Visibilidad

 

Carlos Espino

Secretario de Organización del PSOE de Lanzarote
[Miércoles, 25 de junio de 2008]

 

 

 

 

 

 

Zerolo, Boris, Jesús Vázquez, Marlaska, Saavedra, Almodóvar... toda una serie de referentes, de trayectorias personales completamente diferentes, que pueden servir de modelos para el joven que se orienta sexualmente hacia la homosexualidad. La pregunta es obvia, ¿no hay mujeres lesbianas famosas, conocidas públicamente?, ¿hacia quién mira una niña, una joven, que despierta hacia una sexualidad lésbica?

No tienen referentes. Ni parece que en fechas próximas vaya a cambiar el panorama. Bastante dura es la carrera pública para una mujer fuera del espectáculo y el famoseo, para cargarla con el peso adicional de identificarse como lesbiana en una sociedad que todavía atesora íntegros todos sus componentes de homofobia. Es una decisión muy personal y muy dura la de salir del armario, la de identificarse como lesbiana por más que el revelarse pueda servir de modelo para otras, más allá del efecto maravilloso de poder vivir sin ocultar nada.

Pareciera que el chador, el burka, siguiera extendiendo su maldición, ocultando a las lesbianas bajo el velo del desconocimiento de sus realidades más íntimas, condenándolas a la invisibilidad, salvo en el reservado segmento de la pornografía o la fotografía erótica, en el que la lesbiana idealizada se convierte en objeto de morbo.

En un momento en el que, al menos formalmente, las condiciones están puestas para vivir con total normalidad la propia condición sexual, existe, una vez más, una doble discriminación hacia la mujer lesbiana que sufre una situación de total invisibilidad. Por eso, este año ha sido declarado por los colectivos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales, como el año de la visibilidad lésbica y el próximo sábado, Día del Orgullo, estará dedicado a ellas.

Como siempre, volverá la discusión sobre el aspecto de provocación del Día del Orgullo. Una discusión estúpida y totalmente innecesaria. Mientras siga habiendo discriminación, mientras lo diferente condicione, seguirá siendo necesario el alarde, la reivindicación orgullosa de la propia condición. Y si es en un ambiente festivo y a la luz del día, mejor.

Por eso, el próximo sábado, veintiocho de junio, estaré con mis amigos y amigas de LANZATE, celebrando el Día del Orgullo y cantando con Alaska el “A quién le importa”. ¿Una provocación? Necesaria.

 

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