13
Ene
2017
Saúl García
“Espero que el Museo Atlántico de Lanzarote constituya un portal hacia otro mundo y fomente un mejor entendimiento del precioso medio marino y de nuestra máxima dependencia de él”. Con estas inquietantes palabras inauguró por segunda vez el presidente del Cabildo el museo submarino de Lanzarote, o Museo Atlántico, integrado en la red de Centros de arte, cultura y Turismo.
Una Administración no tiene por qué ser objetiva en sus comunicados, y menos en aquellos que se refieren a sus propias creaciones. Uno tiende a hablar bien de sus hijos… sobre todo si son recién nacidos, como es el caso. Aún así, hay grados y grados. 
La primera vez que el Cabildo inauguró el Museo, el 4 de febrero de 2016, emitió una nota con este titular: “El Museo Atlántico, portada en los medios de comunicación de todo el mundo”, que doce días después remató con este otro: “El Museo Atlántico de Lanzarote, noticia de impacto en todo el planeta”. Nótese el salto cualitativo: de portada a noticia de impacto… y del mundo al planeta. 
En esta ocasión, además del “portal hacia otro mundo”, en un claro guiño hacia Cuarto Milenio (el único programa de la galaxia que no se ha hecho eco de la noticia del museo), durante la inauguración, y en el comunicado posterior, se deslizaron expresiones con tan poca mesura como las siguientes: “monumental conjunto artístico”, “mensaje de esperanza para el Gran Azul”,  “histórico instante”, “elemento de proyección internacional de la marca Lanzarote de incalculable valía”, “su artífice es de uno de los creadores más relevantes de la escena actual”, “intervención turística con mayor impacto mediático internacional y más prolongado en el tiempo que haya impulsado nunca el Gobierno de Canarias”, “internacionalmente aclamado escultor Jason deCaires Taylor...”. Todo sea por el recién nacido. 
Lo más llamativo, sin embargo, no fueron los adjetivos, sino el sujeto. Pedro San Ginés cortó la cinta bajo el mar vestido de submarinista. Resulta que ha hecho un curso, en un alarde de generosidad y esfuerzo por su parte, para estar a la altura el día de la inauguración. No se asusten: no ha estudiado arte, sino que ha hecho un curso de buceo. A esto se le llama formación continua. Con unos años más en la presidencia y varias docenas de inauguraciones, nuestro presidente va a acabar convertido, si sigue en esta línea, en un auténtico hombre del Renacimiento. 
Imaginen cuántos conocimientos va a adquirir si pone interés y acaba inaugurando un Centro de I+D+I, un Museo arqueológico o incluso un Plan Insular de Ordenación. ¡Cuánta sabiduría va a atesorar para estar a la altura el día de la inauguración! Una lástima que no haya empezado antes con estas prácticas. Podía haber estudiado Derecho antes de inaugurar la incautación de la desaladora de Montaña Roja, o Ingeniería antes de privatizar el ciclo integral del agua. O incluso, por qué no, podía haber estudiado oratoria antes de su primer pleno en el Cabildo y ética antes de presentarse a las elecciones.  
 
P.D. Debido su inestimable interés se reproduce a continuación el texto que explica uno de los conjuntos escultóricos hundidos esta misma semana en el Museo, denominado Cruzando el Rubicón: 
 
“Cruzando el Rubicón consiste en una grupo de 35 figuras que caminan hacia un muro y una puerta bajo el mar, que representa un límite entre dos realidades y un portal hacia el Océano Atlántico. El muro, que es parte orgánico, parte industrial, mide 30 metros de longitud por 4 metros de altura y contiene una sencilla puerta rectangular en su centro. Tiene la intención de ser un monumento a lo absurdo, una barrera disfuncional en medio de un vasto fluido, un espacio tridimensional que puede sobrepasarse en cualquier dirección. Enfatiza que las nociones de pertenencia y territorio son irrelevantes en el mundo natural. En tiempos de creciente patriotismo y proteccionismo, pretende recordarnos que no podemos segregar nuestros océanos, el aire, el clima o la naturaleza tal como lo hacemos con nuestras tierras y posesiones. Olvidamos que todo es parte integral de un sistema vivo del que somos responsables. Cruzar el Rubicón es traspasar un punto de no retorno. El trabajo pretende marcar el 2017 como un momento crucial, una línea roja y un recordatorio de que nuestros océanos y clima están cambiando y que necesitamos tomar decisiones urgentes antes de que sea demasiado tarde”.
 
Es decir, que la noción de pertenencia en el medio natural es irrelevante y no se puede segregar el océano, pero cobramos doce euros de entrada y sólo se puede acceder a través de clubes de buceo autorizados. Eso es coherencia.

1 Comentarios

Ja ja ja! Fue lo primero que pensé desde que empecé a leerlo. Hablan de lo "absurdo" de la "barrera disfuncional" pero ellos la aplican cobrando entrada. Vaya un negociete.

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