La crispación política en Lanzarote: hablando se entiende la gente

 

Damián Peña

[Viernes, 13 de junio de 2008]

 

 

 

 

 

 

Desengaño y desilusión es lo que quizá sienta una gran parte de la ciudadanía lanzaroteña en relación con la gestión y trabajo de algunas de las instituciones públicas de nuestra isla y de nuestra Comunidad Autónoma. Actualmente el debate público insular es intenso y gira alrededor de temas como el Centro de Internamiento de Extranjeros, los despidos en los Centros Turísticos, el Campus Universitario, INALSA y Plan General de Arrecife, entre otros.

Analizando cada uno de los temas citados se observa un denominador común causante de la crispación política que vive nuestra isla y que sería, a mi entender, fruto de "cierta" falta de dialogo con los ciudadanos. El refrán "hablando se entiende la gente" adquiere en este contexto una veracidad y un acierto totales.

La separación progresiva entre clase política y ciudadanía parece evidente y se refleja en la calle, en los medios de comunicación y en cualquier conversación. La política como gestión de las instituciones es vista según la tónica general como algo peyorativo y sometida a los intereses particulares de los intervinientes. La opinión pública es abiertamente contraria a la actual gestión pública en algunas instituciones. La crispación palpable y omnipresente.

Hace falta diálogo y debate, pero antes de tomar decisiones, no a posteriori, "a toro pasado". Hay que hablar de participación ciudadana, pero mejor aún sería practicarla realmente, y no como algo decorativo, teórico, de cara a la galería, lamentablemente vacío de contenido.

Crispación hay, incluso, en los partidos políticos a nivel insular. En algunos, concretamente, como fruto de una dirección política incapaz de entablar el más mínimo diálogo: instrucciones, ordeno y mando en lugar de explicaciones, argumentos y razones. Pero es difícil presentar argumentos cuando los verdaderos objetivos no son confesables. Cuando es así algunos suelen recurrir a la demagogia y a la coacción como instrumentos de la acción política. No hay, por lo tanto, espacio ni lugar para el diálogo y el argumento.

La utilización de las siglas políticas como si fueran meras franquicias conduce a una degradación de la cultura política. El gobernar por gobernar, por la ostentación y ejercicio de poder, y sin el más mínimo trasfondo ideológico, sin ideario que sirva de "Leitmotiv", conduce a una acción política carente de valores y la actividad política en una simple manera de ganarse la vida. Para algunos políticos el estar en uno u otro partido, en la izquierda o la derecha, en el de enfrente o el de atrás, les da absolutamente igual. Se dice y comenta maliciosamente que algún líder político lanzaroteño está en el partido que está porque el otro al que sondeó primero no le daba el puesto o cargo que él quería.

La manipulación de la verdad se convierte en el empeño permanente de algunos personajes. Manipulación que se realiza de forma descarada y sin el más mínimo pudor, cuando priman los intereses personales sobre todos los demás. Todo vale cuando lo que está en juego son las "habichuelas" de cada uno. A algún dirigente político habría que recomendarle un cariñoso "no debes pasarte, amigo".

La espiral de la crispación puede prolongarse, acelerarse de forma vertiginosa. El ciudadano lo observa y pierde confianza en la capacidad de la clase política de solucionar sus problemas. Hay que serenarse, recapacitar, darse cuenta que la POLITICA debe estar al servicio de la ciudadanía, no al revés. En Lanzarote deberíamos pisar el freno a fondo.

Por otra parte, en el PSC-PSOE creo que vamos por buen camino. Los resultados electorales nos han sido favorables. La ciudadanía confía en nuestros cargos públicos y en la gestión que realizan.

 

 

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