
Las vacaciones de verano ya han comenzado para muchos canarios, quienes deciden, durante estos meses, hacer las maletas y viajar al destino con el que llevan soñando tanto tiempo, al que han elegido a última hora, al que se adapta más a su situación económica o, simplemente, al que les sugiere esa desconexión tan necesaria de la rutina a la que el trabajo les ha sometido durante muchos meses.
La condición archipielágica de Canarias descarta el transporte rodado como fórmula de desplazamiento para trayectos largos, por lo que quedarían el avión y el barco como únicas alternativas. Éste último es un medio bastante utilizado para viajar entre las Islas, aunque si lo que se quiere es cambiar de aires y salir, la opción más práctica sería el avión.
Son muchos los factores que influyen a la hora de elegir el destino de las vacaciones, como también son muchas las cuestiones que hacen que se decida descartar un viaje que se desearía hacer. Así, durante estas semanas, en cualquier oficina, terraza o reunión de amigos las preguntas más oídas son '¿cuándo coges vacaciones?' y '¿te vas a algún sitio?', y es cuando empieza la retahíla de respuestas: "Pensaba irme a Marruecos, pero hace mucho calor, así que luego pensé en Italia, pero no me llega el presupuesto, y después pensé...", y así hasta dar la vuelta al mundo sin saber dónde quedarse.
Entonces, alguien dice, con esa resignación tímida: "Yo querría ir a Tailandia, pero qué va; no me meto en ese avión porque me puede dar algo". Es en este caso cuando ya el condicionante no es de tipo económico o una mera cuestión de gustos o comodidad, sino que se convierte en un problema que hace que miles de canarios decidan quedarse en las Islas porque se ven incapaces de subirse a un avión o de soportar varias horas dentro.
La seguridad aérea
"Todos los que trabajamos en la industria aeronáutica tenemos la seguridad y el confort de los pasajeros como una de nuestras prioridades", subrayaba esta semana Fernando Alonso, el vicepresidente de la división de Ensayo de Vuelos de Airbus. "Trabajamos día y noche con muchísimo ahínco para hacer que el transporte aéreo siga siendo la manera más segura de transportar a las personas", dijo.
Sobre qué les recomendaría a quienes ven limitadas sus vacaciones debido a esa fobia, les diría "que intenten controlar su miedo, que procuren dormir en el avión, porque se duerme fenomenal en los aviones". "El miedo es algo muy difícil de controlar y de racionalizar, pero deben saber que estamos todos trabajando por su seguridad", insistió.
100.000 canarios aerofóbicos
Los expertos aseguran que más de 100.000 canarios padecen fobia a volar, y que en torno al 25 por ciento de la población del Archipiélago siente cierto recelo a montar en avión. A pesar de que los entendidos en la materia insisten en que se trata del medio de transporte más seguro para viajar, lo que se refleja también en las estadísticas, quien padece este miedo no puede evitar una sensación de inseguridad y antinaturalidad que suele traer aparejados episodios de miedo y ansiedad, ya sea antes o durante el vuelo.
"Esto se mueve mucho, esto se va a estrellar, vamos a morir todos", piensa el aerofóbico cuando se ve obligado a volar, de forma que el miedo se va transformando en angustia, después en preocupación y termina convirtiéndose en pánico, mientras que se acelera el ritmo cardiaco, aparece la sudoración, la sensación de temblores, el ahogo, las náuseas, las molestias abdominales y la claustrofobia.
Dada la frecuencia con que se da esta patología, existen desde hace tiempo empresas especializadas en ofrecer cursos y terapias para vencer el miedo a volar, tanto presenciales como on-line. Estas acciones, a las que se acogen cada vez más personas, van desde cursos dictados por pilotos hasta sesiones de hipnosis, aunque muchos afectados por esta fobia optan por la medicación o por la ingestión de bebidas alcohólicas como fórmulas para 'olvidarse' de que están volando y para detener la ansiedad y el pánico antes de que aparezcan.
Testamento antes de volar
Juan Ignacio Capafons, catedrático del departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de la Universidad de La Laguna (ULL), explica que el miedo a volar es el tipo de fobia en el que menos se da la creencia de que ese miedo es irracional. "Esa persona sabe que su miedo no es irracional, como puede ser el que se tiene hacia las cucarachas o a la oscuridad". Capafons señala que algunos fóbicos a volar opinan que su miedo está justificado, "pues tienen la creencia de un cierto destino: basta que se suban a un avión para tener un accidente".
También indica que, ante un accidente grave de aviación, se pueden dar dos fenómenos en los seres humanos: "los que no sufren la fobia a volar y vuelven a montar en avión desarrollan un cierto recelo e inquietud, y los aerofóbicos ratifican su creencia de que si Dios no nos dio alas, es para que no voláramos, y por eso ha sucedido el accidente". Existen casos, incluso, de personas que dejan hecho su testamento antes de montar en avión.
El catedrático de la ULL afirma que el hecho de padecer fobia a volar en un archipiélago como el canario, donde no existe otra alternativa al avión que el barco, supone convertirse en "un candidato directo a recibir tratamiento de un especialista para combatirlo". Así, recomienda, para superar cuanto antes ese miedo, acudir a un profesional de la Seguridad Social, a un psicólogo, a un psiquiatra especializado o que se opte por realizar los cursos que las compañías aéreas y algunas empresas llevan a cabo.
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