionado, lo que he sufrido y lo que me ha costado. Mirar atrás y decir: Esto lo he hecho yo”.
Lanzarote fue considerada el granero de Canarias en el siglo XVII y Aday de León recuerda que esa situación se repitió en los años 80, cuando las plantaciones de zanahorias y col en la Isla “reventaban los precios” en Gran Canaria y Tenerife. “La tierra de Lanzarote es muy rica en minerales y en materia orgánica. Está muy por encima de cualquier isla”, defiende. El problema para el sector ha estado siempre en la falta de agua, que terminaba con esos periodos de apogeo.
En los últimos años, los constantes cortes de suministro o la falta de presión han llevado a muchos agricultores a abandonar el sector, o a tener que reducir sus cosechas. “Cuando yo empecé hace cuatro años lo pasé fatal. En fincas de 20.000 metros teníamos que plantar de 3.000 en 3.000 metros, porque no había agua para más”, recuerda. Habla de “cortes intermitentes” y de “meses sin agua”, pero también del “calvario” que suponía conseguir poner un contador en una finca.
“No es un trabajo fácil, pero es muy bonito y muy gratificante”
Ahora, afirma que en el último año ha habido una mejoría. En zonas como Muñique y Tiagua hay cortes programados de 24 horas todos los viernes, pero la mayoría de los agricultores profesionales organizan su regadío en base a ellos y cuentan con depósitos de almacenamiento para resistir esos días. “Con el espejismo de vernos con agua, vamos escapando”, señala Aday. Subraya que aún “falta camino por recorrer”, pero confía en que den resultado las inversiones que se han anunciado, que incluyen una nueva desaladora en Tinajo. Y es que para que el sector sea rentable es necesario aumentar la producción, y para eso es imprescindible el agua.
Octavio Tejera también cuenta con balsas de agua, pero apunta que muchos compañeros han tenido que estar regando en los últimos años con cubas, con la dificultad añadida que implica y, sobre todo, con lo que dispara el coste del agua. Ahora coincide en que la situación está algo más estabilizada, aunque subraya la diferencia entre zonas como Yaiza, donde también tiene una finca y no sufre cortes, y otras como Tinajo o San Bartolomé.
De hecho, pese a la mejoría, la falta de un suministro adecuado en la Isla también sigue teniendo consecuencias directas para él. “Un amigo tiene una finca en La Villa, en la Vega de San José. Me la deja desde hace un montón de años pero no la cultivo, porque aunque tiene contador y un depósito, la presión del agua no es capaz de llenarlo”. Es una finca “muy buena”, pero como ocurre con muchas otras de la Isla, está desaprovechada.
















Comentarios
1 Valientes Lun, 24/11/2025 - 07:11
2 May Lun, 24/11/2025 - 14:26
3 Pérez Lun, 24/11/2025 - 15:34
Añadir nuevo comentario