23
Mar
2017
Saúl García

La te del caso Yate (Yaiza-Teguise) se perdió rápido, y el nombre pasó de anecdótico acrónimo a categoría. El barco del ex alcalde acabó por ser la punta del iceberg que sigue sumergido. Las condenas llegan tarde, son escasas y falta mucha gente, pero al menos son condenas y se han reconocido los hechos. El caso Yate, de todas formas, sólo es la traducción penal de unos hechos que tienen mucha más trascendencia y sobre los que también se han conseguido muchas condenas que, de momento, no han servido para nada.

La mayoría de los delitos no afectan a la sociedad en su conjunto, y algunos sólo afectan al estado de ánimo: generan precaución o miedo. Los del caso Yate afectaron a toda la isla. Por muchas razones.

Vayamos al contexto.

El contexto, en Lanzarote, siempre es el mismo: el pecado original de los que creyeron en César Manrique y su utopía de crear una Isla diferente, a sí misma y al resto. A mediados de los años setenta, la cosa ya se empezó a torcer, y desde entonces siempre han convivido el desarrollismo y el freno. En la teoría, siempre ha ganado el segundo, y en la práctica, el primero. Así nació el PIO en 1991, como respuesta institucional al 'hágalo usted mismo', y la Moratoria en 2000 porque la cosa se iba de las manos. No viene mal recordar que se quería controlar el crecimiento, permitiendo 10.700 camas en diez años y obligando a estándares de calidad.

Tampoco se respetó, y el siguiente freno fue, primero, los recursos contra las licencias y después, la denuncia de este caso, en 2006. La denuncia provocó, en los años siguientes, la ruptura de un pacto CC-PSOE, el chaparrón contra el propio denunciante, contra todos los que creían que el caso era un caso y no un invento y el rearme comprando y creando medios de comunicación para sembrar dudas y para recoger certezas.

También conviene recordar que, al inicio, la patronal Asolan, que ya entonces no representaba a casi nadie, defendía sin rodeos que todo era un conflicto entre administraciones. Y que los hoteleros tenían una gran cantidad de dinero acumulado de la RIC para invertir y que traspasaron ese 'problema' al resto de la sociedad. Y no está mal acordarse de que se llevaron 36 millones de euros en ayudas europeas para zonas deprimidas, con la ayuda inestimable del Gobierno de Canarias presidido por Román Rodríguez y con Juan Carlos Becerra como consejero de Turismo.

Y tampoco está mal acordarse de que casi todas las sociedades que obtuvieron licencia para hoteles se crearon en dos direcciones: una en Playa Blanca relacionada con el abogado Ignacio Díaz de Aguilar, en el plan parcial Playa Blanca y sobre todo en Las Coloradas, un suelo que usurpó otro ex alcalde, Honorio García Bravo, para beneficio privado. Otra sentencia que se ganó y no sirvió para nada. Y la otra dirección, en la calle Valls de la Torre, en la asesoría de Rafael Mesa, uno de los que sí se sientan en el banquillo. Y puestos a recodar, no está de más poner sobre la mesa el papel del abogado de todos, el que ejercía de secretario donde no lo era. Y, por otros motivos, estaría bien recordar a todos los que se opusieron desde la política, desde su trabajo o desde la calle y que, en general, tuvieron más problemas que beneficios, y los siguen teniendo.

¿Y cuáles fueron los resultados de los delitos del caso Yate? Pues están o han estado a la vista.

Creación de una zona turística inmensa, sin control, sin zonas verdes, sin servicios públicos, sin suelo para colegio y centro de salud, con un ayuntamiento casi en quiebra, dos puertos deportivos que no pagaban por sus locales, un plan lleno de urbanizaciones fantasma, esqueletos en Costa Teguise y hoteles sin licencia y funcionando a tope... por resumir: el beneficio privado, y el gasto público.

Pero se creó trabajo. Sí, pero la mayor parte de la mano de obra, para la construcción, vino de fuera, y cuando se acabó la fiesta, no se fue. Y Lanzarote tiene un paro estructural del 25 por ciento difícil de encajar. Otro efecto: el envenenamiento de la política, de las instituciones, para poder presionar y arreglar estos problemas Y otro efecto más: la sobreoferta repentina de camas hizo que los precios bajaran, facilitó, en ese mismo periodo, la presión de los turoperadores y su exigencia de aumentar el todo incluido, empobreciendo el entorno y aumentando, hasta hoy, el gasto en origen y disminuyendo el gasto en destino. La riqueza del turismo, el pecado original que se quería, en sus inicios, que sirviera para cohesionar una sociedad, logró lo contrario. ¿La sociedad es ahora más rica? No. Y ha perdido muchos años en este pulso sólo por el interés de unos pocos que ya eran ricos entonces y tenían cierto prestigio y que hoy siguen teniendo dinero, pero no pueden comprar ni el futuro ni el prestigio ni la tranquilidad que les gustaría tener. Puede ser que el pulso al poder, que es en definitiva de lo que se trata, lo vayan ganando (o no), pero seguro que estamos perdiendo todos.

4 Comentarios

Gran artículo amigo, la verdad por delante, como siempre.Me ha encantado.
Claridad mental. Bien informado.
Y todo eso que usted sugiere, generó un enriquecimiento del ex alcalde de 300.000 euros (en 10 años mas o menos), y la retirada en 2013 de la acusación, tanto pública (fiscal) como acusación particular (Carlos Espino y cia) a los pagadores de esos sobornos (léase dueños de los hoteles y demás). Esa parte no se cuenta. Curioso, muy curioso.
Una radiografía de lo sucedido, sin miedo y con libertad. Adelante Saúl, adelante...

Añadir nuevo comentario