
Saúl García
[Lunes, 6 de diciembre de 2010] [09.00]
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Mural de Manrique en la Casa de la Cultura. |
Lo contaba Canarias 7 el otro día. Los murales de César Manrique en la Casa de la Cultura Agustín de la Hoz se están deteriorando sólo seis meses después de que se haya terminado su restauración. Los murales son de 1947 y son los primeros que pintó Manrique. La Casa de la Cultura sigue cerrada al público.
Antecedentes: En la Casa de la Cultura Agustín de la Hoz se hacía alguna exposición de vez en cuando, algún encuentro cultural o algo similar, había un señor que tocaba el piano, servía de colegio electoral y, por supuesto, era el lugar de trabajo del área de cultura y de festejos del Ayuntamiento.
Una mañana, en el año 2005, un trozo de pared se vino abajo sin avisar y alguien se dio cuenta de que había que cerrarla y arreglarla. Hasta junio de 2007 no empezaron las obras y entonces se encontró lo poco que quedaba de los murales y se encargó un proyecto y su restauración a cargo del Ministerio de Cultura.
El dinero para las obras de la casa se sacó de una partida de 800.000 euros destinada a la remodelación de la Plaza de Las Palmas, que decidió no hacerse, pero los trabajos cuestan casi el doble, así que las obras están a medio hacer y la Consejería de Turismo (¿?) que era la que ponía el dinero para la cultura no prevé una partida para terminarlas en 2011.
Presente: Los cimientos de la Casa de la Cultura están por debajo de la capa freática, así que si no se separan de la pared la humedad va a seguir haciendo su trabajo. Mientras se encuentra el dinero, la solución o ambas cosas, para evitar males mayores se ha destinado a una funcionaria municipal durante seis horas al día para que abra y cierre puertas y ventanas y les dé el aire a los murales. Y allí está la señora todos los días leyendo un libro sentada en su sillita, entre corriente y corriente.
Futuro: Dicho esto, más que los murales, lo importante es que termine la casa y sobre todo, que se ponga a funcionar y que no sea como oficina. Para eso hace falta saber qué se quiere hacer dentro y evitar que el continente se imponga al contenido (véase centro cívico, véase Islote de Fermina, véase pabellón de Argana, véase Casa de los Arroyo, véase Cabildo viejo, véase antigua comisaría, etc.).
Para que eso no ocurra sólo hace falta que se encuentre la financiación, que se acaben las obras, que se entreguen, que se abra la Casa y que alguien tome la iniciativa de hacer una buena programación con criterio y participación. Así que, sin ánimo de molestar, me permito darle un consejo a la funcionaria lectora, y es que en lugar de novelas aproveche para estudiar Derecho, que le va a dar tiempo y, en esta Isla, trabajo no le va a faltar.
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