Saúl García
[Jueves, 2 de febrero de 2012]
Vídeo: De la Cruz. |
Juan Francisco Díaz (Teseguite, 1950) se ocupa de las viñas de las que se ocupó su padre y de las que se ocupó su abuelo y de las que no se sabe si se ocuparán sus hijos. Tiene “unas cuantas” fanegas en Masdache, “la mejor zona de Lanzarote” para el cultivo de la vid, con las que elabora desde que tiene memoria el vino 'tradicional' de la Isla, que almacena en el garaje de su casa de San Bartolomé, convertido en bodega, y donde se alinean dos docenas de barricas de roble y castaño que guardan en su interior vinos de la cosecha de 1975 en adelante, y donde también hay sitio para depósitos de acero inoxidable más modernos, para antiguos aperos de labranza y para utensilios de cazador.
Su familia siempre estuvo ligada al campo. Su abuelo, como tantos otros, iba caminando a la tierra a pie, araba con camello y volvía a pie. “Ahora todo se hace mucho más rápido”, dice. Recuerda que cuando era niño pisaba la uva en Masdache y después se llevaba en camello a Teseguite. También recuerda que por aquel entonces era extraña la casa en donde no se elaboraba vino y tenía una pequeña bodega. “Cada uno se hacía su vino”, asegura, y apenas se llevaba la uva a las bodegas, que también contaban con sus fincas.
Desde niño acudió a las labores del campo. Su padre, quizá para que viera la dureza del campo y optara por otra salida, le ponía en el peor sitio para trabajar, así que entendió el mensaje y comenzó el bachiller superior cuando ya era mayor. Fue aprobando dos cursos por año para aprovechar el tiempo perdido, aprobó y se fue a la mili con la intención de estudiar Magisterio al terminar, pero le ofrecieron por casualidad un puesto de trabajo en Correos, y a los pocos meses aprobó las oposiciones y ahí se quedó trabajando toda la vida, hasta que se jubiló recientemente. Aunque casi siempre trabajó en la oficina, le dicen el 'cartero' y con el 'cartero' se quedó.
Pero el vino siguió siendo su “hobbie”. Le gusta ir al campo pero lo que más le gusta es beberse el resultado. Dice que en la familia no colabora casi nadie y que aprendió a hacer vino de su padre aunque con los años ha ido mejorando. “Lo malo es que para aprender el defecto tienes que esperar un año para corregir la anomalía”.
Asegura que la viña en Lanzarote es “bastante esforzada”, porque hay que entrar al hoyo diez o doce veces: excavar, escardar, sacar hojas y aplicar el tratamiento... Y después de tanto esfuerzo ni siquiera es rentable. “Dan alguna subvención pero son mínimas, con eso no llega”, dice. Los productos son caros, todo se paga al contando y luego las bodegas se llevan la uva y la pagan con dos años de retraso. “Somos los más sacrificados y los que menos ganamos y mira cómo está el mercado y cómo está el precio”, señala.
Dice que el malvasía, en una tienda o en un restaurante, le parece caro porque a él le pagan 2,50 ó 3 euros y lo venden a más de diez por botella. “Menuda diferencia... y tú se lo pones preparadito y todo ¿quién es el que gana?”, se pregunta.
Ahora, dice, hay más conciencia de que vivimos del turismo y las viñas son un referente más, y si el campo está cuidado es más bonito “pero eso cuesta dinero y estamos cansados de trabajar por amor al arte”. Por eso, porque no es rentable, muchos han ido abandonando las tierras. “La gente se va aburriendo, los jóvenes no quieren dedicarse a esto, unos no están acostumbrados y otros tiene otros trabajos”. Da pena, claro —dice—porque están las viñas abandonadas, y eso que ahora está más mecanizado que antes”.
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Juan Francisco explica que el vino tradicional de Lanzarote salía de la mezcla de todos los tipos de uva que se cultivan: la malvasía, la listán, la diego, moscatel y negra. “Es rara la viña que no tenga de todas las clases, esa combinación le daba las características al vino de Lanzarote”.
Cree que la malvasía ha acabado sobresaliendo porque es más fina y porque se ha ido refinando el gusto, aunque considera que la diego sola también es muy buena pero se conoce menos. Destaca, eso sí, que la materia prima es muy buena, “no hay que añadirle nada”, y el terreno volcánico hace a la uva especial. Ahora están mejor valorados los vinos aunque son totalmente diferentes a como eran antes, más refinados y con menos alcohol. “Este vino —dice sacándolo de una barrica de hace más de treinta años— en el mercado no sale ni la gente lo sabe apreciar, estos vinos de madera ya no los quiere nadie...”.
redaccion@diariodelanzarote.com
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