M.J. Tabar
[Viernes, 27 de enero de 2012]
El zarapito trinador (o 'zarapico' como se conoce en el habla local) es un pájaro escandaloso, como todos los limícolas que corretean por las rocas resbaladizas que deja el mar cuando se marcha. El bicho derrama el sonido cuando cae el sol y los viajeros holandeses, británicos y nórdicos se fascinan. Banda sonora de supersticiones marineras y peatones que buscan calma.
Hoy ha llovido. Las nubes, aún hinchadas, se marchan por Poniente. Dos turistas británicas beben sangría en el Quiosco, y tres hombres se asoman por la baranda para admirar un banco de lebranchos “gordos, gordos, pero gordos”, que nadan con discreción junto a un trozo de plástico embarrado.
Gustavo Tejera tiene 37 años y un entusiasmo creciente por recuperar la conexión con la tierra y el mar. Como la tenían antes sus abuelos, notándoseles hasta en el hablar (“Pierdes el tino, como los cuervos”, “Estás enguirrao”, “Ya te encorujaste”).
Nació en Titerroy y pronto se mudó a Playa Honda, pero sus padres son del campo y le inculcaron cierta curiosidad por la fauna y la flora de la isla. Pero su verdadero despertar no llegó hasta 2006, en Alegranza. Allá conoció a dos hermanos tinerfeños, Beneharo y Airam Rodríguez, biólogos, que le corrigieron en todo lo que respecta a costumbres y peculiaridades de los bichos residentes en el Archipiélago Chinijo, un paraíso único en la tierra, por su biodiversidad.
“Ellos me abrieron los ojos. Tanto es así que lo primero que hice al llegar a Lanzarote fue comprarme unos prismáticos y encargar una guía”, cuenta Gustavo. Así comenzó su hobby, y su filosofía de vida. Antes no distinguía sino entre gaviotas, las pardelas, los zarapicos y los pajaritos. Ahora, es capaz de diferenciar a simple vista hasta 6 especies diferentes de aves en los bajíos del Castillo de San Gabriel, donde cualquier otro sólo ve bultos blancos.
Su equipo: unos prismáticos, una guía de aves, un cuaderno de notas y un telescopio que le permite ser un observador privilegiado de la siesta de una garza real o del momento de acicalamiento de un charrán, cuyo pico es el brillantísimo resultado de años de evolución, y le permite un grado de perfección que ninguna pinza o cortaúñas del mundo podría alcanzar. Hoy vemos hasta seis especies. Pero se pueden reunir hasta una docena en los bajíos de la fortaleza capitalina. Y auténticas bandadas de hasta 200 ejemplares. El primer día del año incluso se avistaron 20 calderones que nadaban a la altura de la boya. Un paraíso naturalista.
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Gustavo Tejera. |
Resulta difícil explicar la sensación del cuerpo al escuchar a un petrel de Bulwer en la caldera de Montaña Clara. Raro porque el permiso para poner pie en la isla no se concede todos los días y raro porque el pájaro sólo toca tierra para nidificar, y siempre lo hace de noche. Gustavo lo gozó porque había ido a buscar nidos de hura y además del petrel se encontraron inesperadamente con una pardela de Cabo Verde, la segunda cita confirmada en Canarias.
Su trabajo le obliga a recorrer hasta 200 kilómetros diarios, y en el camino comprueba que las aves están por todas partes. “Te las encuentras. No hace falta buscarlas”. Y cuando se sale a buscar otras más raras y esquivas, a veces uno se lleva sorpresas mayúsculas. Como una vez en los llanos del Jable. Gustavo iba a ver hubaras, pero se topó con un pájaro que permanecía inmóvil. “El bicho más bonito que te has echado a la cara”, sonríe. El bello ejemplar resultó ser un pollo volandero de Rabijunco etéreo, una especie que sólo se reproduce en islas tropicales.
Paseamos hacia el Castillo, y vemos tres parejas de chorlitejos patinegros, pequeños pájaros limícolas que corretean por ese escenario lodoso, verde y lleno de nutrientes que deja la marea cuando se retira. Si un ser humano se acerca demasiado a las crías, el chorlitejo deja caer un ala y se mueve sobre sí mismo para captar la atención del mamífero depredador (nosotros) y despistarlo de las crías.
Lanzarote es una mina para los amantes de la ornitología. “Hay personas que vienen única y exclusivamente para ver corujas”. Y es que la isla es uno de los pocos sitios de Europa en los que pueden verse paíños pechialbos y el sitio especialmente elegido por el grandioso Halcón de Eleonora para poner el nido (cruza medio mundo para hacerlo en nuestra isla).
