M.J. Tabar
[Viernes, 7 de septiembre de 2012]
Vídeo: De la Cruz. |
Agustín Alemán alisa un platillo en su taller familiar, donde manda el zumbido del torno, la frescura que arroja la penumbra y el barro en diversos estados (empaquetado, hecho viruta, crudo, guisado o listo para decorar). Si hoy es ceramista es porque trabajó con los primeros torneros de Canarias y encontró en el barro un oficio que le permitió criar a sus seis hijos en vivo y en directo.
“Cerámica de Uga”. Así reza la pared del número 17 de la calle La Agachadilla. Es el taller de Tino, un ceramista originario de Gran Canaria pero establecido en Lanzarote por el mismo motivo que los automóviles dejan las velocidades de la LZ-2 para elegir el desvío chiquito y calmo de este pueblito de Yaiza.
En su isla natal trabajó como ayudante de algunos de los torneros más antiguos del Archipiélago y a ellos les debe cierta iniciación en el oficio de ceramista. Pero no mucha. Porque es bien sabido que las técnicas, trucos, mañas e ingredientes secretos se guardan bajo muchos cerrojos. “No son muy dados a enseñar”, apunta Tino.
Cuando se estableció en Lanzarote decidió que el de ceramista era el oficio indicado para el tipo de vida que deseaba: ajeno al atosigamiento de jefes acechadores, cercano a la familia. “Tenía 23 años y me dije: esto es lo que estoy buscando, fue como un flechazo”.
Con su hermano, que se dedica a la forja, construyó el primer torno. Luego vendrían muchos más, entre otros, un torno de pie que le dejó un dolor en su extremidad básica, de tanto acelerar el volante de la máquina.
Tino fue autodidacta. Aprendió tal y como considera que hay que aprender todo lo que guste: al toque. Probando, cayendo, volviendo a probar, experimentando, descubriendo. Y así. “Pasaron cuatro meses hasta que levanté mi primera pieza con el torno”. Un tiempo digno de vencer ciertas paciencias, pero que le dio la razón frente a las voces que le advertían: “Tú sólo no vas a aprender”.
Hoy cuece sus piezas –vasijas, ceniceros, joyeros, platos, tablas para incienso, relieves…- en un horno moderno que sustituyó al de leña porque le permite medir con exactitud los 980 grados centígrados a los que debe guisar las obras que moldea en chamota o en SIO2, los dos tipos de barros que generalmente utilizan los ceramistas. También trabaja encargos especiales con barro de Las Nieves y de Femés.
“El 98% de las piezas que hago son para el turismo”, nos cuenta sentado en la trastienda de su tienda, una pequeña factoría que debe estar como está: manchada de trabajo, usada, llena de útiles como en todo buen obrador que se habite a diario. “Las piezas que más demandan los turistas son las de tamaño pequeño, para que les quepan en la maleta, y las que se identifican con Canarias, decoradas con pintaderas o grabados rupestres”.
Le encanta su oficio, pero echa de menos tiempo para investigar los esmaltados y avanzar en su creatividad. Como cualquier trabajador con obligaciones y personas a su cargo, ha tenido que producir a demanda del cliente, para fraguar un sueldo mensual.
Así como sus tres hijos varones repelen ciertamente el oficio, sus tres hijas son las que más se han acercado a la cerámica. Quizás porque fueron las mayores y muchas tardes les tocó cambiar el tiempo de juego con amigas por el apoyo auxiliar en el taller del padre. Arena trabajó mucho en el taller, Luna es la que más recientemente ha descubierto sus habilidades artísticas y Senda se dedica profesionalmente a la cerámica en Ávila.
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“El de los artesanos es un gremio complejo. Hay señores de 80 años que llevan haciendo artesanía toda la vida y jóvenes bohemios que empiezan. Personas diferentes, objetivos diferentes. Unos trabajan a tiempo parcial, y otros como yo trabajamos 8 ó 10 horas diarias para mantener a la familia”, describe Tino, que detecta un grave fallo en la comercialización de los productos artesanos de Lanzarote. “En el mismo estante encuentras una pieza hecha a mano y una pieza de elaboración industrial que se ha importado de otro país. La artesana, evidentemente es más cara, y se vende menos. Es competencia desleal, a mi modo de ver”.
De nuevo, la falta de protección y de divulgación de la manufactura. A pesar de que hay etiquetas que especifican y distinguen la artesanía elaborada en Lanzarote, se añora más divulgación del oficio artesano. Saber qué materia prima se ha utilizado para elaborar el producto, con qué técnica se ha ejecutado o qué peculiaridad histórica o etnográfica tiene la pieza.
A falta de poder hincarle el diente para emitir un juicio, se añora una suerte de contra etiqueta que revalorice el producto y ayude a los ojos profanos a distinguirlo de la producción seriada, homogénea y económica.
El viernes 14 a las 19.00 horas, Agustín Alemán recibirá en la XXIV Feria Insular de Artesanía (Mancha Blanca), una de las más importantes de Canarias, el cariño y el respeto de sus compañeros de profesión y del Cabildo de Lanzarote, institución organizadora de este homenaje que anualmente rinde homenaje a un artesano de la isla.
Le llega muy temprano la distinción, porque sólo tiene 54 años y un futuro por delante que se adivina más que reposado y sabroso. De no serlo, siempre le quedará el recurso universal a Tino de escaparse a Playa Quemada con su perro, para darse un baño restaurador y volver a empezar, otra vez como nuevo.
CERÁMICA DE UGA
Tienda y taller del ceramista Agustín Alemán
C/ La Agachadilla, 15 (Uga. YAIZA)
Todos los días, de 7.30 a 18.00 horas. Domingos tarde cerrado.
928 830 111
redaccion@diariodelanzarote.com
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