
Lavive Hernández
[Viernes, 13 de junio de 2008]
Me pasé tres o cuatro días descolgada, barruntando de qué manera un teléfono para hombres puede ser una medida que favorezca a las mujeres.
Ahora que tengo más datos, veo que no estaba descolgada sino intoxicada, gracias al tratamiento de la noticia por parte de los medios de comunicación allende los mares y no tan lejos.
Primero, hicieron burla con lo de soltar el garrote en el momento de la agresión para llamar por teléfono y decir: estoy que la mato cómo canalizo. Donde dije garrote digo martillo, cigarrillo encendido, hacha, destornillador, teléfono móvil, pistola reglamentaria, y todos los demás utensilios que el hombre agresor emplea para saciar su ira.
Luego, dijeron que de una ministra que se carga la gramática castellana del castellano español de España, no se puede esperar gran cosa. Además la ministra es joven y bloggera, qué modernidad. Si en Latinoamérica se dice y escribe miembra debe ser cosa de degenerados gramaticales que, salvando a García Márquez y a Borges, son todos medio analfabetos.
Ahora ya sé cual era la propuesta de Bibiana y su fundamentación, que no es otro que la experiencia del 016, el teléfono que usan las mujeres maltratadas para informarse. Resulta que también llaman hombres, y hacen muchas preguntas " acerca de la corresponsabilidad, de cómo afrontar una situación de divorcio o separación, o sobre cómo gestionar un conflicto de pareja."
Esto ya tiene más sentido. No es que quiera dotar de argumentos a quienes no han sabido darle legitimidad, pero la realidad es que lo extraño sería que a estas alturas los hombres no empezaran a hacerse preguntas. De hecho, nada más lejano del humanismo intelectual y sentido común del que hacen gala quienes escriben, presentan, opinan y sientan cátedra en la radio y la tele, que no hacerse ninguna pregunta.
Conocerse uno mismo siempre resulta más difícil que preguntar al otro , pero seguramente lleva más lejos. Uno podría preguntarse, por ejemplo, por qué carajo me meto tanto con la Igualdad y sus medidas novedosas, si en el fondo soy un tipo con pasta, conocido y reconocido, sociable, guapito, y ni aún así consigo ligar ni mal ni bien ni regular, y alquilo el amor de una trabajadora del sexo mientras afirmo y reafirmo que los hombres no tenemos manera telefónica de canalizar la violencia machista, ni tiempo de andarnos con preguntitas de incómoda respuesta.
Creo que llamar al Ministerio sale gratis.
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