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CARTAS AL DIRECTOR

 

De la cocina al baño

 

José Luis Cabrera

[Lunes, 13 de diciembre de 2010]

 

 

 

 

La querella presentada por Astrid contra Carlos Espino es objeto de burla en los mentideros jurídicos. El gran arma para destruir al denunciante de la Operación Unión se diluye en cada párrafo como el azucarillo de Paulino. Su lectura, hace meses, me hizo pensar que era una bromita de la niña de Rajoy, que esa querella, ese texto, no era el que se había presentado en el Juzgado. No es posible semejante resbalón. Pero para resbalones estamos en Lanzarote. Y no se trata, solo, de la incoherencia en su redacción, los cortes del texto sin venir a cuento o la ausencia de las más mínimas reglas gramaticales las que te llevan a pensar que el intento es de color amarillo. Es el salto de los hechos a los tipos delictivos lo que llama la atención. Una querella de color amarillo, digna de sus protagonistas.

El deseo de anular al adversario político y de dar consuelo a un pacto cogido con tiritas ha podido más que el mínimo sentido de precaución y respeto a los órganos judiciales. Pero para los detenidos por la Guardia Civil, y para los fotografiados con el dinero negro en las manos un clavo ardiendo debe ser un buen compañero de caída. El mensaje de los escuchados cometiendo delitos es que la culpa no es suya sino del que puso el micrófono, el mensaje de los corruptos que nos gobiernan es que es mejor ser un ladrón de éxito que un político decente, el mensaje de los que se mueven en la putrefacción es que todos tenemos que apestar con ellos. Y para que ese mensaje cale hay que ensuciar, a toda costa, al que se atrevió a levantar la manta de tanta mierda, y todo lo que le rodea. Digo yo que habrán medido sus fuerzas antes se emprender semejante empresa.

Ya se nota que alguien les ha dicho que así no, que mejoren, que si Carlos Espino ha cometido un delito, o cien, que lo denuncien, que ganamos todos en transparencia, pero que el juzgado no es un patio de vecinas. Por eso Astrid ya no dice que la querella es suya, ahora es de los Centros, es pólvora del Rey. Por eso la prensa amarilla lleva días diciendo que la justicia no es suficiente, que se ha quedado corta, que mira el color político. Si quedan a cenar con Roca, con Camps o con el pocero, seguro que hacen buenas migas.

Así que de defender a los imputados a pretender saltarse la Justicia usándola para fines espúreos hay un paso, grande, el mismo que hay de la cocina al baño, o del color amarillo al color mierda. Algunos están dispuestos a dar ese salto imprudentemente, tanta es la ansiedad, que han dejado las suficientes migüitas para que todo se sepa. Seguro que lo que sí que está al fuego es un caldito de gallina, pero no de los de sobre, sino de esos que se hacen a fuego lento, con gallinita y verdurita, de los que cunden.

Así que señores, vayan directamente al cuarto de baño, emponzóñense a gusto que se van a quedar para rato en semejante estancia. No se nos escapa el motivo de tanta agresión, entendemos el nivel de su preocupación, la presión, pero el respeto se queda en la cocina. Claro que con personas que usan a sus hijos como lavadora para blanquear dinero, falsear facturas o empujarles a las puertas de los juzgados ¿qué podíamos esperar? .Por eso no les acompañamos en semejante viaje, porque una vez que te metes en el fango es imposible quitarse el hedor a mierda.

 

 

redaccion@diariodelanzarote.com

 

 

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