Vídeo: De la Cruz. |
Unos 800 turistas visitan Bodegas La Geria cada día. Comprada por la familia Melián a los Rijo en 1994, ha fundamentado su éxito comercial en los convenios forjados con los turoperadores y en su estratégica localización, arropada entre una triada de volcanes (El Chupadero, Diama y Guardilama). Desde la carretera, sorprende la densidad de vehículos que luce su aparcamiento, repleto de guaguas y flotas de taxis desde primera hora de la mañana.
Darío Rodríguez es comercial de la bodega desde hace 12 años y su mejor baza de venta son las cifras: “Unos 300.000 visitantes al año, con picos de 1.200 personas diarias en los días de verano. Estamos por encima de Freixenet y de Osborne”, nos cuenta en la antigua venta de la bodega, una sala rústica que conserva el sabor y las maderas de antaño. Aquí se pisa la uva cada 15 de agosto, Día de la Caridad, en una jornada de vendimia tradicional en la que se ríe más que se trabaja y se culmina con un brindis a base de mosto y otras viandas.
En la taberna La Cepa, holandeses, alemanes, italianos, pocos españoles y muchos cruceristas prueban pinchos y variedades de vino antes de visitar la tienda de artesanía. Una línea de productos cosméticos hechos con aloe vera y malvasía, en colaboración con la empresa lanzaroteña Lanzaloe, llama particularmente la atención a los visitantes. Aunque no tanto como el mirador semicircular, que permite asomarse a las faldas de Timanfaya y a los volcanes de alrededor, culpables de sepultar 18 pueblos. En días despejados, no hay paleta para tanto color.
Quien sea capaz de abstraerse de la velocidad de la visita que imprimen los turoperadores, podrá alcanzar el verdadero éxtasis. Pero hay prisa por continuar, y los visitantes se arraciman para salir en una foto-postal, en la que se sustituye el tradicional 'Cheese' o el peninsular 'Patata' por un eufórico '¡Vino!'. La finca tiene 10 hectáreas de viñedos de las variedades malvasía, moscatel y listán negro, que se reparten en 3.000 hoyos que se trabajan, igual que en toda La Geria, de forma manual. Subir y bajar al hoyo de 2 metros de profundidad. Subir y bajar al hoyo, en infinitas repeticiones. Las higueras, los mangos y las moreras son testigos.
Nos lo explica Alejandro Besay, enólogo tinerfeño que lleva seis años en el equipo de Bodegas La Geria. Manto es su variedad más premiada, de producción limitada. Tras su paso por Bodegas Lurton, en la Denominación de Origen Burdeos (Francia) y Bodegas Monje (Tenerife), este joven enólogo explica a los visitantes las peculiaridades del terreno, que es único en el mundo, no por eslogan, sino por prueba documentada: así como la variedad malvasía se cultiva en Grecia, Italia e incluso Galicia, sólo en Lanzarote crece henchida de aroma y minerales, gracias a la originalidad y a la dureza del terreno y la climatología.
A mediados de febrero comienza la poda de parras. Las hojas se queman para evitar hongos y las varas se trituran para fabricar compost. Una vez limpiado el hoyo, se comprueba que los muretes de piedra -guardaespaldas de las uvas- estén bien colocados, siempre en dirección noreste, por donde nos visitan siempre los furibundos vientos alisios.
Estamos en plena temporada de brote. Este año, Bodegas La Geria experimentará con 2 ó 3 hectáreas de viñedos ecológicos, que no verán ni gota de azufre. Serán enriquecidas por un compuesto a base de algas marinas que una empresa checa ha ideado para los lugares que padecen mucho “estrés hídrico”, esto es: sequías espantosas.
Tras visitar las salas de frío y de fermentación, terminamos en una sala de luz medieval, habitada por una piedra tozuda que no se dejó romper ni mover durante la restauración de la casa; y por una formación de barriles de roble americano que encierran moscatel. “Queremos trabajar los moscateles y malvasías dulces en barrica para rescatar los orígenes del vino en Lanzarote”, explica Alejandro.
Si caminamos hacia Uga por la carretera de La Geria, además de arrebolarnos con los colores de los volcanes, y las casas derruidas o pendientes de recuperación (la de los Carrasco, en un alto privilegiado de San Bartolomé sigue vestida con el cartel de ‘Se vende'), veremos un paisaje... por M.J. Tabar.
Las postales pintadas con tinta malvasía y sal conejera, firmadas por el autor local Carmelo García, llaman la atención de dos viajeros alemanes, vestidos al uso explorador, que se internan en Bodegas El Grifo con la lentitud típica de quien desflora algo con devoción. La tienda recibe al visitante con una...
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