
Mario Alberto Perdomo
[Lunes, 28 de abril de 2008]
Inalsa tiene plan. La viabilidad económica y la modernización de la empresa están vinculadas a un ejercicio eficiente de sus funciones estratégicas: producir, distribuir y reutilizar el agua generada por las plantas desaladoras. Cuando el agua ya comienza a manifestarse como uno de los problemas del milenio, garantizar su abastecimiento en condiciones de seguridad es un objetivo inaplazable.
Dejando de lado la discusión sobre si es perentorio o no unificar bajo una sola marca el parque móvil de la empresa pública, hay una cuestión que es mejor comenzar a asumir desde ahora mismo: las tarifas van a subir. Muy pronto, los usuarios pagaremos el coste real del agua que consumimos, y más pagaremos cuanto más consumamos. Es decir, se penalizará a los derrochadores.
De todos modos, la eficiencia tiene varias vertientes. Es preciso producir más, por lo que habrá que construir más plantas incorporando los avances tecnológicos: más agua y de más calidad a menor coste. Habrá que distribuirla mejor, reduciendo hasta niveles aceptables el gran volumen de pérdidas en red que hoy tiene lugar, lo que hace que la tercera parte del agua generada se volatilice durante su transporte. Por último, el enorme esfuerzo económico y productivo que se realiza debe materializarse en el tratamiento y la reutilización del 100% del agua producida, reintroduciéndola de nuevo en el ciclo para regar en la agricultura y los parques y jardines. Y todo ello deberá abordarse con la plantilla necesaria, y sólo la necesaria; de ahí que las jubilaciones anticipadas y la amortización de puestos de trabajo sea una buena política. Además, habrá que recurrir de forma creciente a las energías alternativas, más baratas y no contaminantes, reduciendo la presencia de productos derivados del petróleo. Esto es lo que hay que hacer, y habrá que hacerlo mediante una gestión impecable.
Se echa en falta actuar sobre la demanda. Un plan de modernización, hoy, debe plantearse orientar la demanda de una forma activa y decidida para que los usuarios reduzcan significativamente los niveles de consumo actuales. El ahorro de agua está vinculado a la sensibilización ciudadana introduciendo cambios en los hábitos de consumo. Pero nada estará conseguido si la gestión, insisto, no roza la excelencia.
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