La ilógica económica

 

Tomás J. López

[Lunes, 23 de junio de 2008]

 

 

 

 

 

 

En mitad de los exámenes y yo echando cuentas. Casi mil euros al mes de media, de los que la mitad se van al piso. En un trimestre, desde octubre a Navidad, medio millón de las viejas pesetas. Algunos mandarán más, y otros muchísimos, mucho menos. Pero todos los de esta isla se dejan hasta lo que no tienen si la hija o el hijo deciden irse a estudiar fuera, que es donde único se puede estudiar cuando no te hallas en un módulo, Turismo o Enfermería.

Quiero terminar en junio o septiembre, pero ya sé que no me va a salir. Esos créditos de libre que dejaste por ahí, la prueba de inglés que tengo que sacar, la asignatura chunga que te pueda quedar… me tocará esperar hasta febrero. Para mí, hasta ahora, sólo significaba eso, quedarme hasta febrero. Pero hoy saqué la calculadora: en la capital de España, y en la pública, esto significa unos 4000 euros más.

Llevo cinco años con una cosa, y dos con otra. En estos siete años he pagado siete matrículas que equivalen, cada una, a un sueldo cualquiera; he abonado 84 alquileres de piso; he ido miles de veces al supermercado, y me he tomado más de una copa, en un fin de semana cualquiera. Somos la generación mejor preparada de la historia del país, sí. Pero tanto libro no nos ha hecho recapacitar sobre quiénes, y sobretodo, cómo, han hecho posible “el milagro”. Yo, sin ir más lejos, no lo había visto así hasta hoy.

Con lo que lleva pagado en matrículas, alquileres, fianzas, supermercados, billetes, libros, fotocopias, transporte y copas, mi madre se podría haber comprado ya un apartamentito, para sacarle rentas o para ir a pasar las vacaciones. Otras madres y padres menos afortunados que los míos podrían haber ido al supermercado a fin de mes sabiendo que tienen con qué pagar lo que meten en el carrito. Pero en vez de eso, van y lo “derrochan” en nosotros.

Si le buscas la parte utilitaria al asunto, no se la encuentras. Visto fríamente, es un dineral a fondo perdido. Madrugones sin recompensa material. Fatiguitas mal pagadas. No creo que ningún estudioso de la economía, ningún teórico del capitalismo brutal en el que vivimos, sea capaz de explicar qué mueve a cientos de familias de por aquí a hacer lo que hacen cada mes sin esperar nada a cambio. No sé si habrá cosas que el dinero no pueda comprar, pero hoy me acostaré convencido de que hay otras que éste no puede explicar. Igual que no me explico qué carajo nos pasa para que hasta hoy, siete años después, no haya sido capaz de entenderlo, y de, al menos, darle las GRACIAS.

 

 

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