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La pérdida de una perra gorda en la sima que separó la libertad del limbo, siendo muy niño en 1939, marcó el sino de la fatalidad en la vida y memoria de este villalobonense. Así lo pensó Anastasio Vélez en más de una ocasión. Sin embargo, la fortuna le haría participar en la construcción de este país cuando transitaba hacia la democracia. Él, que en su profesión de cartero ‘avespado' y destino en urgencias repartió sal y arena, no sucumbió al éxito ni obtuvo más rédito que su salario. Hoy, siempre, Anastasio Vélez ha sido y es lo que él quiere ser, un hombre que se sale del cuadro.
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El 19 de diciembre de 1936, secuestrado de padre por la injusticia y barbarie de este país en aquellos días, nació Anastasio Vélez Amor en Villalobón, municipio de candelas, chorizadas y avutardas en la comarca de Tierra de Campos, provincia de Palencia, Comunidad autónoma de Castilla y León.
Aún recuerda con aquella frescura y este sabor amargo que es vivir, la visita que en 1939 hizo a su padre, Atilano Vélez, y al tío Anastasio Amor, siendo éstos presos y condenados a muerte por la dictadura de Franco y desde los primeros días del golpe de Estado de julio de 1936. Después, en 1940 serían liberados. Allí, en la prisión perdió para siempre aquella perra gorda que se coló de canto entre las rejas que encarcelaba a sus familiares y el poyo de la sala de visitas donde él se encontraba. La moneda resbaló, cayendo al insondable abismo en el mismo momento que el tío Anastasio se la pasaba desde el otro lado.
Memoria palentina
Con ocho años de edad comenzó, remojando barbas y barriendo la barbería, el aprendizaje de la profesión que durante más de medio siglo y hasta la jubilación iba a servir de complemento energético a su economía escasa. En 1950 su padre le procuró su primera ocupación laboral en la marmolería donde trabajaba, enseñándole a desenvolverse con pericia y respeto en el oficio de marmolista. Un día de 1956 el imperativo militar le hizo marchar de quinto a Melilla. Aquí, vigilado por el Monte Gurugú, pagó diecinueve meses de su existencia para ser licenciado del ejército y devuelto a Palencia por vía férrea.
Terminando diciembre, horas antes que claudicara el año de 1961 contrajo primeras nupcias con su novia desde que tenía dieciocho años. Y, soñando emplearse en SEAT, decide trasladarse a Madrid donde terminó viviendo con lo justo y un poco menos en su faena de marmolista. Un año después, regresó a Palencia para ocupar una plaza interina en Correos que tiempo más tarde, y superadas las correspondientes oposiciones para cartero, le regalaría un destino estable y definitivo en Madrid. La vuelta a la capital y su nueva condición, también le proporcionaron una oportunidad distinta en una vivienda de nueva planta en el Plan Parcial de la Ciudad Parque Aluche, uno de los siete barrios que hoy conforman el distrito de Latina y el más poblado de toda la ciudad. En aquel páramo de Aluche hizo el nido, plantó el árbol, crió a los hijos...
En la clandestinidad, por criterio propio y coherencia con sus ideas a finales de los sesenta se sumó a la actividad sindical y a otros hábitos asamblearios en el ámbito de la contestación social. Animado desde el entorno de Jerónimo Llorente y Andrés Martín Moya, sindicalistas y compañeros de Correos, entró en la Confederación de Sindicatos Unitarios de Trabajadores (CSUT), organización de ideología maoísta fundada por una facción escindida de Comisiones Obreras (CCOO), próxima al Partido del Trabajo de España (PTE), tras la asamblea clandestina de Barcelona en julio de 1976. Anastasio Vélez comprometido con su actividad en la CSUT, y con más presencia en el PTE que la de mero simpatizante, contribuyó de primera mano a la construcción del futuro que prometían las movilizaciones obreras iniciadas el 4 de julio de 1975 en Madrid. Las manifestaciones contra las ejecuciones y el decreto ley antiterrorista, la lucha por la Amnistía, por las libertades políticas y los derechos de asociación y reunión, por la libertad sindical...tras la muerte del golpista y dictador Franco tendrían su punto más álgido durante la semana del 11 al 18 de enero de 1976. Las huelgas en el Metro, RENFE, Correos y Telefónica paralizarían los servicios públicos, extendiéndose a Standard, Chrysler, el sector de la construcción, el metal, Artes Gráficas, los seguros, la banca, el comercio, las fábricas e industrias de Getafe, Méndez Álvaro, San Fernando-Coslada, J. Camarillo, Alcalá de Henares, Torrejón...400.000 trabajadores secundan la huelga en una jornada concreta. Igual que en Madrid aconteció en Bajo Llobregat, Zaragoza, Valladolid, Asturias, Sevilla, Guadalajara...