Resulta fascinante comprobar que el conocimiento de la fauna local no se promueve, ni se valora. Igual de asombroso que saber de la existencia de un turismo ornitológico (fundamentalmente británico, nórdico y holandés) al que no se le proporciona información, ni particulares bienvenidas.
Son viajeros escrupulosamente respetuosos con nuestra naturaleza, ávidos por probar la gastronomía local y con un nivel adquisitivo alto; pero que no encontrarán ni un solo panel interpretativo que explique las aves que podemos ver en el saladar de La Santa, las salinas de Janubio, el Jable de Famara o la costa de Arrecife. El único logro ha sido colocar una señal que prohíbe perros. Se prohíbe, pero no sé explica por qué se hace: para preservar la puesta de huevos de unos animales que son tremendamente fáciles de ver (y disfrutar) con unos prismáticos.
“Normalmente, el aficionado extranjero ya viene con los deberes hechos de casa y la mayoría trae consigo libros especializados como A Field Guide to the Birds of the Atlantic Islands de Tony Clarke o el más reciente Birds of Macaronesia de Eduardo García del Rey”, dice Francisco Javier García que es, junto a Juan Sagardía y Antonio Unquiles, uno de los mayores especialistas en aves de Lanzarote.
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Francisco Javier García. |
“El primer recuerdo nítido que tengo de mi infancia es el de estar mirando los cromos de una colección que conservaba mi madre, que se llamaba Vida y Color, hipnotizado por las ilustraciones de los animales salvajes”, dice. Habida cuenta de la falta de variedad de mamíferos, reptiles y anfibios en Lanzarote, decidió salir al campo en busca de aves, animales que hoy día son su afición, pasión y obsesión.
La especie más peculiar que ha visto es el Charlatán, un pajarillo del tamaño de un gorrión que cría en América del Norte, y que fotografió en el campo de golf de Tías, área verde que los pájaros relacionan inmediatamente con refugio y comida. Era la primera vez que se veía uno en España. Muchos coinciden en que el comportamiento más fascinante es el del macho de la avutarda hubara por su peculiar cortejo: infla el plumaje de su cuello hasta formar una suerte de pompón (la 'rueda') con la única intención de llamar la atención de la hembra. “Es todo un espectáculo”.
Los blogs, que se actualizan con inmediatez, son una herramienta fantástica para estar al día y realizar el seguimiento de muchas especies anilladas. Los mejores momentos para iniciarse en este bello contemplar son los pasos migratorios: en abril las aves que han pasado el invierno al calorcito de las zonas subsaharianas regresan al Norte de Europa y en septiembre llegan a nuestras latitudes huyendo de las heladas.
El decálogo del observador de aves se basa en garantizar la seguridad y la tranquilidad de las aves. “Eso es fundamental y está por encima de nuestro interés hacia ellas”, explica Francisco Javier, cuyo trabajo para el Comité de Rarezas de la Sociedad Española de Ornitología (SEO) es bien conocido y reconocido. “Lanzarote era una isla prácticamente huérfana en lo que a ornitólogos residentes respecta. Pero en los últimos 10 años se han ido estableciendo patrones de aparición y permanencia en aves migratorias e invernantes”.
Cada vez se documentan más especies nuevas, y hay noticias buenas como que el Halcón de Tagarote está en proceso de expansión. Pero la degradación de los hábitats de estas aves sigue aumentando (extracciones de arena en los llanos de Famara, perros sueltos en Janubio...). “No en vano, la gran mayoría de especies animales extinguidas en los últimos años, eran especies insulares”.
Cae la tarde y el foco de atención se traslada del pájaro al hombre. Otro pájaro. Gustavo está preocupado por la apatía, el poco civismo y la “hipocresía medioambiental” que padece Lanzarote, un territorio con múltiples figuras de protección (ZEPA, BIC, SIC...) que no terminamos de comprender. Como si el patrimonio natural fuera sólo bichos y nostalgias de viejo. Como si no fuera el motor económico insular. Como si el zarapico no tuviera ni pío que decir en todo esto.
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Charrán patinegro. Foto: Francisco Javier García. |
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| Avutarda Hubara. Foto: Francisco Javier García. |
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| Alcaraván. Foto: Francisco Javier García. |
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Aguja colipinta. Foto: Francisco Javier García. |
+ info:
Surfbirds (birdinglanzarote) http://www.surfbirds.com/community-blogs/birdinglanzarote/
Alisios y Calima http://alisiosycalima.blogspot.com/
Sociedad Española de Ornitología (SEO) http://www.seo.org/
redaccion@diariodelanzarote.com
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