Mario Alberto Perdomo
[Viernes, 15 de mayo de 2009]
Aquello que el grupo de gobierno del Cabildo de Lanzarote hace y que la oposición sostiene que no sirve para nada, es lo que va a hacer Paulino Rivero para toda Canarias. Ni siquiera resulta curioso; simplemente es así cuando la política se concibe como un juego en el que vale de todo para desgastar al adversario. Incluso mentir.
El presidente del Gobierno canario ha anunciado su intención de sellar un gran pacto social por el empleo con los agentes económicos y sociales del Archipiélago. Lo hará en las próximas semanas y ha expresado que tenderá puentes para que se sumen los cabildos, los ayuntamientos y el resto de formaciones políticas. Es lo que toca y es lo que un presidente autonómico tiene la obligación de intentar. El desempleo crece al galope, el turismo muestra síntomas de agotamiento y no hay actividades productivas alternativas que puedan tirar del carro de la economía en las Islas. Todo ello unido a la lejanía del continente europeo, la fragmentación territorial del Archipiélago y la dependencia del petróleo y sus derivados dibujan un panorama desolador.
Una adecuada lectura del presente y del inmediato futuro aconseja introducir en el diagnóstico que nada volverá a ser como antes. Esta idea es clave para saber qué hacer y cómo hacerlo. Hay quien, todavía, piensa que la rueda de la economía volverá a girar a la misma velocidad y con la misma intensidad con que lo ha hecho en los últimos lustros. O que retornará un nuevo ‘boom' turístico que tirará de la construcción, del sector inmobiliario y de sus actividades complementarias. La realidad es que no es previsible.
Hay que salir de esta como sea, eso está claro. A corto plazo, hay que centrar los esfuerzos en la defensa del empleo, la lucha contra el paro, la cobertura social a las familias que se queden sin subsidio o la promoción turística para reactivar la demanda. Aquí y ahora, el papel del sector público es esencial. Pero a medio y largo plazo, conviene comenzar a diseñar y a sentar las bases de un nuevo modelo productivo en el Archipiélago. Pero ya.
Casi todo el pensamiento económico que se ha generado en las Islas en los últimos 30 años ha advertido de los riesgos que corría la economía canaria: extraversión, dependencia, vulnerabilidad, monocultivo... También los historiadores han generado gran cantidad de reflexión explicando lo que ha sucedido en otras épocas similares en el pasado. La diferencia es que antes se emigraba y hoy no hay a dónde. Así que hay que echarle un par para abordar flancos débiles como la industrialización, la especialización y la reconversión de la oferta turística o la autosuficiencia alimentaría y energética en un marco de estricta protección del territorio.
Si son sinceras las palabras del presidente, que deben serlo porque no hay otra salida, en su mano está que se publique la fotografía más esperada por la mayor parte de la población: por fin todos juntos trabajando para un mismo fin en estos momentos tan excepcionales. De todos se espera lealtad, capacidad de renuncia, generosidad, grandeza de espíritu y eficiencia. Mucha eficiencia.
[Condiciones de uso | | ]


