A la alemana

 

Mario Alberto Perdomo

[Lunes, 17 de marzo de 2008]

 

 

 

 

 

 

 

 

Ya la has oído y parece que la oferta va en serio: un pacto PP-PSOE en el Parlamento y en el Gobierno de Canarias. Un pacto a la alemana, emulando acuerdos de interés superior, aunque impuesto por las circunstancias, entre las dos grandes formaciones de aquel país para tratar de superar una situación de gobierno débil para ambas. La propuesta procede de un lanzaroteño radicado en Fuerteventura, con mucho peso político dentro del PP canario y presidente de esta formación en la isla vecina. Es Domingo González Arroyo. Tiemblan los cimientos y las estructuras de poder que se han consolidado en el Archipiélago en los últimos 15 años, período en el que ha gobernado CC de forma ininterrumpida. A fin de cuentas, es la única variante que no ha sido experimentada, aunque tiene pocas probabilidades de prosperar por razones obvias.

No deja de ser una iniciativa interesante, así sólo sea como invitación a la reflexión. Un gobierno de concentración compuesto por las dos formaciones políticas más fuertes y, por lo tanto y a la vez, antagónicas. El objetivo confesado consistiría en sacar adelante el nuevo Estatuto de Autonomía, reformar el sistema electoral, aplicar políticas equilibradas en todas y para todas las islas, superar la coyuntura económica adversa robusteciendo la economía y generando empleo, fortalecer la industria turística y sentar las bases de un nuevo modelo de desarrollo en un contexto de crisis energética y de cambio climático. Dicho de otro modo, la situación aconsejaría aunar fuerzas en una misma dirección, lo que equivale a decir que con las cosas de comer no se juega, o, lo que es lo mismo, no se puede gobernar en las Islas dándole la espalda ni al Gobierno de España ni al principal partido de la oposición. Pero, en el fondo subyace que algunos sectores del PP están hartos del nacionalismo representado por CC, cuya creciente debilidad interna lo convierte en un mal compañero de viaje. Al PSOE hace tiempo que CC le llenó la cachimba.

Atrevido como es, González Arroyo se ha limitado a expresar un sentir que comienza a extenderse tras el recuento de los votos el pasado domingo por la noche, por lo que el mero hecho de conversar sobre esa posibilidad gozaría de amplio respaldo social y empresarial. Tiempo de respuestas.

 

 

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