UNA HOJEADA A LA HISTORIA

 

La guerra de Viriato

 

Manuel Hernández Avero

[Lunes, 26 de marzo de 2012]

 

 

 

 

En el año 150 a .C., un joven pastor conseguía escapar a la masacre de lusitanos perpetrada por Galba. Durante ocho años, su genio militar frenaría a las legiones de Roma.

Al frente de su ejército, Viriato libró una guerra que duró 8 años. En los tres primeros, el éxito estuvo de su parte. Primero derrotó a Vetillo, que había seguido acosándole tras la escaramuza anterior. Las circunstancias se trocaron y ahora fue el ejército romano el que se vio copado. Vetillo y la mitad de su ejército perecieron en la batalla. En los dos años siguientes, Viriato derrotó a todos los gobernadores que Roma envió contra él. “No contento con defender la libertad de sus compatriotas devastó con la espada y el fuego las tierras de una y otra parte del Ebro y el Tajo; atacó los campamentos de los pretores y gobernadores de las provincias; exterminó casi por completo el ejército de Claudio Unimano, y con las banderas, trabeas y fasces que nos arrebató erigió en sus montañas grandes trofeos”, explica Floro.

Una de esas montañas, el monte de Afrodita, al norte del Tajo, era su refugio cuando las cosas se ponían mal y tenía que replegarse. Su audacia no excluía la habilidad para escabullirse, o para fingir hacerlo, a fin de atraer al enemigo a su terreno, sorprenderlo y coparlo. Se podría decir que la rapidez de movimientos y la habilidad para la emboscada, características de la lucha de guerrillas fueron patentadas por él. Durante estos años, Viriato no sólo consiguió imponer su dominio en la zona sur de la Lusitania, a uno y otro lado del bajo del Guadiana, haciéndose fuerte sobre todo en la Beturia (Huelva) sino que recorría y devastaba impunemente las zonas próximas más ricas como la Carpetania y la Turdetania, donde contaba con muchos simpatizantes incluso entre ricos terratenientes compatriotas, uno de los cuales, de nombre Astolpas, acabaría siendo su suegro.

El Senado romano, alarmado por las noticias que llegaban de Lusitania, decidió enviar allí a un peso pesado, el cónsul Fabio Máximo. Este esperó a reunir un ejército suficiente y bien entrenado para presentar batalla al de Viriato, y la victoria se decantó hacia el lado romano.

En 139 a .C. Viriato perece victima de una traición: es asesinado por tres de sus lugartenientes, comprados por el gobernador romano Servilio Cepión.

 

 

 

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