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Anastasio Vélez, próximo a la conocida “Comisión de los ocho”, de Correos, disfrutaría aquellas batallas poniendo toda su confianza y muchas expectativas en el Frente Democrático de Izquierdas cuando las elecciones generales de 1977. También vivió con franca simpatía el nacimiento del Partido de los Trabajadores (PT), resultado de la fusión del PTE con la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT). El Sindicato Unitario (SU), cercano a la ORT, sería absorbido por la CSUT... Supo la noticia del fallido golpe de Estado del 23 de febrero echando horas de barbero y oyendo la radio, y se quedó tan sorprendido que no reparó que intentaba secar la cabeza a un cliente con el secador descargado... Ese mismo año de 1981 la CSUT no superaría su segundo congreso y él, desencantado, abandonó el sindicalismo y la militancia activa en beneficio de la pesca y otras habilidades con el formón y la madera.
Había demorado media existencia en conocer la pesca deportiva y pronto se familiarizó en el manejo de los aparejos, aprendiendo despacio a diferenciar las distintas especies, cebándolas adecuadamente. Poco a poco se haría con un equipo inmejorable en el que no faltan unas buenas cañas y sus respectivos complementos y otros accesorios. Así, además de realizar pacientes capturas y cobrar piezas excelentes, la práctica de este deporte le llevaría hasta los embalses, pantanos, charcas y ríos de este país, acercándole los fundamentos de la ecología. Por el contrario, fue el tedio de las tardes de domingo desde sus primeros días en Madrid lo que le aficionó a otra de sus grandes pasiones, la talla en madera. En la cocina de casa, espacio cuyo uso compartido reivindicó a modo de taller, armado de un formón y una navaja peló cortezas y deshizo nudos para tallar su vida en cuarterones hasta que la sinrazón de la carretera tronchó aquel frondoso árbol un aciago día de 1988...
En la actualidad, jubilado de Correos y de la barbería, suele acudir con meridiana frecuencia a exposiciones y otros certámenes para presentar sus tallas en madera. En tres ocasiones sus obras han sido seleccionadas por el jurado en el prestigioso Premio de Artesanía Caja de Jaén; en la XVII edición de 2005, en la modalidad tapices y textiles y talla en madera, demostró una depurada técnica con “El Rosal”, una pieza única de 38x38x71 tallada en olivo. Hace unos años, la curiosidad y acabado de sus trabajos ya había despertado el interés de la revista especializada Arte Cuadrado. Este lunes 4 de agosto, montará su stand en el mercado medieval del Martes Mayor en Plasencia, declarado Fiesta de Interés Turístico y cuyo origen se remonta al siglo XIII y a los tiempos del rey Alfonso VIII... Las tallas en madera de Anastasio Vélez son obras vivas que hablan de los relieves y matices que tiene la historia. La suya y la de todos.
Hace nada que Anastasio Vélez, un hombre locuaz de verbo callado, para pescar bogas y desdibujar maderas, también para construir el amor que se tienen, plantó un olivo en Torrecilla de los Ángeles, Cáceres, tierras de Extremadura.
