
Mario Alberto Perdomo
[Viernes, 18 de abril de 2008]
El Cabildo aprobó sus presupuestos para el presente 2008, con los votos a favor de los partidos que sustentan el pacto de gobierno. Todos los demás partidos votaron en contra, coincidiendo en calificarlos de muy malos, malísimos. La novedad es que ninguno de los partidos en la oposición presentó enmienda alguna, ni una sola, recurriendo a argumentos tan flojitos como falta de tiempo (PP) o que son tan malos que ni con enmiendas se puede arreglar (CC y PNL-NC). El primer argumento, la falta de tiempo, no parece de recibo viniendo de consejeros liberados. Si no tienen tiempo para estudiar y enmendar los presupuestos, también a la totalidad, ¿en qué ocupan su tiempo estas personas? El segundo argumento, cuentas pésimas, justifica el voto en contra, pero muy bien pudo presentarse un presupuesto alternativo para que los ciudadanos sepamos cómo se concreta el proyecto político de las fuerzas en la oposición. Y no se hizo.
La novedad del debate plenario sobre los presupuestos la aportó CC, al poner sobre la mesa un exhaustivo documento que radiografía críticamente la propuesta del grupo de gobierno. No es habitual que un grupo estudie tan a fondo unas cuentas públicas y las presente de una manera inteligible para el común de los mortales. Este esfuerzo debe ser reconocido a CC, con independencia de que, como es natural, barre para casa y es cañero hasta decir basta, evidenciando las contradicciones existentes entre el discurso político del PSOE y el PIL y su materialización en el presupuesto. A fin de cuentas, éste es la expresión contable de un proyecto político, más allá de las buenas intenciones.
CC y PP han estado especialmente duros, aunque miran para otro lado cuando uno se pregunta dónde están los compromisos del Gobierno de Canarias con Lanzarote. CC y PP gobiernan en la Comunidad Autónoma conformando el ejecutivo más débil de la historia, y desarrollando su acción de gobierno bajo la consigna de estrangular financieramente a las corporaciones locales que no les son ideológicamente afines. Las consecuencias no las paga el Cabildo de Lanzarote, sino la población y el desarrollo insular a corto y medio plazo. Buena parte de la responsabilidad sobre lo que se invierte, se gasta o se transfiere en esta isla también la tiene la oposición.
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