
Ylenia Calzado
[Viernes, 29 de diciembre de 2006]
"...El mundo no tiene más problemas que los problemas de las personas" El hombre duplicado [José Saramago]
Esta gente no ve "Bea la Fea" y no han bajado de la parra.
Mi hermano Christian, el cual estará orgulloso que lo nombre en este momento, es padrino de una niña que tiene la suerte e idionsicracia de ser oriunda de Asia, y se vale de la bondad del padre Don Vicente Ferrer para poder respirar. Sin los otros órganos no se podría. Y participa dejándose ver a entre luces, frente a un aparato externo, explicando que existe y que forma parte de la cloaca que es el mundo a través de una foto que siempre nos llega por Navidad.
Las personas que adquieren la responsabilidad de suscribir, inscribirse o adscribirse a un proyecto de ayuda social, lo hacen para siempre. O por lo menos eso deben tenerlo claro. Y en un mundo donde no se perdona el ir a misa sin abonar, perdón, donar en el cepillo y dar la paz no al de al lado, sino al de la otra esquina, al que está pegado al confesionario, mucho menos se indulta una cuota vencida, es más, eres un rastrero por eso.
El mundo económico de las organizaciones no gubernamentales existe. Por desgracia se nutre de ello. Sin dinero o especies no hay ayuda. Punto. Después de esto que nos queda, pues la ilusión y el esfuerzo de personas que viven conforme creen o creen conforme viven, siendo conscientes de la necesidad del otro, del tipo que sea, e intenta paliarla. Pero con medios y formados sobre todo. No hablo de títulos, hablo de la experiencia que se obtiene de tener claro quien es uno mismo y las arenas a veces movedizas, y otras pura basura, que tiene la suerte de pisar.
Escuché hace poco en la radio mientras enviaba faxes que en realidad existen más personas que colaboran, son voluntarios y participan o quieren hacerlo, que medios necesarios para que puedan realizar su labor en mínimas condiciones. Y todos sabemos que si alguna desgracia ocurre y no es Navidad, menos apoyos se reciben. No obstante la esperanza apareció con voz ronca, áspera y dura para decir que España es la primera en exportar ayuda humanitaria cuando alguna catástrofe ocurre.
Todo esto me parece muy bien, bueno en realidad no lo considero una acción humanitaria, más bien es un acto de justicia. Como es justo que estos sucesos tengan previstos contingentes de asistencia, y como también lo es que la nausea diaria del que nada tiene o no existe ni para la ley, sea atendido con equidad y honestidad. De persona a persona.
A lo que iba. Normalmente los que atesoramos deudas, somos los que queremos ayudar. Pero entre la carencia de escenarios económicos favorables y la jartá de seres que en vez de ayudarse a sí mismos quieren socorrer a los demás, hacen que se convierta en una carrera de obstáculos el camino que va desde la necesidad de la ayuda hasta su satisfacción que es como se supone que debería funcionar esta cadena.
También ocurre que los que quieren y pueden ofrecer su raya de granos de arena tienen un abanico multicolor de organizaciones, contando la Iglesia, para elegir. O sea, la panacea para los bancos. El consuelo desorganizado. Es como si a la carta nos decantáramos por uno de aquí o de allá, rubio o moreno, niño o anciano, por proyectos para crear escuelas, por talleres de trabajo por...
Y digo yo, las Organizaciones No Gubernamentales tienen el deber de organizarse como su propio nombre indica, en cuestiones no sólo como el imprescindible control para su posterior distribución del núcleo económico, y la insufrible tarea de decidir donde se destinan, cuando y como, sino también marcar unas pautas que mejoren el tipo de ayuda y sobre todo que no cree clientelismo entre el benefactor y el necesitado en este caso. Pero sobre todo, estas organizaciones tienen el deber de promover distintos aspectos de la vida e intentar propiciar el esperado cambio de mentalidad que los que como yo, fundamos nuestra fe, religión, mentalidad. Y sin recursos.
Hablo de que se cree la co-ayuda entre el necesitado y directamente la organización. Una organización. Porque la miseria no entiende de ideología ni de favoritismo ni de preferencias. Si se intentaran atajar de una vez por todas las distintas apariencias de carencia y desnudez dejando de lado el snobismo de nuestras predilecciones, probablemente acabaríamos con los que hoy para cooperar se decantan por una u otra formación porque está de moda. Que frivolidad.
Me sabe mal pensar que es casi imposible que alguna vez el Estado se haga responsable de cualquier persona que pisa su territorio y que sólo aportamos hacia un proyecto, bien trabajado pero uno, cuando las calamidades y la necesidad de subsistencia es amplia y basta.
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