Dicen los viejos que en este país hubo una guerra
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- Cuando usted nació su padre y su tío, del quien heredó el nombre, ya estaban presos y condenados a muerte por la dictadura de Franco. ¿Qué opinión le merece la Ley de Memoria Histórica?
- Para que un país progrese es necesario echar mano de la historia y de la memoria. Y poco o nada repara una ley que no permite que se escriba la historia tal como sucedió. Yo viví los hechos desde este lado del dolor y necesito que eso se escriba para que lo conozcan mis hijos y los hijos de éstos y los de aquellos, pero sobre todo para que esta sociedad nunca olvide y vuelva a cometer los mismos errores. De nada sirve jactarnos de democracia cuando no queremos construir el futuro.
- Usted luchó para conquistar los derechos y libertades que hoy disfrutamos, ¿qué le falta o le sobra a este país?
- Hay muchas cosa que faltan a este país. Faltan ambiciones, tenemos que desear otras cosas como sociedad que vallan más allá de estar bien comidos. Hay que recuperar el espíritu y la capacidad de reivindicar. Revalidar la lucha de clases. Necesitamos aumentos lineales que tiendan al equilibrio. Falta mucha educación cívica y social. Falta sinceridad... Sobrar, sobran los dogmas, las doctrinas y el fanatismo. También somos muchos.
Conciencia de clase
- ¿Adónde fue el movimiento obrero?
- El pacto de la Moncloa significó un retroceso importante en las conquistas sociales que se habían conseguido a través de las movilizaciones obreras. Mucha gente se desencantó y los sindicatos hicieron su agosto. Se acabaron las asambleas y desaparecieron las consignas. Ya no eran centrales sindicales. Ahora eran agentes sociales y gestionaban una cartera de servicios. Después todo se desvirtuó, habíamos matado el hambre y claro...en definitiva todo a la mierda. El movimiento obrero se fue a la mierda.
- De las tres profesiones que desempeñó a lo largo de su vida laboral: marmolista, cartero y barbero, ¿con cuál se queda y por qué?
- La de cartero sin dudarlo. El empleo en Correos supuso un sinfín de oportunidades en mi vida, recuerdo haber dicho en casa que nos había tocado una quiniela de catorce. Y así sería. Me enriquecí de relacionarme directamente con las personas, destinatarios o no de las cartas y otros efectos que durante más de treinta años tuve la felicidad de entregar. Ocupación que siempre agradecí. Quizás venga de todo esto mi respeto y defensa de la empresa pública.
Anastasio Vélez Amor, él mismo
- Y usted ahora, ¿ahorra o gasta su vida después de la jubilación?
- Ahora disfruto con las cosas que hago o al revés, solo hago aquellas cosas con las que disfruto. Por ejemplo ir de pesca. Todavía voy con la misma ilusión y toda la tranquilidad que al principio. Aunque a veces me cabreo conmigo mismo, por el viento que me enreda el aparejo. Pero también me río. Otras me aburro. Ahora bien, siempre espero sentir la emoción de pelear con una buena pieza y la sorpresa de cuál será la especie. Tampoco dejo rastros u otros residuos.
- De las tallas en madera, ¿qué me cuenta?
- Comencé a tallar en madera por aburrimiento las tardes de domingo. Vivíamos en un piso modesto y tenía que ingeniármelas para utilizar la cocina como taller. Hago piezas únicas y otras creaciones artísticas partiendo, normalmente, de escombros y restos de diferentes maderas. Trabajo composiciones florales y otros temas de la naturaleza. Algunas de las piezas que conservo hablan de las estaciones, otras de mi posición sobre los asuntos globales. Del universo. De los valores de la humanidad...
- Quien quiera conocer su obra de cerca, ¿dónde tiene que ir?
- Precisamente este lunes 4 y el martes 5 de agosto, acudiré con un stand al mercado medieval del Martes Mayor en Plasencia, provincia de Cáceres. Una fiesta declara de interés turístico que se celebra desde hace más de ocho siglos. En la última edición, en agosto de 2007, me concedieron el primer premio en la modalidad de talla en madera.
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