La Oficina Técnica

 

Mario Alberto Perdomo

[Lunes, 9 de junio de 2008]

 

 

 

 

 

 

 

 

Se dice en voz baja puertas adentro en el Ayuntamiento. Lo dicen quienes saben porque han tramitado asuntos en la Oficina Técnica. Lo ha dicho la Fiscalía en el caso Tenorio. Lo está diciendo Gonzalo Murillo, quien pide seis millones de euros por las responsabilidades de los técnicos en La Bufona. Y lo estamos viendo en las diligencias previas del caso del inmueble municipal situado en un entorno de protección patrimonial, que ha ocasionado tremendo disgusto al alcalde al verse comprometido por la incompetencia, la soberbia o la chulería de algunos de sus técnicos. La coincidencia es unánime: la Oficina Técnica del Ayuntamiento funciona mal.

Siendo notorio que funciona mal la Oficina Técnica municipal, no se explica la tardanza en aplicar medidas correctoras. La solución es bastante sencilla. De entrada, toca chequeo y diagnóstico certero a cargo de profesionales contrastados e independientes. Aclarado qué funciona mal y por qué, y quién funciona mal y por qué, el segundo paso consiste en hacer los cambios necesarios para que las cosas funcionen mejor. Si hay que cambiar de funciones a algunas personas, se cambian; si hay que recordar cuáles son los métodos y los procedimientos que rigen en la Administración Pública , se recuerdan; si hay que reorganizar y modernizar la Oficina Técnica , hágase; si hay que contratar nuevos profesionales, contrátense; si hay que designar una nueva jefatura, desígnese; si hay que crear una Gerencia de Urbanismo, créese. Y si del diagnóstico se derivase la oportunidad de abrir expediente a algún trabajador para depurar responsabilidades, ábrase.

Desterrar vicios, mejorar organizativamente, ganar en rigor, garantizar el trato igualitario evitando los privilegios y eliminando toda duda sobre favores e influencias, refrescar quién trabaja para quién y aplicar las leyes y las normas con equidad son requisitos irrenunciables de toda institución pública. En la Oficina Técnica de Arrecife es una necesidad imperiosa. Hay trabajadores que cumplen y tienen la conciencia tranquila, por lo que no tienen por qué preocuparse. Y parece que hay trabajadores, seguramente una minoría, que han hecho de la Oficina Técnica un coto privado: éstos sí deberían preocuparse. Pero sólo si de verdad hay ganas de que las cosas mejoren.

 

 

 

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