
Bernardo Morales Méndez
[Martes, 16 de septiembre de 2008] [07.30]
A mi amigo Antonio Lorenzo,
agradeciéndole su magnífico libro
«Historia menuda de Arrecife»
He leído de un tirón
toda tu «Historia Menuda»
y con gran satisfacción
disfruté de su lectura.
Fue un repaso a la memoria
de recuerdos entrañables,
llenos de calor humano
sin trascendencia apreciable;
ha sido buena tu idea
de rendirle un homenaje
a aquellos que, un día, fueron
populares personajes.
Yo me acuerdo de «Merengue»
¡Cómo no…!, de Micaela,
de Manolo «El Betunero»
y de Ramón «Leva Leva»...
y de «señó» Pepe Duarte,
el guardia municipal,
que era un guardia como pocos
imponiendo autoridad.
De una buena nos libramos
un día de Carnaval,
que nos persiguió con saña
por ponernos un disfraz;
jadeante y sudoroso
dio la vuelta a la Ciudad,
y nos sometió a un acoso
sin dejarnos respirar;
cuando ya estaba seguro
de tenernos a su alcance,
una de las mascaritas
resultó ser el Alcalde;
y poniéndose a sus órdenes
fue y le dio las novedades,
mirándonos de reojo
resoplando de coraje.
El quiosco del muelle chico
era un centro de festejos,
y venían de la villa
a tocar, «Los Trompeteros».
A su lado, en la explanada,
el paseo de ida y vuelta,
enamorando a la novia
vigilados por la suegra.
En la vieja Democracia
-con la orquesta de Mejías-
bailando toda la noche
hasta que rompiera el día;
aunque en ciertas ocasiones
sucediera alguna vez
que se suspendiera el baile
el día de San Ginés;
pues la norma del obispo
no admitía apelación,
si se incurría en pecado
que implicara excomunión.
Nuestra gente era cordial
con todos los forasteros,
y ante las chicas de aquí
muchos de ellos sucumbieron;
no siempre los que pasaron
dejaron un buen recuerdo,
porque alguno salió rana
y hubo de irse soltero.
Así ocurrían las cosas
de entonces, en Arrecife,
dónde yo, en mi juventud,
pasé días muy felices.
[Publicado en El Día el miércoles, 1 de octubre de 1997]
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